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Cuatro años atrás, Isabel Sosa Castillo vivía sola en Esquipulas, Matagalpa, en el norte del país. Un día, su hermano llegó a visitarla desde Matiguás, la notó un poco enferma y decidió llevarla a un hospital para que le realizaran un chequeo médico. Los resultados confirmaron un delicado estado de salud producto de su avanzada edad. Doña Isabel tenía entonces 74 años y la recomendación médica incluía una rutina con cuidados especiales.

El doctor que atendió a los hermanos Sosa les sugirió un lugar donde doña Isabel podía vivir más tranquila: el Hogar de Ancianos San Pedro Claver, ubicado en el kilómetro 19 1/2 de Carretera a Masaya, a unos 120 kilómetros de distancia del municipio de Esquipulas. Doña Isabel hizo sus maletas y desde entonces ese hospicio es su nueva residencia.Isabel Sosa, de 78 años, llegó de Esquipulas, Matagalpa.

VIDA DE RECUERDOS

En un pasillo del hogar, doña Isabel comparte su rutina con otros adultos contemporáneos a su edad. Ella se define como una mujer conversadora, pero hay días en que no se siente de buen ánimo. A principios de este mes tuvo uno de esos días. Uno en los cuales recuerda la desaparición de su hijo único durante la guerra de los años ochenta y la reciente muerte de su mamá. Son recuerdos que le causan tristeza, entonces llora y conversa poco.

En otros, sin embargo, se ríe contando sus travesuras juveniles, de cuando se “escapa de la escuela” porque, dice, “las clases me aburrían y me gustaba más salir a platicar con mis amigos”.

Además, le encantaba ir a bailar los fines de semana y asegura que siempre fue una mujer coqueta. Esta mañana de agosto, precisamente, lleva un vestido hasta la rodilla y el cabello recogido en una moña. En este hogar, doña Isabel se siente cómoda.

SITIO TRANQUILO

En el mismo terreno del hospicio funciona un colegio que también lleva el nombre del misionero y sacerdote jesuita español Pedro Claver Corberó, canonizado en enero de 1850. Y al otro lado del muro, que rodeaba a los edificios, está la transitada Carretera a Masaya.

Paulino Araica tiene 90 años.Sin embargo, en el pasillo del hogar no se escucha bullicio alguno, sino el canto de las aves y el ruido que causa la brisa al pasar.

De vez en cuando, en el pasillo, a doña Isabel le acompaña doña Aura Lila Vado, otra residente del hogar, quien ya perdió la cuenta de su edad y habla con un tono de voz tan bajo que uno debe acercarse y prestarle mucha atención para poder oírla. Pero ella ha estado atenta a la conversación con doña Isabel y aclara que a diferencia de su compañera ella ha sido una mujer tranquila, muy poco dada a las fiestas y más dedicada a los quehaceres de su hogar. Ahora la edad ha hecho que ambas coincidan en el ritmo de sus días.

Según Silvia Solano, enfermera del hogar, la mayoría de los abuelos que residen en San Pedro Claver padecen hipertensión, diabetes o esquizofrenia y algunos, como doña Aura Lila Vado, sufren demencia senil.

ATENCIONES

“A todos los tenemos controlados, pero en cualquier momento surgen complicaciones y requerimos de medicinas que no tenemos”, explica Solano.

En la actualidad, el hogar atiende a 32 adultos mayores que provienen de diferentes departamentos del país, entre ellos Managua, Masaya, Matagalpa, Chinandega y hasta una abuelita de Bluefields.

La mayoría, según Solano, llegó por el Ministerio de la Familia, por lo que en todo el año varios de ellos no reciben ningún tipo de visita. Y a otros, sus familiares solo los visitan una vez al mes.

Esta mañana de agosto, don Paulino Araica se ha acomodado algo alejado de los demás residentes del hogar. Al final del pasillo, sentado en una silla de ruedas, reflexiona sobre su vida.

Él tiene casi 90 años de edad y cuenta que en su juventud fue un chavalo amante de los deportes.

Practicó futbol y boxeo, pero su favorito era el beisbol. Además, se autodenomina como un “combatiente histórico”, aunque a esta edad, aclara que al hogar llegó en contra de su voluntad.

“Mis propios parientes me vinieron a dejar. Se me robaron mis tierras allá en Managua y como no me quería con ellos, me encerraron aquí”, comenta. Sin embargo, tampoco se queja de su estancia. “Me atienden bien --detalla-. Siempre ando vestido y lo mejor es
que tengo la comida asegurada”.

Urgen medicamentos

NECESIDADES • Los 32 abuelitos del Hogar San Pedro Claver también reciben atención médica de parte de las religiosas a cargo y de personal especializado. Sin embargo, a menudo se enfrentan a la falta de medicamentos.

Cada mes, las religiosas gastan entre 18,000 y 20,000 córdobas en medicamentos de uso permanente. No obstante, cuando un anciano se enferma de forma repentina, el gasto es mayor.

También los utensilios de uso personal escasean en el hogar.

“Lo que se nos va rápido son los jabones, el champú, las cremas y los pampers; incluso nos falta hasta el calzado”, detalla Solano.

La hermana Eveling Prado, directora del colegio San Pedro Claver, comenta que algunas empresas realizan donativos para garantizar el bienestar de los ancianos.

“Contamos --precisa-- con el apoyo de Laboratorios Rarpe, Café Soluble, Pollo Tip Top y Carnes San Martín”.

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