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La nicaragüense Lucha María Cano y el salvadoreño Armando Córdoba es una de las tantas parejas que ha abandonado El Salvador por razones de inseguridad en ese país, y han decidido montar algún negocio para sobrevivir en Nicaragua.

En esta caso abrieron una venta de pupusas llamada San Miguel, que funciona desde hace cuatro años en las cercanías de la Universidad Politécnica de Nicaagua (Upoli).

Tras conocerse en Nicaragua esta pareja decidió irse a vivir a El Salvador para montar un negocio de pupusas, pero debido a las extorsiones que sufrían por parte de grupos mareros, decidieron abandonar el vecino país y montar su negocio en Managua.

“Si uno no les pagaba a esa gente (las maras), uno corría peligro, por lo que no se podía vivir tranquilo. La inseguridad en ese país es horrible. Decidimos regresar a Nicaragua porque aquí es más tranquilo para trabajar, ya llevamos cuatro años aquí”, expresó Cano.

Esta pareja no es la única que ha decidido escapar de la violencia. Según Cecilia Medrano, de la Fundación San Cristóbal, unas 20,000 personas procedentes de El Salvador solicitaron asilo o refugio en Nicaragua en 2014 debido a las amenazas de las maras.

OTROS DESTINOS

Nicaragua se vuelve uno de los lugares más llamativos para ponerse a salvo según la perspectiva de los salvadoreños, pero no todos corren la misma suerte que Lucha y Armando, algunos no logran establecerse y estabilizar su economía, por lo que toman la decisión de trasladarse a Costa Rica y Panamá, agregó Medrano.

Esta situación de inseguridad aún es un tema de preocupación para algunos salvadoreños que radican en Nicaragua. Algunos de ellos aún visitan El Salvador en busca de ingredientes para abastecer sus negocios de alimentos, aunque en muchas ocasiones se les hace imposible por la situación violenta que vive en el país.

Uno de esos casos es el del restaurante Rincón Salvadoreño, ubicado en los semáforos de Enel central, en Managua, en el que sus propietarios aún visitan El Salvador.

Francis Sacasa, hija de la propietaria dijo a El Nuevo Diario que en ocasiones no es fácil tomar la decisión de ir. “Una prima nos dijo que ni se nos ocurriera llegar por allá ni de visita, porque la situación está bien fregada, el transporte está totalmente paralizado y hasta han habido muertos”, relató Sacasa.

 

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