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Juan Pablo Gómez, investigador y profesor titular del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (Ihnca), de la UCA, analiza en esta entrevista el legado y pensamiento del Movimiento Reaccionario, que en su faceta literaria ha sido conocido como movimiento de Vanguardia, y estaba conformado por Pablo Antonio Cuadra y José Coronel Urtecho, entre otros.

Tras dos años de investigación, Gómez desmenuza las ideas políticas de estos prolíficos autores. “Para ellos no hubo mejor momento de paz social, de mayor control de la población que durante el régimen colonial y sus modelos de orden están allí”, anota. Detalla, asimismo, los nexos que tuvieron con las juventudes fascistas de Chile y de Argentina.

La investigación será publicada en un libro que aún no ha salido y un extracto está contenido en la Revista de Historia 30 del Ihnca, que contiene importantes investigaciones históricas.

El Movimiento Reaccionario eran varones intelectuales, conservadores, mencionabas a Pablo Antonio Cuadra, a Cabrales, ¿cuál fue su principal característica?

Este grupo cultural ha sido tratado, considero, más en su versión literaria, como movimiento de Vanguardia, que en la política. Puedo mencionar a dos autores que han reflexionado al respecto, Andrés Pérez Baltodano y Leonel Delgado. El primero de ellos señala algo importante: que ellos como movimiento de Vanguardia tuvieron una trascendencia fundamental para la literatura y los movimientos literarios del s. XX, sin embargo, dice, su trascendencia política es nula, ¿por qué razón? Porque fueron imitadores del fascismo internacional. 

Leonel Delgado, por su parte, dice que los vanguardistas con Somoza trataron de convertir su posición cultural en una posición política a través de la captura del Estado, sin embargo como Somoza rompe rápidamente —eso también es un poco discutible porque habría que matizarlo, José Coronel Urtecho siguió de largo con Somoza— es que no logran llevar su poder cultural al poder estatal.

Yo reconozco las posiciones de ambos, pero trato de matizar un poquito más, concentrándome en su posición política. Postulo que su pensamiento político sí tuvo una trascendencia muy importante para el s. XX. y pensaría yo que sigue hasta cierto punto vigente. No a través de otros autores que han seguido su legado, sino de cómo sus ideas se sedimentaron en la sociedad.

En mi trabajo estaba muy interesado en saber cómo se discutían las relaciones dictadura-sociedad en Nicaragua y para mí ellos fueron un caso de estudio. Su sistema de pensamiento me permitió entrar a analizar la configuración de un modelo de autoridad en un contexto altamente significativo como lo fue la década de 1930. En su pensamiento localicé dos rutas genealógicas de la autoridad: la masculinidad y la colonialidad.

La colonialidad se refiere a cómo, a pesar que estamos hablando de sujetos culturales nacionales, su base no es nacional sino colonial. Desde su perspectiva, las bases de la nación no se encontraban en la independencia ni en el período posterior a ella, sino en la conquista y en el régimen colonial que lo consideran un tiempo de paz y orden social. Para ellos no hubo mejor momento de paz social, de mayor control de la población que durante el régimen colonial y sus modelos de orden están allí (…). 

En mi trabajo me intereso por ver los legados coloniales y de género que se transmitieron a través de las prácticas escriturarias de los miembros del Movimiento Reaccionario. Una de las principales aporías que noto es la siguiente: el Movimiento Reaccionario configura un proyecto de cultura nacional, pero la imaginación que desea materializarla es absolutamente imperial/colonial. 

A ellos se les reconocía como intelectuales, ¿qué tanto calaron esas ideas?

Te puedo dar un ejemplo de cómo ha calado: la cultura católica y la intersección entre nacionalismo, catolicismo y autoritarismo. Cuando el Movimiento Reaccionario va al régimen colonial evidentemente nos están hablando del catolicismo como base cohesionadora de lo nacional. Definitivamente seguimos atrapados como sociedad en este relato (…). 

Ahí hay un encadenamiento entre política y religión en la que seguimos atrapados. Un ejemplo de eso es la manera en la que el Gobierno actual ha capitalizado la religión políticamente (…).

Además de colonialidad hablás de masculinidad.

Tiene que ver cómo en las prácticas de escrituras, podemos ver una alianza patriarcal que establecieron estos intelectuales y esta alianza no la hacen con nadie del S. XX sino que la hacen con los conquistadores. Ellos ven al pasado para generar una ruta de nación y su ruta genealógica es básicamente Dios, Cristóbal Colón, los colonizadores y luego ellos mismos, los reaccionarios intelectuales. 

Lo que argumento es que eso les sirve a ellos como una base para decir: en la Nicaragua de hoy nosotros tenemos autoridad cultural para formar un proyecto de nación. Con la difusión de una cultura y subjetividad colonial, este grupo cultural sedimentó las diferencias y jerarquías de género que reprodujeron los procesos colonizadores a nivel global en general y en América en particular. 

Los hemos conocido como vanguardistas, ¿ellos se autodenominaban como reaccionarios?

Se autoconsideraban reaccionarios y José Coronel Urtecho fue quien mejor lo explicó: ellos miraban a su alrededor una sociedad muy conservadora que en el s. XIX había tenido muchos años de anarquía y de guerras civiles. Tienen interés en contribuir en lo que llamaron el ordenamiento y la paz social. Necesitaban tener una reacción frente al contexto del que formaban parte y, de hecho, uno de sus principales medios de difusión es el diario La Reacción, fundado en 1934.

Tenemos un enorme respeto por el movimiento, y no significa que no debamos tenerlo, pero mucho de su legado político debe ser discutido”. Juan Pablo Gómez, investigador y profesor

Además de este diario, fueron intelectuales prolíficos, escribieron en revistas y periódicos que estaban circulando (…). En estos establecían lo que consideraban su reacción ante, por un lado la amenaza del marxismo y el socialismo y, por otro lado, al proyecto de modernización liberal norteamericano. Hay que entender ese contexto como de luchas, de batallas culturales.

Nuestra verdadera cultura es católica, dicen. Y los recursos que tenemos para responder son el catolicismo y el hispanismo y eso nos habla de una alianza intelectual realmente trasatlántica, se alían con los intelectuales españoles, Ramiro de Maeztu fue uno de los líderes del proyecto hispanista que fue muy influyente en estos autores. Establecen alianzas con los españoles, con el fascismo italiano. Establecen alianzas con las juventudes fascistas de Chile, de Argentina, con los reaccionarios y las juventudes católicas de Argentina.

Me parece que quien impulsó más esas alianzas es Pablo Antonio Cuadra. En la década del 30 hace un viaje a distintos países de Sudamérica y escribe sus memorias, están publicadas, y él va hablando en esas memorias de cómo las juventudes fascistas argentinas es uno de sus principales ejemplos a seguir, cómo su núcleo intelectual en Nicaragua debe ver como buen ejemplo a las juventudes católicas deArgentina.

Pablo Antonio Cuadra luego llega a España y en 1940 entrevista a Francisco Franco y habla del caudillo como la figura política que debemos recuperar en América latina, y pone a Franco como el ejemplo, como el baluarte del hispanismo y de proyecto político (…). Si recuerdo bien, el 30 de marzo de 1939, La Prensa publicó una página de homenaje de la juventud nicaragüense a la España imperial de Franco. 

Hasta donde sé, estas afinidades, estas entrevistas entre Pablo Antonio Cuadra y Franco no han sido muy consideradas en las investigaciones que se han hecho sobre el movimiento de vanguardia. Es decir, tenemos un enorme respeto por el movimiento, y no significa que no debamos tenerlo, pero mucho de su legado político debe ser discutido.

¿Su pensamiento político fue llevado a la práctica?

Algunos investigadores han contestado negativamente a tu pregunta y, en términos generales, han minimizado las implicaciones prácticas de los posicionamientos políticos del Movimiento Reaccionario. Yo quisiera verlos más bien como una especie de síntoma de su propia sociedad. Por ejemplo, Pablo Antonio Cuadra es un intelectual que mantuvo los legados de los que hablé antes a través de su obra cultural y de su pensamiento político. 

(…) Creo que Pablo Antonio es el intelectual nicaragüense del S. XX con mayor participación en revistas culturales, y luego José Coronel Urtecho y Diego Manuel Chamorro fueron diputados constituyentes en el 38, que desembocó en la nueva Constitución Política de 1939.

Mucho del trabajo que se ha hecho ha dicho “ah bueno, es que entró Somoza y nos cortaron y ahí se acabó esta idea del fascismo”, pero si le damos seguimiento, ellos siguieron influyendo e impulsado su proyecto de cultura nacional y su proyecto político en distintas instancias.

En 1938, por ejemplo, una de las principales discusiones de la Constituyente fue lo que los medios llamaban en ese momento “la cuestión religiosa”, el tema del estado laico. Somoza nombra como ministro de Educación a Hernán Robleto y aparentemente él brinda discursos en los que dice que va a eliminar la enseñanza de la religión de las escuelas públicas, que se puede enseñar religión, pero en las escuelas privadas. En ese momento empiezan una serie de ataques y esa discusión la llevan al proceso constituyente. 

José Coronel Urtecho y Diego Chamorro, una vez que no fue posible establecer la catolicidad del Estado nicaragüense en ese proceso constituyente, escriben una carta en la que se oponen a eso y argumentan por qué Nicaragua debe ser un estado católico. A esto se sumaron también las damas católicas, sobre todo de Granada, pero también de otras partes del país. Lo interesante para mí es cómo tratan de depositar en Somoza la autoridad religiosa y la autoridad del padre.

Buena parte de las investigaciones que estamos haciendo en el Instituto de Historia de la UCA es cómo discutir de otra manera el pasado somocista. Hasta el momento las investigaciones se han concentrado en hablar de los excesos de poder, de la corrupción y hemos concentrado las responsabilidades en una cúpula. En el Instituto estamos tratando de concentrarnos más en la sociedad y en distintos sectores sociales, uno de ellos los intelectuales, otros son los sectores católicos organizados, y otros las élites empresariales.

¿Qué te motivó a revelar este otro lado de personas a las que hemos visto solo por sus aportes literarios? Muchos pensarían que este es una especie de lado oscuro.

No sé si lado oscuro, pero sí pensaría que nos brinda muchos elementos para reconocernos como sociedad, incluso hoy en día. No quiero decir que ellos son responsables, ellos eran parte de algo (…). 

El experto

Juan Pablo Gómez

Ph. D., en Latin American Cultural and Literary Studies, Ohio State University. Máster  en Ciencias Sociales. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).
Investigador y profesor titular del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA).

 

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