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Detrás de la puerta entre abierta de una vivienda en el oeste de Managua, se asoma una mujer con un gesto de desconfianza. Ella es salvadoreña y el objetivo de visitarla es conocer las razones que la trajeron a Nicaragua. Tras varios minutos, “Milagros” --como será identificada, porque pide guardar su identidad--, acepta contar cómo en su país natal fue extorsionada por las pandillas que acechan la vida cotidiana de miles en el país vecino.

“Teníamos una tienda pequeña --cuenta--, pero para trabajar debíamos pagar una cuota a las maras”.

El “impuesto” al cual se refiere Milagros es una práctica común de la Mara Salvatrucha (MS-13) y del Barrio 18 (M-18) en contra de los comerciantes y habitantes de las zonas que estos grupos controlan.

La primera puerta que Milagros y su familia tocaron fue Canadá. Ahí no hubo suerte y optaron por Nicaragua. Aquí, dice, la situación fue distinta.

“Hicimos la solicitud. El Gobierno realizó sus investigaciones y comprobó que nuestra historia era cierta. Nos apoyaron y desde hace un año y medio estamos residiendo legalmente en Nicaragua. Es un nuevo comienzo”, festeja.

Sin embargo, también resalta que por la corta distancia entre Nicaragua y El Salvador prefiere no revelar sus datos para no exponer a algún miembro de su familia.

“Tenga por seguro que en cada salvadoreño que haya por aquí, hay una historia similar”, asegura Milagros.

SE INVIERTEN DESTINOS

Emma Pelegrín Cruz, responsable del área de investigación del Servicio Jesuita de Migrantes (SJM), cree que Milagros no se equivoca y sostiene que situaciones como las de esta salvadoreña y su familia han incrementado en Nicaragua.

Según Pelegrín, durante el último año y medio el Servicio ha observado un aumento en las solicitudes de salvadoreños que aspiran a residir en Nicaragua.

En el 2010, El Salvador era el cuarto destino de los migrantes nicaragüenses que partían en busca de trabajo. Ahora, dice la ejecutiva, la realidad se ha invertido.

“Nicaragua ha dejado ya a El Salvador como cuarto destino para ir en busca de un trabajo y ahora son los salvadoreños quienes están viniendo a Nicaragua en busca de un medio de vida”, indica Pelegrín.

Para obtener el estatus de refugiado en Nicaragua, los migrantes deben demostrar que su vida corre peligro en su país de origen. La respuesta depende del Gobierno.

De acuerdo con la especialista, tan solo entre el 2014 y lo que va del 2015, el SJM ha recibido 17 casos de personas salvadoreñas que desean permanecer en Nicaragua, bajo el estatus de refugiados.

Carlos Ascencio, Embajador salvadoreño. Alejandro Sánchez - END“Esta migración es de tipo urbana y las personas que salen de centros urbanos por supuesto buscarán asentarse en ciudades y Managua es en principio el destino más apreciado”, detalla Pelegrín.

RECHAZAN CAMBIOS

Sin embargo, el embajador de El Salvador en Nicaragua, Carlos Ascencio, considera que el flujo migratorio entre ambos países se mantiene normal.

“Fíjese que aquí se ha dicho que hay venida de personas de allá de El Salvador. En realidad el movimiento migratorio entre Centroamérica se mantiene tal cual como ha estado ocurriendo siempre”, asegura el diplomático.

Ascencio se excusa por la falta de datos estadísticos, pero sostiene de forma enfática que “nosotros (en la Embajada) no registramos un incremento de población salvadoreña que venga a quedarse a Nicaragua”.

Según el embajador, la presencia de salvadoreños en Nicaragua ha sido histórica, de manera que no le alarma que durante una gira de trabajo realizada hace un par de semanas se haya encontrado con 67 familias salvadoreñas en el municipio de Nueva Guinea, en la entrada al Caribe Sur de Nicaragua.

“En su gran mayoría están dedicadas al comercio y la agricultura. Al igual que en la ciudad de Estelí (del norte del país) hay buena presencia de salvadoreños organizada”, compara Ascencio.

EL DETONANTE

La especialista del Servicio Jesuita de Migrantes considera que la violencia, las amenazas, las coacciones, los daños a la integridad física y las extorciones son las principales razones por las cuales los salvadoreños aseguran que han huido de su país.

Este agosto, por ejemplo, El Salvador ha vivido uno de sus meses más violentos, con un récord de 51 homicidios en un solo día, que ya elevó a 4,083 el número de asesinatos en lo que va del año.

El embajador Ascencio explica que la mayoría de las muertes son pandilleros enfrentados en encuentros con grupos rivales. Sin embargo, también es cierto que en estos primeros ocho meses del 2015 esas cifras igual incluyen a 45 agentes de Policía y a 13 militares.

 

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