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Javier Urbano Reyes es coordinador del Programa de Asuntos Migratorios de la Universidad Iberoamericana de México. En esta entrevista aborda la necesidad de una política migratoria integral.

Urbano Reyes participó en el II Seminario Internacional sobre las Migraciones, efectuado recientemente en la Universidad Centroamericana.

El gobierno mexicano ha creado las fiscalías especializadas en delitos contra migrantes, ¿qué tan efectivas han sido?

Las fiscalías empezaron a ser una necesidad por el tema de la violencia desmedida, no tanto por el tema de atención a migrantes.

Ciertamente había un proceso de protección a los migrantes mexicanos porque ellos en alguna medida podrían acceder a un sistema de protección de justicia, y en ese sentido se entendía que las instancias no eran necesarias en términos de especializarse en migrantes mexicanos porque eran mexicanos y por tanto la estructura estaba obligada a protegerlos.

Se empieza a notar mucho la necesidad de atención a migrantes por el tema de las constantes violaciones, desapariciones, aparición de gente mutilada, secuestros contra migrantes centroamericanos y ahí nace una exigencia al Estado mexicano de especializar un área.

¿Pero qué tanto se judicializan los casos?

Nosotros tenemos una serie de exigencias muy puntuales sobre el tema. El problema radica, y lo hemos reclamado constantemente, en la falta de capacitación, falta de sensibilización de los funcionarios que tienen el primer contacto con los migrantes y en esa terrible y aún vigente percepción de que si eres extranjero, deberás tener otro tratamiento jurídico, por tanto la figura de judicialización es mala en tanto se le asume al migrante como un agente externo a la responsabilidad del Estado. En ese sentido, ahí está la parte grave, el patrón de conducta.

Se plantea que el problema es del país que expulsa, no, es que tú también lo recibes, y le provees condiciones. Si están trabajando es porque son necesarios estructuralmente a tu economía y no puedes argumentar que son problemas de Nicaragua”.  Javier Urbano Reyes, coordinador del Programa de Asuntos Migratorios de la Universidad Iberoamericana de México.

Ya tenemos una vía… hace cinco años no teníamos una vía para poder acceder a la justicia para migrantes no nacionales. La existencia de la fiscalía es pertinente y es positiva, lo terriblemente negativo es la forma de intervenir en los casos, termina judicializando y no humanizando. Creo que ahí hay una pequeña frontera…

Nos hacía falta la fiscalía, no teníamos una línea de colaboración con el Estado para buscar castigo a los que violentaban a estas personas, ahora dependerá mucho de la sociedad civil, que presionemos para que ese perfil judicialista que tenemos sea dignificativo.

Usted habló sobre la necesidad de políticas que vayan más allá de las migratorias básicas.

En toda Latinoamérica y el mundo en general llevamos repitiendo una expresión que está vacía de contenido y se llama política migratoria integral. Es una expresión que permite hacerse tontos, es no comprometo porque digo “política migratoria integral”, pero como nadie sabe medirla, nadie se compromete a dar cuenta sobre la misma.

Lo que he propuesto es darle sentido a través del concepto de ciclo de movilidad. En todos los ciclos de movilización del migrante se requieren mecanismos diferenciados de atención, cuando tú sales estás violentando el principio del derecho a no migrar, es decir, no generaste las condiciones propicias para que el migrante tuviera la posibilidad de quedarse.

El migrante está siendo expulsado.

Está siendo expulsado por la exclusión, ahí hay un fracaso puntual y contundente del Estado origen. Cuando el migrante empieza a transitar, y ahí hablo del caso mexicano, es sujeto de una terrible violencia y por tanto no se le protege el derecho a la integridad, a la dignidad y a la vida, por tanto el estado falla, y gravemente porque tiene costos en la vida, en la familia.

Luego, cuando ya llega al país que lo recibe, sea en forma o no documentada, el migrante va a sufrir la otra exclusión. Llega a los puestos peor pagados, a los puestos más indignos, a los más riesgosos y carece de toda estima social y por tanto ahí el estado que recibe fracasó al no proveer las condiciones básicas para que esta persona viva dignamente.

Hay una triple exclusión, desde el estado que expulsa, el estado por donde transita y el que recibe, pero peor aún, cuando retorna requiere un proceso de atención y protección para la reintegración.

Cuando hablo de política migratoria integral digo: el estado o los estados deben de generar mecanismos de atención diferenciados según el tipo de demandas que tenga el migrante, según su perfil y su temporalidad. Para poder decir política migratoria integral, ¿proveo condiciones para que se queden? No puedo. ¿Proveo condiciones para que transiten libremente?

No puedo. ¿Proveo condiciones para que se asienten dignamente o para que retornen y se reintengren en forma digna y eficiente, es decir, reducir la temporalidad de la palabra inmigrado o migrante?

Ese círculo requiere atenciones especificas del estado, cuando tú lo atiendes en los ciclos de movilidad estás hablando de toda la integralidad de su movimiento migratorio, por tanto hablar de política migratoria integral es: atendamos al migrante en todo el ciclo de su movilidad.

¿Eso implicaría que como estados tendrían que sentarse los tres para definir las políticas?

Sin duda, este es un fenómeno social en donde la mitad de las soluciones están en Nicaragua y la otra mitad en Costa Rica, es 50-50. Hay una tontera tremenda: se plantea que el problema es del que expulsa, no, es que tú también lo recibes, y le provees condiciones, si están trabajando es porque son necesarios estructuralmente a tu economía y no puedes argumentar que son problemas de Nicaragua, es también un asunto a gestionar entre dos, por lo menos.

La migración de México hacia Estados Unidos no es reto solamente para México, si así fuera, no estaríamos levantando los mexicanos tres o cuatro millones de toneladas en la zona de agricultura porque si no se echaban a perder los cítricos, por darte un ejemplo. Económica y estructuralmente son necesarios.

Y la migración Centroamérica-México no se puede resolver desde la política pública lineal.

Analista

Javier Urbano Reyes.
México.
Coordinador del Programa de Asuntos migratorios de la Universidad Iberoamericana.

Maestro en Cooperación Internacional y doctor en Relaciones Internacionales.

Ha desarrollado investigaciones posdoctorales con el apoyo de la beca Erasmus Mundus de Cooperación Internacional, junio-diciembre de 2010. Universidad de Groningen, Holanda, y Universidad Autónoma de Madrid, España.

 

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