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Casi cuatro de cada 10 mujeres nicaragüenses que generan ingresos tienen altas probabilidades de sufrir ansiedad debido a la sobrecarga que implica trabajar fuera de la casa y en el hogar, sobre todo porque no tienen el apoyo de sus parejas en las tareas domésticas, revelan los resultados de la encuesta de M&R denominada “Distribución de tareas en el hogar. Creencias, conductas y efectos probables”, realizada entre el 8 de junio y el 15 de julio de 2015.

El 38.5% de las mujeres que generan ingresos y tienen dos hijos presentan “probabilidad alta” de sufrir de ansiedad. El porcentaje incrementa hasta 44% en las mujeres que solo tienen un hijo o hija, y baja hasta 34.4% en las que no son madres.

En las adultas se observa el mayor porcentaje de mujeres que presentan esta predisposición (47.9%). Mientras que en el grupo poblacional denominado jóvenes adultas (25-40 años), el 33.8% tiene una probabilidad alta.

La encuesta fue aplicada a una muestra de 1,720 personas mayores de 16 años que residen en 50 municipios del país. Tiene un margen de error de 95% y un nivel de confianza de +/-2.41%.

El 51.1% de los encuestados son mujeres y de estas, el 23.8% genera ingresos. Del total de hombres, el 38.3% tiene un empleo.

Las probabilidades de ansiedad fueron determinadas luego de preguntarle a las encuestadas si, entre otros, podían conciliar el sueño,  si tenían preocupaciones y si se irritaba con facilidad. La baja, mediana y alta probabilidad de ansiedad se calcula conforme la cantidad de respuestas positivas.

Doble jornada

El estudio reveló que pese a tener un empleo, las mujeres no han dejado de asumir las tareas del hogar y continúan siendo las principales responsables de las tareas educativas de los hijos e hijas.

“Al incursionar en el ámbito público la mujer ya no solo tiene la carga del hogar, sino también una carga laboral”, valoró Raúl Obregón, gerente general de la firma encuestadora.

En una parte de la encuesta se consulta a hombres y mujeres sobre su opinión acerca de la división sexual del trabajo y en su mayoría ambos coinciden en que los varones deberían asumir el cuidado de los hijos al igual que las mujeres. “Sin embargo en la práctica los hombres no lo hacen”, sostuvo Obregón.

Los resultados de la encuesta revelan que apenas el 19.3% de los hombres que trabajan y viven en zonas urbanas hacen las compras del hogar. El porcentaje sube levemente (19.5%) en los hombres que no trabajan. La misma situación ocurre en el área rural.

¿Qué hacen ellos?

Entre las labores que más hacen los hombres está el lavado de los trastes: 14.9% de los que trabajan y viven en la ciudad; 11.1% de los que laboran y viven en el campo; 33.6% de los desempleados que residen en el área urbana y 39% de sus pares en el área rural.

El estudio confirma que aunque los hombres no trabajan tampoco se encargan de las labores del hogar. Apenas un 16.8% que reside en el campo y no posee un empleo hace la comida y solo un 10.6% de estos asiste a las reuniones en las escuelas.

Lo que menos hacen los hombres que trabajan, tanto en la ciudad como en el campo, es cocinar, seguido de lavar y planchar. Un 11.6% de los que residen en la ciudad que tienen un empelo lavan y planchan. En contraste, el 60.2% de las mujeres que generan ingresos también realiza esta actividad. El 66.4% de los hombres que no trabajan contestó que “habitualmente” esta acción la efectúa “una tercera persona”. 

En su mayoría, los hombres también delegan las tareas escolares y la asistencia a las reuniones de la escuela. Solo el 6.3% de los que generan ingresos y viven en la ciudad acuden a los encuentros en los colegios. Mientras un 10.6% de los que no tienen un empleo asegura que realiza esta actividad.

La tarea que tanto hombres como mujeres más comparten es la de hacer las compras para el hogar. 

Urgen políticas

Para Gloria Carrión Fonseca, directora del Programa de Investigación sobre Economía Política y Desarrollo Inclusivo en el Fideg, “el aumento de la inserción laboral de las mujeres no ha sido acompañada de un incremento de las responsabilidades del hombre en las tareas de cuido de la familia y de los hijos”, lo que provoca que ellas “elijan puestos de trabajos que les permiten conciliar el empleo con las actividades de cuido”.

“En el mercado laboral actual estas condiciones tienden a ser ofrecidas en los empleos informales o el subempleo, que son aquellas actividades en las que se trabajan menos de 40 horas por semana y son empleos en lo que las mujeres no pueden desarrollar plenamente su potencial, porque aunque quisieran trabajar más, esos empleos no lo permiten”, explicó la investigadora.

En ese sentido Carrión Fonseca, coautora del estudio “Avances y desafíos del empoderamiento económico de las mujeres en Nicaragua”, recomendó la creación de programas públicos y privados de cuido como guarderías.

“Es fundamental que las políticas públicas actuales, que apuntan a atender las necesidades básicas y materiales de las mujeres, sean complementadas con políticas que transformen las restricciones socio-culturales que mantienen en una situación de desventaja a las mujeres, y fomenten la autoestima y valía de la mujer, así como su derecho a vivir en sociedades libres de violencia”, añadió.

Las mujeres viven “en un conflicto permanente”

La coordinadora de la Unidad de Desarrollo Humano del PNUD, María Rosa Renzi, explica cómo se comporta el mercado laboral femenino y los principales problemas que enfrentan las mujeres que generan ingresos.

En julio pasado el PNUD publicó el estudio “Mercado laboral de Nicaragua desde un enfoque de género”, al que hace referencia en la entrevista.

¿Cómo ha sido el comportamiento del mercado laboral femenino en Nicaragua?

Lo que pasa en Nicaragua es un rasgo bastante característico de América Latina. A partir de los años 90, con los procesos de liberalización de las economías y los programas de ajuste, se ve una emergencia mucho más acelerada de participación de las mujeres en el mercado laboral.

De hecho, la tasa de crecimiento interanual ha sido mucho más grande que la de los hombres (…).

Lo que estamos observando en América Latina es que ese crecimiento de la participación de las mujeres ha comenzado a desacelerarse. Sigue creciendo, pero a un ritmo mucho más lento.

En Nicaragua se observó ese mismo comportamiento del crecimiento acelerado, sin embargo yo diría que una de las características y posiblemente a diferencia de lo que está pasando en la región, es que la participación de la mujer sigue creciendo mucho más que la de los hombres.

Uno de los hallazgos que da el estudio “Mercado laboral de Nicaragua desde un enfoque de género”, es que en un periodo relativamente muy corto, de 2009 a 2012 las Encuestas Continuas de Hogares que levanta el Inide, dan que las mujeres alcanzaron una participación del 48 al 62%. Esto nos dice varias cosas: la emergencia de las mujeres en el mundo laboral es producto de varias razones, pero una de ellas tiene que ver con su mayor participación en la educación. Las mujeres que tienen más educación tienen más probabilidades de trabajar en empleos remunerados. Eso es en América Latina y en Nicaragua.

También tiene que ver con los cambios en la estructura familiar, el retraso de casamientos y de embarazos. En el caso de Nicaragua nos llama la atención ese crecimiento tan acelerado en este último periodo y nosotros creemos que puede deberse a varias cosas: hay una mayor cantidad de mujeres que están educadas e incluso tienen acceso a educación técnica, y de alguna manera han encontrado algún empleo como asalariadas o bien, impulsando iniciativas propias, porque la mayoría sigue estando en el sector informal.

Puede estar influyendo y sobre todo en el ámbito rural, algunos programas sociales que han empezado a dar recursos productivos en algunos casos y en otros recursos financieros, que les ha permitido entrar al ciclo económico.

Hay un tercer factor: hay más probabilidades de que las mujeres entren al mercado laboral cuando más miembros del hogar trabajan. Esto se da porque la mayoría de los que trabajan lo hacen en el sector informal y los recursos no son suficientes.

Ustedes decían en el estudio que si bien hay más mujeres con empleos, continúan ganando menos que los hombres.

Hay problemas de segmentación, es decir, hay una tendencia a que las mujeres estén más ocupadas en algunos puestos que por lo general tienen una remuneración menor, estamos hablando del sector informal y de servicios.

(…) Lo que nosotros observamos es que cuando las mujeres están en la escala más baja de la estructura laboral, las diferencias con el hombre se explican más por los años de experiencia, los años de estudio (que ellos tienen).

¿Es Porque ellos tienen más tiempo de estar trabajando?
Más tiempo y porque mantienen el trabajo y muchas veces porque, como se liberan de las otras responsabilidades, si tiene una voluntad de capacitarse, puede hacerlo continuamente a lo largo de la vida. Mientras que la mujer, por su ciclo biológico, y por esta carga social que la obliga a hacerse responsable del hogar, interrumpe y eso muchas veces se castiga con salario (…).

¿Está entre las causas por las que las mujeres no accedan a mejores puestos el hecho de que tienen que encargarse de otras labores, como las del hogar? ¿se ahondó en eso en el estudio?
Con base en la encuesta de M&R (de mayo, sobre el uso del tiempo) lo que encontramos es que las mujeres trabajan en promedio en cuestiones del hogar cinco horas más que los hombres, porque ellos participan en algunas labores del hogar.

Esta situación no cambia mucho con el estrato socioeconómico. Uno podría esperar que las mujeres que tienen mejor condición económica deleguen en otras personas las tareas domésticas, sin embargo no cambia mucho el tiempo que le dedican a las cuestiones del hogar. Lo otro es que cuando hay desempleo tanto de hombres como de mujeres tampoco cambia.

(…) Por eso la lucha del movimiento de mujeres sindicalistas es que las leyes también se extiendan en términos de responsabilidad paternal a los hombres. Es cierto que no pueden dar de mamar, pero sí pueden llevar al niño o a la niña en caso de emergencia.

No tiene necesariamente que ser solo la mujer la que asuma todas esas responsabilidades. Yo diría que no es solo un problema de leyes, las leyes hay que hacerlas cumplir, pero también pasan por una cultura. Si hombres y mujeres nos hemos educado de una manera es muy difícil cumplir con eso, pero no significa que sea imposible, hay comportamientos que se pueden cambiar, sobre todo desde la primera infancia.

¿Esta sobrecarga laboral contribuye a que abandonen los trabajos, a que estén más en la informalidad o que no tengan un empleo mejor remunerado?

Definitivamente y esto lo hemos hablado con gente profesional que están bien ubicada en algunas empresas. Entre el trabajo productivo y reproductivo hay un permanente conflicto entre las mujeres y por eso a mí me gusta mucho lo de la encuesta de M&R, porque enfoca ese tema. 

Uno puede pensar que una mujer que trabaja es feliz porque tiene ingresos y una cosa es lo material y otra es el ámbito espiritual, emocional y eso lo vemos en los territorios más humildes. En las mujeres que trabajan en el mercado laboral y que tienen todas estas otras responsabilidades, se crea un conflicto permanente entre el tiempo que le pueden dedicar a su profesión o a cumplir con sus responsabilidades para tener una oportunidad de ascenso, versus lo que implica estar atendiendo a su familia.

Las sindicalistas planteaban cómo hacer que las emergencias que muchas veces las mujeres, en las maquilas sobre todo, tienen que atender por situaciones familiares, no se las apliquen como castigo para después quitarles los incentivos. 

Estas son cosas tan básicas que implican para las mujeres una contradicción muy grande y esto se reproduce en un nivel de angustia y de ansiedad que no es consistente con el enfoque de desarrollo humano que deberíamos estar promoviendo.

Desde las feministas se ha insistido mucho en el tema de cómo empezar a pensar en políticas para el cuidado. Políticas que influyan desde el ámbito familiar hasta la sociedad en su conjunto, en que la reproducción social no es ámbito de las mujeres y tiene que ser compartida por los hombres.

Ustedes mencionaban en el estudio que las mujeres somos más caras como empleadas y que prefieren a hombres porque nosotras vamos a faltar más por el cuido materno y otros.

Es interesante porque eso no lo dice el estudio, lo recogimos porque eso lo decía la gente. A la gente que participó le hicimos algunas preguntas de por qué ganan menos y ahí es donde salieron estas cosas: que son muy caras porque obviamente el empresario sabe cuando la va a contratar que por distintas razones, que muchas tienen que ver con su responsabilidad en el ámbito doméstico, van a faltar; que son menos productivas, porque se parte que somos incapaces aunque en la práctica se ha demostrado que podemos superar mucho a los hombres; que no necesitan trabajar porque hay un hombre proveedor en el hogar. Se parte de premisas que además no son ciertas.

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