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“Con tres días de trabajo destinados a la construcción de esta infraestructura estoy garantizando entre otras cosas la salud de mi familia”.

Las palabras las dice Pedro Cruz, un tipo macizo y con facilidad de palabra.

Cruz es el jefe de una de las 160 familias que en la comunidad La Gallina, San Rafael del Sur, a 59 kilómetros de Managua, hasta hace poco no tenían un baño, por lo que estaban obligados a compartir las pocas letrinas de la zona.

La realidad, sin embargo, les ha cambiado con el proyecto Eco-Baños, una iniciativa impulsada en conjunto por la no gubernamental Hábitat para la Humanidad y Fundación Femsa Coca Cola.

El programa tiene como propósito fundamental mejorar las condiciones higiénicas de los pobladores.

“Este proyecto ha venido a mejorar las condiciones para las cuatro familias que estamos ubicadas en este mismo terreno, antes todos compartíamos la misma letrina, hoy tenemos un baño para cada una de las casas”, resaltó Cruz.

La Gallina es una zona rodeada por un bosque seco que aglutina a más de 200 familias integradas en promedio por cuatro personas. La ganadería menor, así como las actividades agrícolas, junto con el nexo al ingenio azucarero cercano son las opciones laborales para la población.

Según un diagnóstico efectuado por Hábitat en 2013, el 76% de la población vive en extrema pobreza y el 87% de las casas no contaban con una alternativa sanitaria distinta a la letrina tradicional.

Por su parte, un informe Regional del Estado de la Vulnerabilidad y Riesgos de Desastres en Centroamérica, divulgado el año pasado por la Organización de las Naciones Unidas, destaca que en Nicaragua solo un 57% de los nicaragüenses tiene un sistema adecuado de saneamiento y alerta que el 5% de la población todavía defeca al aire libre, lo que representa la tasa más alta en la región.

IMPACTO

En La Gallina, mientras tanto, las cosas han cambiado con los ecobaños.

“Tanto niños como adultos realizábamos nuestras necesidades al aire libre, o bien pedíamos prestada la letrina de alguien que tuviera una”, rememora María Isabel Calderón, madre de tres hijos.

Esas prácticas a la postre terminaban incidiendo en la salud de los habitantes, porque contaminaban el subsuelo y los ríos cercanos desde donde se abastecían de agua.

Esa situación facilitaba enfermedades como diarrea, erupciones en la piel y parásitos.

“Estas personas estaban consumiendo agua que contenían coliformes fecales. Cuando se realizaron pruebas a la calidad del agua descubrimos que esta tenía un 23% de contaminación, por eso la implementación de estos proyectos ha servido para mejorar su salud”, señaló Alma Rodríguez, encargada de la construcción de ecobaños por parte de Hábitat.

En este sentido, Frank Matus, representante de Hábitat para la Humanidad en Nicaragua, refirió que desde hace un par de años la organización y sus aliados hicieron una primera intervención en la comunidad.

“Desarrollamos un proyecto para garantizar que los pobladores tuviesen acceso a agua segura para el consumo”, explicó Matus.

Agregó que como una manera de intervenir positivamente en la zona, la organización ha establecido alianzas con el gobierno municipal y otras organizaciones, pero sobre todo con la comunidad, especialmente en lo concerniente a proveerles de conocimientos de manejo ambiental.

“Ese manejo responsable del impacto ambiental se inició a gestar en 2014 con la implementación del proyecto para construir 160 Eco-Baños para la población de la localidad, el cual contó con una fase educativa para el usuario en lo referido a la construcción, uso y mantenimiento”, mencionó Matus.

MEJORAS

Según la explicación de Marc Pérez, consultor independiente vinculado a Hábitat, el ecobaño es un sistema de saneamiento que funciona como una pequeña planta de tratamiento doméstico.

“Está integrado por cuatro componentes básicos: caseta y taza; biodigestor -que consiste en un tanque hermético donde se degrada la materia -; un biofiltro o tratamiento secundario, donde se finaliza el tratamiento de las aguas; y el pozo de absorción para la posterior infiltración del agua tratada al suelo”, señaló Pérez.

Tanto Pérez como Rodríguez mencionaron que el modelo del Eco-baño tiene un costo de US$600 y el mantenimiento de los mismos estará siendo administrado por los propios pobladores.

La vida útil del dispositivo estará en dependencia del uso y manejo que reciba, pero en promedio el primer vaciado del tanque hermético puede hacerse en dos años.

“Y otra ventaja medioambiental está referida a que las excretas que se extraigan pueden ser empleadas como abono gracias al tratamiento”, dijo Pérez.

El problema del agua

SITUACIÓN • En la comunidad La Gallina existe energía eléctrica, sin embargo el acceso al agua es todavía limitado.
Sobre la calle principal suelen verse esporádicamente a personas que trasladan agua en pequeños carretones desde el pozo comunal, ubicado a un kilómetro de distancia desde el caserío.

“El agua potable es un detalle fundamental en esta comunidad, porque ha habido hasta accidentes, de hecho hace un par de semanas un compañero de la comunidad fue atropellado por una camioneta que aventajó y se lo pasó llevando cuando volvía de acarrear agua”, contó Ana Montes Sánchez.

Sánchez, casada y de 17 años, comenta que diariamente deben recolectar un barril de agua con capacidad para 12 latas, con el cual realizan las actividades del hogar, consumo y aseo.

Y aunque reconoce que el contar con un ecobaño ha sido beneficioso para su familia, considera que es necesario se implemente un proyecto desde el gobierno municipal para mejorar el acceso al agua en la zona.

“Sería bastante bueno que viniera el proyecto de agua potable, que se quedara permanentemente”, dijo Sánchez.

Precisamente, el pozo del que se abastecen con agua los pobladores de La Gallina fue una de las primeras intervenciones que Hábitat para la Humanidad efectuó en la zona.

En ese entonces se brindó el acceso a agua apta para consumo a 163 familias.

 

 

 

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