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Un diagnóstico de la situación de violencia de género y trata de personas en la franja interfronteriza honduro-nicaragüense, realizado en 2014 por la Red NicaSalud, reveló que más del 12% de los entrevistados respondieron que sí conocían de algún familiar o persona que fue llevada o retenida con engaños o por la fuerza para realizar trabajos en países extranjeros sin recibir pago.

Yorling Valladares, promotora de derechos humanos en el departamento de Nueva Segovia, dijo que la trata de personas es un viejo problema que se presenta en las comunidades fronterizas.

“Pero no lo mirábamos. Era invisible. Se iban 3 o 4 mujeres a trabajar fuera del país, y para nosotras es que andaban trabajando, pero no era así. Si la trata no lo vemos a tiempo, se nos va a hacer un monstruo”, advirtió Valladares.

Agregó que ante la creciente problemática, las organizaciones de derechos humanos han intensificado las visitas casa a casa, así como las charlas con las familias fronterizas, que incluyen las escuelas, con el fin de que los pobladores y los estudiantes conozcan cómo opera esta amenaza transfronteriza.

“Las familias ya están conociendo que los tratantes no solo buscan a las jóvenes con cuerpos de tales medidas. El tratante observa muchas cosas de nuestro modo de vivir, nuestra vida cotidiana, entonces conoce mejor que nadie la vida de una determinada familia”, comentó.

Aconsejó tener mucha prudencia con visitantes que llegan a las casas, porque no es posible aceptar a una persona como allegada nuestra, que le brindemos toda la confianza, que esté llegando a nuestra comunidad y se nos esté llevando lo más apreciado que son  nuestras familias”, advirtió Valladares.

Nuevo diagnóstico

Valladares señaló que con las últimas noticias publicadas en los medios la gente se está dando cuenta que la trata no es un mito, sino una realidad. Aseguró que de esta misma zona fronteriza están saliendo muchas jóvenes con destino a Panamá y Costa Rica, y aunque estos países son diferentes a los del norte de Centroamérica, “las familias deben saber qué andan haciendo sus hijas.

“Porque cuando regresan vienen cambiadas, con un nuevo look, totalmente transformadas, con otro acento, y nos quedamos asombradas”, consideró Valladares.

El número de víctimas de trata de personas no es exacto, pero saltan diferentes nombres de muchachas que se las han llevado de tal comunidad para ir a trabajar a Guatemala, algunas de ellas se fueron sin dejar un rastro de comunicación con sus familias, lo cual produce angustia entre sus seres queridos.

“Pero el dato exacto lo sabremos en septiembre, cuando se realice otro diagnóstico sobre migración de personas de la frontera. Allí sabremos cuántas personas han sido afectadas por la trata, aunque a simple vista notamos que es un delito que ha aumentado en la zona”, reconoció Danilo Pineda, técnico del organismo Alistar Nicaragua, que trabaja en conjunto con las autoridades nicaragüenses en el programa de prevención, y con Visión Mundial por el lado hondureño.

Pineda dijo que urge activar un comité interinstitucional para evaluar y planear acciones concretas en el territorio, porque el delito de la trata está en aumento.

De víctimas a tratantes

Valladares dijo que los tratantes y proxenetas se están aprovechando de todos los resquicios de debilidad institucional que hay en la frontera.

“Ya tuvimos (recientemente) el primer caso con dos niñas de 9 y 10 años que salían de clases. Dos conductores de furgones les ofrecieron dinero para que subieran a las cabinas (de los cabezales), pero una de las niñas relató que se acordó de las charlas preventivas de la escuela, entonces salió corriendo”, relató. El centro escolar está a unos metros del paso fronterizo.

También en la zona, pobladores presumen que las jovencitas que caen en manos de tratantes, pasan en el país receptor por todo un proceso de “lavado de cerebro”, haciéndoles creer que con su actividad sexual van a hacer mucho dinero, e incluso las convierten en tratantes porque retornan a sus lugares de origen para conquistar a otras jovencitas vecinas, y este factor complica aún más el abordaje del tema en la zona.

Quejas contra autoridades

La población de Nueva Segovia percibe que el delito de trata de personas actualmente avanza con cierto aire de impunidad, debido a la inoperancia o indiferencia de las autoridades competentes para perseguirlo, por lo tanto lamentan la falta de atención por parte de la Policía, de quien demandan una mayor vinculación con la comunidad.

La zona también es patrullada por el Ejército de Nicaragua, pero los lugareños se quejan de que estos soldados no tienen ninguna relación social con los pobladores.

Lo mismo dicen de la Policía fronteriza, de que no interviene en la prevención del delito en la frontera, adonde acuden comúnmente por las noches trabajadoras sexuales de Ocotal y Somoto, pero también de jovencitas de la zona, incluso de supuestas menores de edad, que se presume están siendo prostituidas.

El Nuevo Diario solicitó a la Policía de Nueva Segovia datos sobre el tema de trata, pero su vocero, el comisionado Wilmer Carrasco Ponce, adujo que toda la información concerniente a este delito está concentrada en Managua.

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