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Las historias de horror que viven las jóvenes que son explotadas sexualmente vienen a la mente de “Sonia” (nombre ficticio), la nicaragüense que vivió en carne propia ese drama en un antro guatemalteco del que logró escapar hace pocos días. Según ella, allí hay situaciones macabras, como el descuartizamiento de una muchacha segoviana en un burdel de la zona donde la tenían encerrada.

La joven afirmó a El Nuevo Diario que se reserva la identidad de la joven asesinada para reportárselo a la policía nicaragüense.
“Nosotras nos llenamos de más miedo y nos encerramos en una esquina, porque a la muchacha le cortaron un brazo y la cabeza. La metieron en bolsas negras y luego en un barril de basura”, relata Sonia, estremeciendo su cuerpo al recordar el horror.

Agregó que el crimen ocurrió entre abril y junio, y presume que los familiares de la víctima en Ocotal no saben de su muerte.

A las jóvenes explotadas sexualmente las mantienen encerradas y cuando la policía guatemalteca llega al sitio por algún operativo, las esconden en una especie de sótano.

La mujer del negocio donde mantenían encerrada a Sonia utilizó el crimen para amedrentar a las demás jóvenes.

“Ella dijo que ‘si te matan a vos y a vos (apuntándoles con el dedo), yo las echo en el barril, llamo al que recoge la basura y ahí se van, y nadie se da cuenta’. Eso nos dijo la mujer”, recuerda la muchacha.

EN ÁLBUM DE FOTOS

Sonia contó que supieron que la infortunada joven se había negado a bailar en el show del antro, actividad a la que también las obligan durante las noches.

Recuerda que cuando llegó al burdel, a ella y a las otras jóvenes nuevas que habían llegado las obligaron a vestirse con ropas cortas y a maquillarse. Después, en diferentes poses les tomaron fotos.

Abriendo un pequeño álbum, Sonia mostró algunas de las gráficas que otra joven logró robarse en el negocio, pero no permitió que las reprodujéramos para guardar la seguridad de las que están encerradas por los proxenetas en Guatemala.

“Las fotos las quieren (los proxenetas) para mostrarlas a los clientes, para ponernos en venta, sobre todo hacen eso con las nuevas”, dice.

También las ponen a tomar licor y consumir drogas con los clientes. “Ellos ya llevan las cápsulas de cocaína, que al parecer son fáciles de conseguir allá”, asegura.

“Allí estábamos como 26 muchachas, entre ellas cinco hondureñas. De estas últimas había una menor que apenas iba a cumplir los 17, ella lloraba y lloraba por estar encerrada y sometida, pero todas llorábamos. ¿Y cómo íbamos a escapar? Había solo dos puertas y estaban bajo llave, y además con vigilantes en las salidas”, describe.

EN UN SÓTANO

Cuando llegaba la policía chapina a inspeccionar los negocios, a las jóvenes las escondían en un sótano, sobre todo a las nicaragüenses.
“Nos mandaban a escondernos a una terraza, como un hoyo”, precisa.

Además del amedrentamiento constante, les amenazaban con imponerles multas de hasta 600 quetzales en caso de que se portaran mal.

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“No era que nos daban dinero para decir que de allí lo deducían, sino que (las supuestas multas) las llevaban anotadas en un cuaderno”, explica la joven.

Dijo que la propietaria del night club donde explotan a las jovencitas nicas y hondureñas solo llega en la madrugada a recibir cuentas de parte de quien le administra el negocio, para saber “cuánto licor vendió, cervezas y mujeres”.

Sonia afirma que logró escapar del edificio de dos pisos por el techo, y ya en el exterior, logró la ayuda de otra muchacha que había salido del encierro. Se condujeron a una parada de buses de transporte colectivo para viajar a la frontera con Honduras y de allí pasó a Nicaragua para reencontrarse con sus padres, cargando solamente con su dramática experiencia.

El viaje con la “venderropa”

Sonia, como todas las jovencitas que desean ir a trabajar al extranjero para ayudar a sus padres, se vio seducida por una señora que visitaba su casa vendiendo ropa. Ahora comprende que esa mujer es una tratante de jovencitas, incluso menores de 14 y 15 años de edad, las cuales han logrado cruzar por “puntos ciegos” al otro lado de la frontera para llevarlas a Guatemala, donde las explotan sexualmente.

“La mujer nos enseñó una foto de un niño tierno, supuestamente de una familia de Guatemala. Dijo que pagaban muy bien por cuidarlo, pero no dijo cuánto. Además que ella tenía el dinero para pagarnos los gastos del viaje”, recuerda.

Agregó que la mujer tratante todo lo facilitaba. El traslado de Ocotal al empalme de Yalagüina (20 kilómetros al sur) y ella maneja con precisión el itinerario del transporte que sale de Managua con destino a Guatemala.  

Antes de pasar los pasos fronterizos, la mujer les orientaba varios comportamientos que debían adoptar para no despertar sospechas entre las autoridades, como decir que viajaban solas, que debían sentarse en asientos distantes unas de otras, entre otras cosas.

Al llegar a Guatemala las llevaron al hotel capitalino. De este punto las transportaron en taxis con destino al lugar del “empleo de cuidadoras de niños”, pero el taxista paró su vehículo frente al night club donde inició su pesadilla.

 

 

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