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¿Cómo se asientan las bases de la violencia? Norma Vázquez lo explica en esta entrevista ofreciendo ejemplos puntuales: “Cuando en la escuela se considera que las expresiones de violencia son cosas de niños y no le da importancia, está mandando un mensaje de impunidad. Desde las conductas muy iniciales, que pueden ser el jalarle el pelo a las niñas”.
Vázquez aborda también los mensajes confusos que se envían a las mujeres y puntualiza sobre los nuevos escenarios de violencia sexista.

Hablemos sobre las causas estructurales de la violencia contra las mujeres.

Cuando hablamos de las causas estructurales de la violencia estamos hablando no de cada caso individual, sino de lo que nos explica el fenómeno en conjunto. Hay mucha tendencia desde todas partes e incluso desde las propias víctimas, de explicar su caso particular o de buscar causas específicas de la violencia. Se deja a un lado el que haya una estructura social que legitima la desigualdad y que posibilita en ese sentido utilizar la violencia como un arma de control.

Es una estructura fundamentada en el patriarcado.
En el patriarcado, en la desigualdad, en la subordinación de las mujeres, en el sistema que legitima la construcción de la desigualdad a partir de la diferencia sexual.

¿Todo es aprendido y fomentado desde el hogar?

No solo desde el hogar, empieza allí porque es el primer mecanismo de socialización, pero cuando hablamos de las causas estructurales de la violencia, hablamos también de cómo se empieza a educar en la agresividad.

En los primeros años de vida podemos hablar de la agresividad como mecanismo de relación de niñas y niños con el medio: las pataletas, los berrinches, los llantos, e incluso los golpes. Conforme pasa el tiempo, en el entorno esas formas de manifestar la agresividad se van educando y generalmente se educa para tolerar que los niños se expresen con violencia, que ya significa el daño a un tercero. En las niñas no se aceptan esas formas y la agresividad se vuelve contra ellas.

“Se educa para tolerar que los niños se expresen con violencia. En las niñas no se aceptan esas formas y la agresividad se vuelve contra ellas”. Norma Vázquez, psicóloga.

De manera que cuando crecemos vemos como normal el hecho de que las mujeres vivamos la violencia callándola, aceptándola, y los niños la expresen causando daño a otras personas. Allí empezamos a ver este aprendizaje, no solo de ciertas pautas de género, sino la socialización de la agresividad.

¿Y cómo funciona esta estructura fuera del hogar?

En la misma escuela ya hay un refuerzo de la socialización diferenciada de la agresividad. Incluso cuando en la escuela se considera que las expresiones de violencia son cosas de niños y no le da importancia está mandando un mensaje de impunidad desde las conductas muy iniciales, que pueden ser el jalarle el pelo a las niñas, lo que puede verse como chiquilladas y se pueden ver también como una gracia, pero son las primeras expresiones que explican por qué cuando me frustro te hago daño a ti.

En las niñas generalmente esta conducta sí se reprime más, a la niña cuando se frustra no se le permite ser agresiva, se le sanciona si va a expresar su frustración en contra de un compañero o compañera.

Leía que usted hablaba sobre la juventud y los fuertes déficits en igualdad emocional y de trato.

Sí, la forma como se tratan las personas es muy distinto y podemos ver esa diferenciación conforme va avanzando la edad. Se van promoviendo y reprimiendo ciertas conductas.

¿Por ejemplo?

La expresión emocional de las niñas suele ser más del ramo depresivo: el llanto, el estar triste, la parte más interna.

Emocionalmente las expresiones de llanto, de tristeza son más aceptadas desde la infancia; después, cuando llegamos a la edad adulta vemos que la depresión a nivel clínico es un fenómeno fundamentalmente femenino. La incidencia de la depresión como enfermedad clínica es mucho más alta en las mujeres, a nivel general 80-20, luego va fluctuando, pero generalmente la depresión y estos estados emocionales son más aceptados y fomentados en las mujeres que en los hombres.

En los hombres, en cambio, es más fomentada la expresión hacia afuera, la rabia, la agresividad, la ira. Estas expresiones los llevan a conductas más agresivas de daños a terceras personas, hacia mujeres porque son consideradas más frágiles, pero también hacia otros hombres. De hecho, la pelea entre hombres está cuestionada más cuando sobrepasan ciertos niveles.

Generalmente estas expresiones son más toleradas en el ámbito masculino que en el femenino. Una mujer que tiene mal carácter o es enojona es peor vista, así como se ve mal a un hombre sensible. Tendríamos que tener una gama más amplia de expresión de las emociones y de canales para sanar o aliviar nuestra frustración.

Usted hablaba de ciertas confusiones entre la juventud y sus relaciones, ¿han cambiado las relaciones interpersonales entre los jóvenes de hoy en comparación con los de antes?

Yo creo que sí, es uno de los cambios sociales más importantes porque en mi generación y tampoco es que sea tan mayor, los espacios segregados por sexo eran mucho más frecuentes. Todavía estudié en un colegio adonde solo estábamos niñas, la relación con el otro sexo ya se daba a los 15 o 18 años. Eso ya es menos frecuente.

Luego también hay más presión hacia las mujeres para que adopten ciertas conductas masculinas, pero a la vez rechazo, con lo cual hay más confusión. Se supone que las chicas deben ser más liberadas y no tener ciertas conductas de sumisión, sin embargo que no deben pasar de un cierto límite porque empiezan a ser criticadas y es ahí donde empiezan las confusiones.

¿Eso está más ligado a la liberación sexual?

No solo a eso. Creo que también al comportamiento en general. Se anima a las mujeres a estudiar y a trabajar, pero tampoco a que ganen más que la pareja. Es un sí, pero no. Se anima a las mujeres a que estudien una carrera y a que sean autónomas económicamente, pero a la vez a que no abandonen su papel dentro de la familia y el hogar, son mensajes contradictorios.

En el terreno de lo sexual también, porque si no quieres contacto sexual eres vista como anticuada, pero si tienes todas las relaciones que quieres no eres bien vista. Esta doble moral está en lo sexual y en todos los mensajes que se les mandan a las chicas.

Usted es mexicana y conoce bien las sociedades latinoamericanas, pero ha vivido por mucho tiempo en España, ¿esto ocurre de la misma forma en las sociedades europeas?

Sí, ocurre igual, lo que pasa es que las sanciones son un poco más solapadas. Hablo del rechazo, de la burla, la exclusión de las chicas ante ciertas conductas. El uso de las redes sociales como una herramienta para sancionar, por ejemplo. Yo hacía una investigación con jóvenes en Bilbao y le preguntaba a las chicas que cuál era la amenaza más frecuente que le hacían sus novios o parejas casuales cuando los dejaban y decían que era publicar en internet lo que hacían en la relación sexual.

Es una amenaza muy constante, pero que se repite en todas partes, y es la vida de ellas la que queda en entredicho, no la de ellos.

Si estuviesen invertidos los papeles, la sociedad no vería mal al hombre.

Al mismo tiempo que la anima a comportarse de la misma manera que a los hombres, la sanciona mucho más y no es una sanción legal, sino moral. Las amigas que ya no quieren juntarse con esta chica porque tiene mala fama, etcétera.

¿Hay ahora más escenarios de violencia sexista?

Sí, como el internet, es un nuevo sexismo porque cuando estamos cara a cara hay más controles de comportamiento, pero en cambio cuando no sabemos quién está de otro lado no los hay. Si yo escribo que fulanita es una puta, eso se difunde tan rápido que en una hora tienes miles de vistas. Ya sale del control, del límite. Antes los espacios estaban muy estructurados. Si escribo que fulanita de Bilbao es una puta ya en Nicaragua se sabe, aunque no sepas quién es la fulanita porque da igual.

La experta

NOMBRE: Norma Vázquez
NACIONALIDAD: México
PROFESIÓN: Psicóloga y terapeuta familiar.

Dirige la consultoría especializada en violencia de género Sortzen.

 

 

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