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Nicaragua alberga el 36.5% de la diversidad de los ecosistemas en Centroamérica, según el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), es decir, uno de los países de la región más rico en recursos naturales, pero según los ambientalistas, cerca del 50% de las áreas protegidas del país están sin ningún tipo de cuido y en acelerada destrucción.

El IV Informe de Estado del Ambiente hecho público por el Marena en el 2010, registraba en el país unas 72 áreas de reservas, que representaban el 17% del territorio nacional, aunque esos casi 3 millones de hectáreas de bosque se han estado reduciendo por el avance de la frontera agrícola y existe un déficit presupuestario para darles protección.

Aunque no existen cifras oficiales, organismos ambientalistas estiman que cada año se pierde entre 65 mil a 100 mil hectáreas de bosques, situación que hace pensar que las áreas protegidas funcionan más bien a efectos de decretos, expone Víctor Campos, subdirector del Centro Humbolt.

Con la decisión del Estado de levantar la veda de pinos, los madereros han destrozado cuanto bosque encuentran a su paso”.  Jaime Incer Barquero, asesor presidencial en temas de Medio Ambiente.

“Sin temor a equivocarme, podría decir que más del 50% de las áreas protegidas del país están únicamente registradas en papel, no existe ningún nivel de protección”, asegura Campos.

Destrucción alarmante
Para el asesor presidencial en temas ambientales y ecológicos, Jaime Incer Barquero, la destrucción es alarmante.

“Zonas que desde tiempos milenarios han estado cubiertas por un denso bosque, ahora con la explotación maderera están en agonía”, y mencionó el caso de la Cordillera Dipilto, elevada a Reserva desde 1991, por su biodiversidad y su importancia en la producción de agua, la que está en un alto nivel de destrucción.

“Con la decisión del Estado de levantar la veda de pinos, los madereros han destrozado cuanto bosque encuentran a su paso”, enfatiza Barquero.

“A diario circulan por las carreteras camiones con madera que operan con el consentimiento de las autoridades locales”, afirma el científico.

Pocos recursos
Pobladores de las comunidades cercanas a la Reserva Macizo de Peñas Blancas, que forma parte de la Reserva de Biosfera Bosawás, critican el otorgamiento de permisos que se otorgan a algunas personas para deforestar.

Armando Domínguez, líder de los Comités de Pobladores de Agua Potable del Cuá, reveló que algunos obtienen los permisos con los que afectan el medio ambiente por la amistad que tienen con algún funcionario.

“El Estado no tiene mecanismo de acompañamiento, no existe personal ni tampoco el presupuesto adecuado para la conservación de las áreas protegidas”, lamenta Alan Bolt, director general del Centro de Entendimiento con la Naturaleza (CEN), una ONG sin fines de lucro que trabaja en el Macizo de Peñas Blancas.

Esta falta de presupuesto no es un secreto. El Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP) estimó en unos 56.8 millones de dólares la brecha financiera para el cuidado de esas zonas en el periodo 2007 a 2010.

“Se requiere, con suma urgencia del diseño y puesta en marcha de una estrategia de sostenibilidad financiera”, reza un fragmento del estudio del Estado del Ambiente, publicado en 2010 por el Marena.

“Las municipalidades están más preocupadas por el día a día, y en ejecutar proyectos de infraestructura, pero no en la planificación medioambiental. No existe un inventario de las condiciones de las áreas protegidas, no sabemos cuál es su comportamiento y el financiamiento no está vinculado directamente con criterios ambientales de sostenibilidad”, expresa Edgar Castillo, directivo del CEN.

Aunque Castillo también reconoce el trabajo positivo que realizan algunas municipalidades como la de La Dalia, que ha contratado a dos guardabosques para vigilar la zona de amortiguamiento de Bosawás que se ubica en el Cuá-Bocay.

Pocas acciones
Pero el trabajo de conservación no se reduce únicamente a la contratación de más guardabosques, advierte Bolt, aunque tampoco para el Estado esta acción es una prioridad.

Nicaragua únicamente cuenta con 359 guardaparques para resguardar menos de la mitad de las reservas, tan solo 22 áreas protegidas, así lo registra el informe brindado por el Marena, lo que coincide con la preocupación de los ambientalistas.

“Debemos dejar claro que el problema de las reservas naturales, no es una cuestión solo de Gobierno, sino un asunto de país, es de todos asumir el reto de restaurar el bosque. Necesitamos profesionales que quieran venir al campo a construir soluciones y por supuesto, diseñar medidas de autosostenibilidad que permitan a los productores ver en la conservación una oportunidad de desarrollo”, manifiesta Bolt.

No hay planes de prevención

IMPROVISACIÓN• Para el científico Jaime Incer, hay muchas acciones que se implementan para remediar los daños, porque esperan la tragedia para actuar, pero no hay prevención.

En este punto coincide Bolt, quien advierte que el problemas de las reservas naturales data desde décadas atrás, cuando no se dejaron establecidos criterios de acompañamiento para la población que vive en los alrededores de las reservas, mucho menos consultas a la población para la elaboración de planes de manejo sostenibles.

Agregó que “desde  que empezaron a nombrar las primeras áreas protegidas se cometieron graves errores; no  se establecieron presupuestos nacionales obligatorios para eso, por tanto el monitoreo y la protección es débil”.

Un panorama que combinado con la “colonización” resulta devastador. “La magnitud de la colonización es tan grande que resulta difícil detener ese proceso. Se están destruyendo los últimos remanentes de bosque que existen en el país. Cada área protegida está siendo saqueada, transformada”, declara alarmado Incer.

Una situación que nos coloca en un punto sin retorno, señala Bolt. “Nuestros bosques de nebliselva se están convirtiendo en bosques de trópico seco, no sabemos con certeza como avanza la frontera agrícola, los ecosistemas están desapareciendo… Existe una profunda ignorancia sobre nuestros propios recursos”.

Ante el panorama poco alentador, en el país se desarrollan pequeñas iniciativas localizadas como es el caso de Peñas Blancas, donde se trabaja con los productores de la zona, la siembra de árboles con propiedades medicinales.

“En Nicaragua hay oportunidades que no se aprovechan por la ignorancia, por eso estamos promoviendo emprendimientos con temas de biodiversidad”, sostiene Alan Bolt, director general del Centro de Entendimiento con la Naturaleza (CEN).

El CEN impulsa proyectos que ayudan a la  regeneración natural del bosque y por tanto, a una mayor infiltración de agua en los suelos.

“La idea es que los productores y la población puedan identificar en el bosque oportunidades sostenibles, para ello solo se requiere inteligencia, paciencia, determinación y pasión por un país extraordinariamente hermoso”, puntualiza Bolt.

10 de las 72 áreas protegidas

Laguna de Apoyo
Laguna de Asososca
Chacocente
Cañón de Somoto
Estero Padre Ramos
Cordillera Dipilto-Jalapa
Macizo de Peñas Blancas
Alamikamba
Bosawás
Indio Maíz

 

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