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Lo primero que llama la atención al ingresar en este recinto es la calma y limpieza del lugar. El silencio es apenas interrumpido por la risa esporádica de un niño o la música clásica que suena a un volumen moderado.

Con voz amable y una sonrisa serena, una mujer sale al encuentro de la señora que viene acompañada de su pequeño nieto. Él se llama Michael, tiene 7 años, y su primer gesto en el lugar es de resistencia, pero poco a poco comienza a ceder ante las voces cariñosas de su abuela y Patricia López, directora de la Fundación Centro Años Mágicos, un espacio que reúne a 50 personas con discapacidad.

“Michael es un niño que tiene autismo, pero también entre nuestros asistentes hay unos con Síndrome de Down, sordos o con parálisis cerebral, y atendemos jóvenes y adultos”, explica López.

Psicoballet y Teacch

La idea de formar este centro especializado inició hace siete años. López, junto a un colectivo de madres de niños y jóvenes con distintos tipos de discapacidad, dio forma a la idea después de notar que al crecer las citas con los especialistas se hacían más prolongadas.

López nació en Colombia y ahí inició una formación artística que luego continuó como maestra de danza para niños con discapacidad en el Hogar Pajarito Azul, de Managua.

Ahí, desde 1997, adecuó sus conocimientos y se capacitó en otras metodologías para la atención integral de quienes asisten al Centro. Esas técnicas se denominan: Psicoballet y el Programa para el Tratamiento y Educación de Niños con Autismo y Discapacidades de Comunicación Relacionadas (Teacch, por sus siglas en inglés).

Ambas metodologías propician la independencia funcional de las personas con discapacidad.
“Iniciamos a vincular los dos métodos para las personas que asisten al Centro y con quienes trabajamos las áreas psicoterapéuticas y psicopedagógicas, esta última vinculada más a las personas con autismo y problemas de comunicación”, manifiesta López.

Ganan independencia

En el Centro Años Mágicos trabajan de forma integral con el desarrollo de la parte cognitiva, para lograr la independencia funcional de niños y jóvenes que de otra manera necesitarían de la asistencia permanente de otras personas.

El método Teacch procura desarrollar y reforzar la coordinación motora y visual y la motricidad fina y el Psicoballet complementa el desarrollo de la motricidad gruesa, lo estético y la socialización.

“El método Teacch es una forma muy estructurada de aprender para personas con autismo que así puedan orientarse y concentrarse mejor. Por eso se establece el material que ellos trabajarán, la zona donde lo harán y el tiempo que deberán invertir en realizarlo”, agrega Angélica Krüger, educadora especial y parte del colectivo de instructores del Centro.
Los padres que acompañan a sus hijos en el Centro coinciden en que los programas mejoran las capacidades de los niños y jóvenes.

Madres satisfechas

Yael Chow, madre de Yareni Rugama, una niña de 5 años que tiene Síndrome de Down, llegó al Centro hace seis meses, por recomendaciones de otra mamá.

“Aquí en el Centro, tanto ella como yo, hemos ido aprendiendo a implementar técnicas para mejorar su comportamiento, las órdenes, cómo hay que impartírselas, la manera en la que hay que tratarla, y el cambio en su actitud ha sido notoria. La niña está más calma, obedece órdenes que se le dan. Eso, además de ser una ayuda para la niña, es una ayuda para la familia”, comenta Chow, confiada en que algún día la pequeña Yereni logre ingresar al sistema de educación nacional.

Mariela Pérez, madre de María Celina Baltodano, diagnosticada con el síndrome de Cornelia de Lange y autismo, considera que las técnicas aprendidas han mejorado la destreza motora de la niña: “aprendió a sentarse, a usar el servicio, aunque todavía no de manera independiente, ha aprendido a socializar más con sus compañeros, ha mejorado en el contacto visual y físico, da besos y abrazos”, detalla.

También Jessenia Carrillo Pérez, madre de Ángel Gabril González, un niño con autismo, asegura que a través del Psicoballet su pequeño ha logrado establecer contacto físico con otros miembros de la familia. “Antes --recuerda-- él solo permitía que su hermana, su papá y yo le tocáramos y rechazaba a sus tíos y abuelas, que son también cercanos, pero con el trabajo que se ha hecho aquí, él ya se acerca, saluda abraza y besa”.

Apoyo financiero al Centro

Recursos • Patricia López, directora y fundadora del Centro Años Mágicos, explica que para el sostenimiento financiero del local los padres brindan un aporte proporcional a sus capacidades al inicio de cada año. Además, como asociación reciben algún apoyo extra para su operatividad del mismo, como el de la asociación suiza Ascamani.

También “el Ministerio de la Familia destina una porción de su presupuesto para el Centro y hacemos algunas actividades para obtener recursos. Habría que ver si se puede lograr en el futuro el apoyo de la empresa privada también”, destaca López.

1 hora duran las clases de Psicoballet que el Centro Años Mágicos ofrece todos los días, en Managua.

7 personas trabajan directamente en el Centro. Además, reciben la visita regular de especialistas extranjeros.

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