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La noche del sábado recién pasado Milton Reyes y Yelka Ramírez decidieron no asistir al culto de su iglesia, como siempre acostumbraban. En su lugar, ambos junto a sus tres hijos y a Katherine Ramírez y la hija de esta, salieron a la cinco de la tarde de su casa, en el barrio Augusto C. Sandino, hacia Las Jagüitas, para participar en una campaña evangelizadora en la iglesia Hebreos 13:13.

El pastor Ervin Cajina, quien dirige la iglesia Apóstoles de la Fe y Cristo Jesús, a la que el grupo asistía desde hace dos años, dice que ese día la familia partió con alegría hacia la actividad religiosa, a la cual fueron invitados para acompañar “la jornada de llamado a aceptar al Señor”.

Cajina conoce con certeza cómo es perder a un ser querido en circunstancias similares. Tres años atrás, a su primo Marcos Antonio Castillo Cajina, de 32 años, le disparó un agente de la Policía Nacional, después de perseguirlo por no portar el casco. Su primo murió en los brazos de un amigo en una calle del barrio Santa Ana, en Managua.

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MÁS ALLÁ DEL DOLOR

“Esta familia ha luchado por perseverar en la fe del Señor”, comenta Cajina a pocos metros de la casa de Reyes y Ramírez, a donde asistió ayer para hacerles una oración y acompañarlos en el dolor de haber perdido a sus hijos: José Efraín Pérez Ramírez, de 13 años, y Aura Marina Reyes Ramírez, de 11 años, así como a la hermana de Yelka, Katherine Ramírez Delgadillo, de 23 años. 

No confío en nada, no hay justicia”. Yelka Ramírez, madre y hermana de las tres víctimas del ataque policial.

Pero a Yelka Ramírez, quien tiene siete meses de embarazo, no solo la invade el dolor por la muerte de sus hijos y de su hermana y por el hecho de tener en estado delicado de salud en el hospital infantil “La Mascota” a su otro hijo, Axel Reyes Ramírez, de 4 años, y a su sobrina Miriam Natasha Guzmán Ramírez, de 5 años.

Ramírez, dice, está indignada. “Quiero que se sepa: me maltrataron --enseña un morado que cubre todo su antebrazo derecho--. ¿No me ve? Me arrastraron mientras pedía auxilio para salvar a mis hijos”, insiste desconsolada mientras muestra otros golpes en su rodilla derecha. 

También reclama que la ropa que vestían su hermana y sus dos hijos fallecidos no les fue entregada. “Quiero me entreguen en el hospital la ropa de mis hijos y de mi hermana. No me la dieron, la botaron, que me la den”, reclama.

NIÑOS FUERA DE PELIGRO

Según Efraín Ramírez, papá de Yelka Ramírez, ayer les informaron que su nieta Miriam Natasha Guzmán Ramírez continúa internada en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital infantil “La Mascota”, pero que su situación es estable y ya abrió los ojos; mientras que Axel Reyes Ramírez ya se encuentra en sala de recuperación. 

“Yo le dije (a Miriam Natasha) que ahí estaba su mamita esperándola, ella no puede saber que su mamá murió”, dijo Ramírez, quien aseguró que la pequeña está siendo atendida las 24 horas por un grupo de siete doctores de diferentes especialidades.

Valeria López, prima de Milton Reyes Ramírez, indicó que la niña recibió un balazo en su abdomen y el niño dos: uno que ya fue extraído de su cuerpo y otro que, según les comunicaron los doctores, permanecerá en la zona de su espalda.

Efraín Ramírez recordó a su hija Katherine como una persona alegre que tenía muchos amigos. Refirió que la joven estaba en cuarto año de la carrera de Administración Turística y Hotelera en la Universidad de las Américas (ULAM), a la vez que vendía ropa para pagar sus estudios. 

“Ya casi sacaba el título la muchacha y estaba pensando en grande con su hija, la mantenía bien vestida y calzada a la niña, y ahora nos pasó todo esto”, lamentó. 

Eslaquit no agradó

Jaime Carballo, otro pastor encargado de la iglesia Apóstoles de la Fe y Cristo Jesús, a la que asistía la familia Reyes Ramírez, asegura que para ellos no fue agradable que el sacerdote Neguib Eslaquit llegara a oficiar una misa en las honras fúnebres de las víctimas. 

“Fue incómodo porque más allá de que sea de la religión católica, en su homilía quiso llamar a la familia a la resignación y su mensaje fue politizado”, sostiene. 

Carballo también cuenta que la noche de los hechos colaboró en algunas gestiones y que ayer, sin esperarlo, encontró en la parte trasera de su camioneta los lentes de Aura Marina Reyes Ramírez, la niña fallecida en el ataque. A la pequeña, dice, le habían corregido la miopía en un ojo, pero como el mal permanecía en el otro, tenía alrededor de dos semanas de haber comenzado a usar lentes. 

“Yo los agarré (los lentes) y antes de dárselos al hermano Milton (papá de la niña) él los vio y dijo ´los lentes de la Aurita´ y los agarró, y los guardó”, relata.

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