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La violencia que se vive en El Salvador es un tema que también preocupa a los salvadoreños radicados en Nicaragua. Tal es el caso de la familia de Lucía Merino, dueña del restaurante Rincón Salvadoreño, ubicado en los semáforos de Enel central, en Managua. Hace poco Merino viajó a su natal país para abastecer de mercadería a su negocio. Sin embargo, su hija Francis Sacasa explica que no fue fácil tomar la decisión de ir. “Una prima nos dijo que ni se nos ocurriera llegar por allá porque la situación está bien fregada, el transporte está totalmente paralizado y hasta ya ha habido muertos”, expresa.

Desde el pasado lunes, miembros de la Mara Salvatrucha y Barrio 18 ordenaron un paro en el servicio del transporte público por el que pretendían ser tomados en cuenta ante el Gobierno en una  comisión para resolver los actos de violencia que desde marzo del presente año han ido en aumento.

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El paro dejó a miles de salvadoreños en las calles, pues 142 rutas no salieron a su habitual recorrido y siete conductores de autobuses fueron asesinados por no acatar las órdenes de las pandillas. También mataron a un pasajero.

Amenazas diarias

hace 15 años, José Francisco Pérez llegó a Nicaragua.El salvadoreño José Francisco Pérez es propietario del restaurante Pupusas 100% Salvadoreñas. Hace 15 años Pérez vino a Nicaragua para trabajarle a una empresa privada. En el viaje lo acompañó su esposa y sus dos hijos, uno de ellos con tan solo 40 días de nacido.  

Con el tiempo Pérez se independizó de la empresa, formalizó su negocio y ahora cuenta con dos locales: uno en Altamira y el otro en Carretera a Masaya.

Aunque él solo visita a sus familiares en El Salvador en dos ocasiones al año, Pérez asegura que ha estado al pendiente de los disturbios que han sucedido en su país natal. “Es una lástima lo que está pasando, no hay libertad de trabajo. Las maras llegan a cualquier negocio y extorsionan a los trabajadores. Si uno no les paga una cuota ya empiezan las amenazas y eso es lamentable”, expresa.

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Mientras estuvo en El Salvador, cuenta que nunca fue víctima de los pandilleros. “Antes era más tranquilo, uno podía llegar a las colonias y no pasaba nada, esto ya se está saliendo de las manos del Gobierno”, estima.

Francis Sacasa, del Rincón Salvadoreño, cuenta que su familia vendió una de sus propiedades antes de que las maras empezaran a extorsionarlos. “Nosotros teníamos una casa, pero tuvimos que venderla porque los pandilleros ya empezaban a llegar por allá”.

César Candelario, propietario de El Tazumal, en Veracruz,  dice que en “Nicaragua estamos en la gloria”. Recuerda que cuando aún estaba en su país supo del cierre de una famosa pupusería por el temor que tenían los dueños ante la llegada de varios grupos pandilleros a la zona.  

También, opina que esta no es la manera adecuada en la que los mareros deben resolver sus asuntos. “Deberían tener más respeto por la gente y dejar de matarlos”, clama.

“La cosa está fea”

Candelario asegura que parte de su familia en El Salvador se encuentra muy preocupada. “Dicen que la cosa está fea, tienen miedo de salir y terminar como los transportistas muertos”.

Debido a la ola de violencia, cuando va de visita a su país confiesa que nunca se queda en la casa de sus padres, porque ahí es una zona peligrosa. “En Santo Tomás la guerra de pandillas es bien fuerte, por eso siempre me quedo con un amigo del centro, porque ahí el ambiente es más tranquilo”, compara.

Candelario no sabe desde cuándo la violencia en su país se ha venido acrecentando, pero sí maneja que cada vez son más niños quienes ingresan a las pandillas. “Allá lastimosamente hay un cáncer que está carcomiendo al país. Estamos a un paso de que se venga otra guerra civil”.

Estos salvadoreños afirman que su país tiene grandes bellezas que merecen ser reconocidas, pero que las acciones de las pandillas solo vienen a empeorar su imagen.  Pese a la tregua que ambos grupos criminales consiguieron en el 2013 con el entonces presidente Mauricio Funes, con los acontecimientos del pasado lunes, este logro parece haber quedado en el olvido.

Medidas para contrarrestar la actividad criminal

Opciones • Para refrenar estos actos de violencia en El Salvador, José Francisco Pérez cree que hay que fomentar más valores entre sus habitantes, especialmente entre los niños, pues es en esta etapa en donde olvidan poner en práctica uno de los valores que él considera más importante: el respeto hacia los demás. “Algunos niños no tienen respeto por sus padres, y si no lo tienen por ellos, menos con los otros. Esto es algo que  debe cambiar, los padres somos los responsables de educar bien a nuestros hijos”, estima.

De igual forma, César Candelario opina que hay que brindarles más oportunidades de trabajo a aquellos que realmente desean contribuir con el desarrollo de su nación. “Deberían crear más oportunidades de empleo: zapaterías, panaderías, lugares en donde ellos representen una fuente de ingresos a la nación”.

Ambos son conscientes que esta situación no cambiará de un día para otro, pero sí creen que con pequeñas acciones la actividad criminal en El Salvador podría reducirse.

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