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Todos aquí, catorce chavalos y cuatro chavalas, quieren aprender a ser payasos. Hace un mes empezaron las prácticas. Primero aprendieron expresión corporal, luego animación y más tarde a pintar caritas. Esta mañana empezarán las clases de improvisación.

Divididos en cuatro grupos, los estudiantes tendrán que actuar basándose en lo que una de las aspirantes a payasa describa. Justo ahora, cuando todos callan, ella empieza a contar cómo se aburrió tanto de hacer lo que hacía y se fue montada en un avión. En este momento entran cuatro simulando ser un avión, haciendo los sonidos del avión, ladeándose como un avión y sonriendo porque aquí lo que más sobran son sonrisas.

José Israel López, de 20 años, es uno de los que ahora simula ser una de las partes del avión. Decidió aprender este oficio porque no estaba haciendo nada en su casa. Había dejado de estudiar y no tenía empleo. Pertenece a la Juventud Sandinista de su barrio, el “José Benito Escobar”, y esa organización política partidaria le propuso participar en las capacitaciones.

“Va a haber un proyecto para meternos como payasitos, nos dijeron”, recuerda López, quien dice tener madera para divertir a los demás. “Siempre me ha gustado contar chistes, cuentos y leyendas, como la de la Carreta Nagua. Entré aquí y me propuse que yo podía hacerlo”.

Aunque aún no ha terminado la capacitación que imparten los maestros contratados por la Alcaldía de Managua, la que durará seis meses, José Israel López ya ejerce. Es el payaso “Yiyo”. Se llama así “por un muñeco cristiano que es pura fregadera”.

“Mi fuerte es hacer reír a las personas en los juegos, las dinámicas y con los chistes”, sostiene López, quien con su vestido rojo ha participado en unas cuatro festividades animando a niños. Por las dos horas he cobrado 600 pesos.  

¿Qué se necesita?

Maestro. Marlon Martínez, el payaso "Big Boy", enseña actuación, malabares, entre otros. Marlon Martínez es uno de los cuatro maestros que al mando de Roberto “Tito” Aguirre, enseñan las técnicas precisas para ser un buen payaso. En la década de los ochenta se entrenó con cubanos sobre las artes circenses y hoy es el payaso “Big Boy”.

Martínez impone disciplina y explica con precisión cómo deben actuar. “Algunas personas no entienden que el payaso tiene que ser muy genérico: malabarista, equilibrista, acróbata, monociclista, tiene que manejar todos los géneros del circo. En la escuela de circo de los ochenta yo recibía todas mis clases, pero mi especialidad era la de payaso. Música, danza. Malabares es lo que más hago”.

La primera cualidad es que le guste, porque si no le gusta nunca va a interesarse, eso es lo primordial”, dice Marlon Martínez, estudiante.

Dice que un payaso nace y que también se hace, que necesita querer serlo y hacer bien sus tareas. “La primera cualidad es que le guste, porque si no le gusta nunca va a interesarse, eso es lo primordial. Lo segundo sería el deseo de seguir trabajando, de querer hacerlo y de formarse”. Los payasos, dice, pueden o no hablar durante su show.

¡Acción!

El maestro Roberto “Tito” Aguirre orienta a los jóvenes a unirse en grupos de cuatro. Se escucha todo tipo de ruidos. Dentro de poco cada grupo entrará al salón haciendo algún tipo de sonido: uno hará el del chachachá, otros simularán el ruido emitido por un güiro, el siguiente emitirá un tacatacatá-tacatacatá-tacatacatá y el último una combinación diversa, tanto que parecerá un grupo de chicheros.

“¡Nadie puede quedarse haciendo nada en la escena! En cuanto entren empiezan a actuar, ¡el payaso tiene que robarse el corazón de la gente!”, orienta Aguirre, luego de corregir a un payaso por no hablar con su voz natural: “¡Yo uso otra vez solo cuando interpreto a un personaje!”.

Aldo José Bustillo Mejía, de 29 años, es de los más inquietos en el salón. Pese a eso, evidencia un gran talento como payaso. Vive en la colonia Primero de Mayo y aunque usualmente trabaja en albañilería y carpintería, quiere vivir entreteniendo a los demás.

“Lo más lindo es el enlace entre los niños y también con el adulto, porque no es fácil que el adulto se integre”, dice Bustillo, el “payaso Tin Tin”. “Aquí nos han enseñado desorden con orden”.

En poco tiempo la clase terminará y en seis meses todos estarán animando a niños en los parques capitalinos construidos por la municipalidad.

 

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