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Construir verticalmente en Managua no parece asustar tanto ahora, como hace algunos años, cuando aún prevalecía el miedo a las edificaciones altas, debido a los recuerdos de la devastación causada por el terremoto de 1972. Recientemente, más bien se observa un auge de construcciones verticales y, según arquitectos y expertos es urbanismo, esta es una tendencia con gran impulso y también una necesidad para la capital.

El urbanizador y miembro de la junta directiva de la Cámara de Urbanizadores de Nicaragua (Cadur), Alfonso Silva, afirmó a principios de este año que en Managua se espera la construcción de al menos cinco torres de apartamentos, impulsadas por el sector privado. Y esto se suma a otros proyectos similares que poco a poco van cambiando el rostro de la ciudad.

Algunos de esos edificios se están levantando en zonas como Santo Domingo y Villa Fontana o cerca de las rotondas Jean Paul Genie y Metrocentro, que son puntos considerados como nuevos polos de desarrollo comercial y de ocio en la capital.

UNA NECESIDAD

Fuentes especializadas consultadas por El Nuevo Diario sostienen que la construcción de edificios verticales se ha intentado desde hace muchos años en Managua, principalmente por la necesidad de abaratar los costos de los servicios básicos y optimizar la tierra urbana.

Hoy, además, otros también apuestan al lujo y la comodidad, como el proyecto Condominio Edificio del Norte, que se construye cerca de Metrocentro y será una torre de 14 pisos, con 64 apartamentos entre 60 y 160 metros cuadrados.

E igual existen otros ya listos como las torres de dos y tres pisos de Apartamentos Florencia, donde cada unidad tiene dos departamentos por cada nivel, según la presidenta de Territorio Bienes Raíces y secretaria de la Cámara Nicaragüense de Corredores de Bienes Raíces (Canibir), María Rosario Siero.

La especialista sostiene que hay una tendencia mundial por las construcciones de varios niveles para habitar.

Los nicaragüenses prefieren más las casas tradicionales, pero las construcciones verticales son las que prevalecen en el mundo actual por varias razones: le hacen la vida más práctica a las personas, generalmente hay servicios como vigilancia, una administración que se encarga del cuido y el mantenimiento de las áreas comunes y de los edificios como tal”, compara Siero.

FACILITARÍA SERVICIOS

El arquitecto Gerald Pentzke, docente de tiempo completo de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y exdirector de urbanismo de la Alcaldía de Managua, cuenta que en el 2000 se hizo la modificación más reciente del plan urbanístico de la ciudad de Managua, mediante la cual zonas que eran calificadas como de densidad baja o media se reclasificaron como zonas de densidad alta.

Una ciudad demasiada extensa, como Managua, ya es una ciudad demasiada cara de mantener, porque necesita avenidas, calles pavimentadas, instalaciones de agua, luz, entonces no hay mucha eficiencia”. Gerald Pentzke, exdirector de urbanismo de Managua.

“Eso quiere decir que ya desde el año 2000 se está hablando de la necesidad que tiene esta ciudad de densificarse”, explica Pentzke.

“Una ciudad demasiada extensa, como Managua, ya es una ciudad demasiada cara de mantener, porque necesita avenidas, calles pavimentadas, instalaciones de agua, luz, entonces no hay mucha eficiencia. Pensemos, por ejemplo, cuánto tiene que recorrer un camión de la basura para darle cobertura a toda la ciudad”, agrega el exdirector de urbanismo de Managua.

El arquitecto Uriel Cardoza, también docente de la UNI, coincide con Pentzke: “La construcción en altura sería idónea porque concentraría los servicios en general, reduciría tiempos de movilización, debería también reducir la cantidad de vehículos que circulan en la ciudad. La gente empieza a caminar, porque las distancias a diferentes actividades diarias son más cortas”.

Siero agrega el tema de los parqueos vehiculares: “En toda la región (centroamericana) las personas buscan edificios aledaños al trabajo. En ese sentido nosotros todavía estamos menos acostumbrados a eso, pero los extranjeros y los nicaragüenses que han vivido en el exterior traen esa costumbre”.

Pentzke además menciona la carencia de suelos urbanizables. “Managua, como ciudad, probablemente tenga muy pocas áreas para urbanizaciones nuevas”, advierto. “Eso dice que la opción que tiene es construir dentro de lo que ya está, pero con mayor densidad”.

Apostar por la clase media

El arquitecto Uriel Cardoza estima que el cambio de construcción horizontal a vertical para viviendas va muy lento en Managua.

Además, cuestiona que las construcciones o proyectos desarrollados hasta la fecha solo apuestan para la clase alta, “que es la única que podría comprar un apartamento en estos condominios”.

La experta en bienes raíces María Rosario Siero explica que el precio de estos proyectos suele ser alto porque la construcción vertical es costosa, debido al uso de servicios como ascensores, tanques para agua potable, plantas de energía de emergencia y similares.

Pero según Cardoza sería una buena opción construir edificios de varios niveles con apartamentos para universitarios o profesionales nicaragüenses en las mismas zonas de desarrollo de Managua a precios más accesibles.

La cultura se oponeReparto San Antonio, en Managua.

El historiador Bayardo Cuadra estima que aun cuando la construcción vertical haría más barata y moderna la ciudad, en Managua esto no se ha podido por la cultura nicaragüense.

“Cuando Nicaragua ha intentado desarrollar edificios de dos, tres o cuatro pisos para vivienda, de bajo costo, siempre ha habido una resistencia, porque nosotros los nicas no estamos acostumbrados a eso”, asegura.

Aquí hubo un conjunto de cuatro edificios, que hace unos años demolieron. Estaban en frente de las oficinas del Ministerio de Gobernación, que fue un intento de establecer la construcción vertical para viviendas, pero estaban destinados a profesionales, estudiantes, extranjeros que quisieran estar aquí por un tiempo y querían vivir ahí dos o tres años nomás”, recuerda.

Cuadra además subraya que si la idea es construir edificios altos para un estatus social bajo todo cambia, “porque nosotros estamos acostumbrados a otra cultura”.

“Por ejemplo, las casas del reparto San Antonio son de dos pisos y creo que hay áreas comunes y demás, pero estoy seguro que nadie está contento por compartir áreas comunes. Por ejemplo, para tender ropa o que el otro esté pasando al frente de la puerta de tu apartamento, haciendo bulla y todo eso”, comenta.

El especialista en temas de urbanismo Gerald Pentzke responde que “hay razón” en la resistencia al cambio.

“Pero son procesos por los que todas las ciudades pasan, y sí tendrá que cambiarse en algún momento a esa cultura de compartir espacios”, advierte.

Compartimos escaleras, pasillos y surgen preguntas como quién limpia (los espacios comunes), dónde lavamos la ropa. Son procesos por los que todas las ciudades latinoamericanas han pasado, porque las necesidades son muy grandes y hay que balancear los beneficios”, indica Pentzke.

Para el docente universitario y exdirector de urbanismo, las posibilidades económicas y la necesidad de viviendas obligarán a la población a ese cambio de cultura.

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