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El área de 2,137 manzanas donde se asienta la comunidad Santa Rosa, del municipio de San Fernando, Nueva Segovia, es de todos y de nadie. En este lugar 138 familias viven bajo un régimen de propiedad común. Así llevan 34 años.

Nadie es dueño de nada. Y eso quedó ratificado en el título de propiedad que a inicios del presente mes recibieron de parte de la Procuraduría de la Propiedad y por lo cual han celebrado en estos días con gran júbilo.

“El título viene como propiedad colectiva para la cooperativa Gregorio Blandino. No viene destinado a ningún nombre. Solo se menciona como representante legal al compañero Agustín Ruiz”, explica Alfredo Tórrez López, presidente de la cooperativa que está integrada por 178 socios, de los que 79 son mujeres.  

El documento certifica su modo de vida. Dicen que así es como quieren vivir y por ello inculcan a sus hijas e hijos el valor de la propiedad colectiva que en un futuro les heredarán.

Desde niños les cuentan que tiempo atrás varios hombres y mujeres entregaron sus vidas por defender, y que por tanto debe honrárseles con esos ideales comunitarios.

Se refieren a los orígenes de esta comunidad que fue conformada por familias evacuadas del conflicto armado de los años ochenta, quienes con un alto grado de organización consolidaron a lo largo de tres décadas un modelo de desarrollo comunitario.

PROHIBIDO VENDER 

Las frases “vender la tierra” o “dividir la tierra” están prohibidas dentro de los reglamentos y estatutos de la cooperativa, que incluso contemplan sanciones por parte de la Asamblea para quienes tengan esas pretensiones.

“Es cuidar este documento (título) y defender siempre nuestra organización”, enfatiza Tórrez López.

¿Será siempre colectivo el uso de la propiedad?, se le preguntó a Pedro Nolasco Ruiz, fundador de la cooperativa y considerado un cacique en la comunidad. 

Él con su voz tosca, propia de un mando militar que fue, responde: “Así será. Así está en el registro nacional de cooperativas, como colectivo para siempre; generación que va para arriba, colectivo; mucho más ahora con el título”, resaltó.

El asentamiento cuenta con 136 viviendas, todas reducidas en un mismo lugar, donde tienen escuela, puesto de salud, comedor infantil y una moderna oficina para la administración. Tórrez López dijo que cuentan con unos 60 jóvenes técnicos-profesionales, graduados en distintas ramas, algunos en el magisterio, que ya están impartiendo clases en escuelas del Ministerio de Educación, otros continúan sus estudios.

Trabajan la tierra

Para desarrollar las actividades económicas, los cooperativistas se quedaron también con el modelo de planificación que les enseñó la revolución sandinista. Anualmente elaboran un plan de actividades de acuerdo con los ciclos agrícolas, el cual es aprobado por la asamblea de socios. 

Tórrez López explica que según la capacidad económica de cada socio, pueden cultivar individualmente hasta dos manzanas, y de la renta del cultivo que desarrollen entregan el 10 por ciento al Consejo de Administración para el sostenimiento operativo de la cooperativa, como movilización, gestión y elaboración de proyectos. No obstante, la parcela asignada es parte del uso colectivo de la tierra.

De forma colectiva, los socios cultivan de entre 15 y 20 manzanas con un determinado rubro agrícola, cuyas ganancias también van al fondo común de la cooperativa, factor que también han practicado con el ganado, donde el ternero macho, nacido del primer parto, es  entregado a la administración para aportar en inversiones sociales, pero si es hembra, es dada, solidariamente, a otra familia de la comunidad para que la reproduzca. Actualmente pastan en potreros comunes 245 reses, aunque las reses tienen propietarios específicos.

Según el presidente de la cooperativa, la siembra de granos básicos, como maíz, frijol y sorgo, es la principal actividad económica en Santa Rosa. 

Siembran unas 160 manzanas de maíz y casi 100 de frijol. También cosechan hortalizas que comercializan en el mercado de Ocotal.

Con recelo, cuidan un área de reserva de 350 manzanas de bosque tropical tupido y han establecido un área de reforestación de 45 manzanas, para abastecerse de leña y suplir madera para la construcción de viviendas.

La historia de Santa Rosa

El asentamiento de Santa Rosa surgió el 5 de junio de 1983 con una carta firmada por el presidente Daniel Ortega, entonces coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, la cual llegó a manos de Pedro Nolasco Ruiz estando al mando de una compañía militar que defendía la frontera por el sector de los cerros Jesús y El Águila, en el municipio de Jalapa.

En la misiva, según Nolasco Ruiz, Ortega le orientaba escoger una de las fincas confiscadas a allegados al régimen de Somoza y presuntos terratenientes de esa época para que fundara una cooperativa. Bajó a las riberas del río Coco y convenció a 35 familias indígenas de las comarcas de Apamiguel, El Cacao, El Limón, entre otras, para reasentarse en la hacienda Santa Rosa. Después se sumó más de una veintena de familias de Telpaneca.

 

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