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En el tránsito por la vida se enfrentan problemas, situaciones complicadas o dolorosas. Con la sabiduría del rey Salomón, y desde mi vivencia puedo afirmar que efectivamente hay momento para todo. En el libro de Eclesiastés se dice: “Hay bajo el sol un momento para todo, y un tiempo para hacer cada cosa: tiempo para llorar y tiempo para reír; tiempo para gemir y tiempo para bailar”.

En estos últimos días de mi vida, han sido frecuentes los momentos de gemir, de llorar. He estado muy próximo al sufrimiento, causado por enfermedades, de personas muy queridas, particularmente un amigo de la infancia diagnosticado con cáncer en grado 3. He gemido y llorado ante la impotencia de no disponer de recursos para ayudarle a que acceda a un tratamiento oportuno y eficaz y contribuir al alivio de los malestares provocados por la enfermedad.

Sin embargo, en los momentos que me he sentido más agobiado, he encontrado paz, gracia y bendición en Dios, mi Padre, quien está allí para Ud. y para mí, 24 horas, 7 días a la semana para responder a nuestro clamor. Él ha llenado el tanque de mi corazón de FE y alimenta mis esperanzas que a mi amigo, mi hermano, se le abrirán puertas, y será atendido como lo que es, hijo del Rey de Reyes.

La Biblia en la carta del apóstol Pablo a los Hebreos dice: "Es la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve". Es decir, que la fe es dar por cierto algo que no vemos o no podemos comprobar con nuestros sentidos e intelecto. Es la absoluta seguridad de que ya tenemos ese algo. Es considerarlo tan real como si lo estuviéramos viendo y tocando. En el evangelio de San Marcos se lee: "Por tanto, les digo que todo lo que pidan orando, crean que lo recibirán".

La fe no admite duda, es actuar sobre lo que creemos. Estoy creyendo que mi amigo es sano por el poder de Dios, Por ello, el llanto se convierte en alegría y el gemido en baile.

Si Ud. está pasando por una situación similar, si tiene un ser querido con algún padecimiento, llénese de fe, y Ud. encontrará la respuesta que busca. El dice “Clama a mí que yo te responderé”, hágalo y verá grandes milagros.

Jesús nos ha prometido que Él estará con nosotros por siempre; el salmo 91 dice: "Por cuanto en mí has puesto tu amor, yo también te libraré; te pondré en alto, por cuanto has conocido mi nombre. Me invocarás y yo te responderé; contigo estaré en la angustia; te libraré y te glorificaré. Te daré larga vida, y te mostraré mi salvación".

Amiga, amigo, invite a Jesús a su vida, dígale: Señor Jesús abro mi corazón y le acepto como Señor y Salvador de mi vida, sé que Ud. está sanando a mi ser querido, que el llanto cambie a alegría, el gemido a baile. Deme valor para aceptar las cosas que no pueda cambiar, y sabiduría para cambiar las que pueda, según sea su voluntad. Señor en Ud. confío.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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