•   Masaya, Nicaragua  |
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  • AFP

La piedra restalla y despide polvo al golpe del pico. Teodoro suda, se concentra... un desatino puede ser fatal. Pero la talla de roca volcánica, un arte precolombino que se resiste a morir, es desde hace medio siglo cosa de cada día para este artesano nicaragüense.

De pelo negro y lacio, rasgos indígenas y baja estatura, Teodoro Gutiérrez, de 54 años, heredó el oficio de su padre y abuelos, y él lo enseñó a sus cinco hijos.
Ellos labran la piedra volcánica de forma rudimentaria y artística, dando forma a dioses de la cultura precolombina, en San Juan de Oriente, el pintoresco pueblo de Masaya, ubicado 45 kilómetros al sureste de Managua.

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