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Sobre los homosexuales, el aborto terapéutico, las pastillas anticonceptivas y la relación entre ciencia y religión, habla el jesuita Fernando Cardenal en el libro La Entrevista, que está pronto a publicarse.

El libro está escrito a modo pregunta-respuesta, y en él la mexicana Citlali Rovirosa-Madrazo consulta al sacerdote de 81 años, hermano de Ernesto Cardenal, sobre temas controversiales. 

Cardenal cuenta a continuación algunos de los temas que abordó con Rovirosa-Madrazo, entre ellos la necesidad de debatir si los sacerdotes seculares deben contraer matrimonio. 

Usted toca temas muy controversiales, avanzados, habla del celibato, la homosexualidad, el aborto terapéutico. Yo quisiera saber en principio ¿si ha cambiado de opinión respecto a estos temas o estas ideas ya las tenía, pero hasta ahora las expresa?

Esta misma pregunta me la hizo la doctora Citlali Rovirosa-Madrazo en nuestras conversaciones hace ya mucho tiempo, y fue ella la primera persona con quien hablé sobre estos asuntos. Ahora bien, estos temas los tengo yo claros desde hace como 47 años . Cuando estudié la carrera de Teología para poder ordenarme sacerdote, mi profesor de moral enseñaba estas cosas ya desde entonces. Me fui dando cuenta que había otros sectores de la Iglesia, sacerdotes y obispos, que defendían esos temas. Entonces me agarré de una frase de San Agustín muy importante para mí, que dice: “En las cosas necesarias, obediencia; en las cosas discutidas, libertad y en todo caridad”. San Juan XXIII citó esta frase y también ha sido pronunciada por el papa Francisco.

Como yo veo que estas cosas son discutidas, procedo con libertad. Por supuesto que algunos en Nicaragua, de todos los sectores, sin caridad, van a atacarme, porque para ellos estas cosas no se pueden tomar

Sin embargo, el papa Francisco ha dicho algo que fortalece mi visión, que tenía desde hace 47 años: en moral no hay dogma, entonces todo es discutible.

Hay personas que creen que la prohibición de los anticonceptivos es dogma de fe, que la prohibición del aborto terapéutico es dogma de fe. No es cierto, no hay dogmas de fe. El papa Francisco ha dicho que en moral no hay dogmas.

¿Ha conversado estos temas con otros sacerdotes?

El tema sobre la homosexualidad prefiero no abordar en más detalle hasta la publicación de mi libro. Nunca he leído a nadie con una opinión como la mía, creo que es única. Los otros temas sí. Ahora, esto de los homosexuales no viene desde hace 47 años, es más cercano, después de conocer a muchos homosexuales durante mi trabajo pastoral, especialmente jóvenes y después de sentir muy de cerca su vida, sus problemas. He sentido por estas experiencias, no únicamente compasión sino un gran respeto por ellos. Pero esto ha sido un proceso largo y lento. Eso ha sido en los últimos tiempos.

En el Colegio Centroamérica fui un interno y éramos nosotros homofóbicos, teníamos como un crimen el homosexualismo. Algunos decían que había mucho homosexualismo y nosotros queríamos defender el internado. Una vez un chavalito contó que un compañero lo había invitado a tener relaciones y lo que hicimos fue esperarlo en el comedor y lo linchamos. Éramos unas bestias humanas. Ese era el ambiente en el internado, guerra a todo lo que fuera homosexualismo. Eso era un salvajismo estúpido, salvaje. Por supuesto que yo fui cambiando, pasando al respeto a las opciones sexuales diferentes. Respeto profundo, compasión, deseo de que los respeten en su familia, en la Iglesia, en todos lados. También me vino una pregunta que es la que me hago en La Entrevista, una pregunta atrevida que es la que me hago.

Las otras cosas sí vienen desde que era estudiante de Teología. Mi último curso para ordenarme como jesuita es la Teología y ahí habían cursos de Teología Moral, ahí veíamos estas cosas: aborto terapéutico y uso de anticonceptivos.

Padre, me llama la atención que usted diga que a los curas les cueste tanto el celibato, pese a que lo han escogido libremente. Jamás había sabido de un cura que diga eso.

Una cosa es que no lo quiera decir, pero si es un ser humano da por seguro que le cuesta mucho. Orgánicamente todos somos iguales, y nuestro organismo no se da cuenta que hiciste votos de castidad perpetua y sigue funcionando igual. No sé si leíste en La Entrevista cuando me preguntan por mis tentaciones, yo le conté dos.

Mencionaba que en el sínodo hay que debatir el derecho de los sacerdotes seculares a contraer un matrimonio y a formar una familia, ¿por qué cree eso?

Porque me parece que en un mundo que ha cambiado mucho, que está súper sexualizado por la publicidad, la televisión, los medios, las revistas, a un sacerdote secular, que vive solo, se le hace muy difícil, mucho más que a nosotros los religiosos, nosotros vivimos aquí nueve sacerdotes, compañeros jesuitas, vivimos en familia. 

Yo cuento ahí el caso de un sacerdote en Guatemala, en El Quiché, adonde trabajé en una Semana Santa. Me quedé en la casa parroquial y me di cuenta que ahí vivía una joven indígena que le cocinaba y hacía la limpieza. En esa casa vivían ellos dos nada más, un padre que tenía dos parroquias, se mataba trabajando, llegaba agotado a su casa, y había una joven ahí, todos los días. Es muy difícil que un sacerdote pueda mantener su celibato sin tocarlo durante años. Yo hablo de los sacerdotes seculares, los que están en las parroquias. No hablo de los religiosos. Nosotros podemos seguir haciendo el voto de castidad perpetua. Tenemos un fortalecimiento grande en la comunidad y eso nos ayuda mucho. Yo tengo en mi comunidad ocho compañeros sacerdotes jesuitas. Creo que la gracia del celibato me viene a través de mis compañeros de comunidad.

¿Estos temas se discuten entre los grupos de religiosos?

Muy poco… el gran cardenal Carlo María Martini, arzobispo de Milán, la Diócesis más grande del mundo, un intelectual muy respetado en toda Europa, decía: nuestra Iglesia católica está 200 años atrasada, sobre todo en temas de sexualidad. Estos temas no se tocan.

Yo acepté hablar extensamente sobre estos temas con Citlali por dos razones. Aunque primero me asusté mucho porque dije: aquí hay temas candentes y esto puede desatar un avispero, pero recordé al cardenal Carlo María Martini y con el amor que él le tenía a nuestra Iglesia, y dije: tengo que ayudar a que algo de eso avance, por amor a mi Iglesia católica. Pero también lo hice por amor a la gente que está sufriendo medidas disciplinarias que no fueron impuestas por Jesús, sino por tradiciones que se fueron añadiendo a la Iglesia.

Por amor a esa gente quise hablar, por amor a los homosexuales, por amor a todos los que están sufriendo normas, prohibiciones del Derecho Canónico”. Fernando Cardenal, sacerdote jesuita.

¿Cuántas parejas viven creyendo que están en pecado porque usan anticonceptivos y viven con gran tristeza? Yo tengo que decirle a esas parejas que no están en pecado. Los anticonceptivos son un tema discutido desde hace 50 años. Les digo: procedan por libertad. Por amor a esa gente quise hablar, por amor a los homosexuales, por amor a todos los que están sufriendo normas, prohibiciones del Derecho Canónico, de todos los sectores, que no vienen de Jesús. El papa Francisco está abriendo muchos caminos. Él ha dicho: “Démosle menos importancia a las normas y más a la misericordia”.

A propósito de las normas, usted menciona que no ha encontrado en la Biblia algo que pruebe que las mujeres no pueden ser ordenadas sacerdotes.

No he encontrado nunca en ningún texto de las Sagradas Escrituras ni de la Teología que me demuestre que es prohibido, que hay una razón de fondo, fuerte, para que no se ordenen. No hay. Ahora el papa Francisco dice: tenemos una gran deuda con las mujeres. Hay un camino para, por supuesto, discutir estos temas.

Él se ha acercado suavemente a muchos de estos temas. No ha dicho que se pueden usar los anticonceptivos. Él ha dicho: “Que no crean los cristianos que para ser cristianos hay que reproducirse como conejos”. Se está acercando, creo yo. Y me pregunto ¿cómo no reproducirse como conejos si no es con los anticonceptivos?

Luego dijo que va a dar permiso durante un año a perdonar a los que han cometido el pecado de un aborto. Ahí está, no minimizando los pecados, sino abriendo con misericordia el camino a esta gente que abortó. Está acercándose con misericordia a esta gente que sufre.

Yo espero que muchas cosas vayan cambiando.

¿Qué otros temas aborda en el libro?

Sobre los temas morales. Algunos de los que te he mencionado son los más importantes. Pero en nuestras conversaciones --como habrás visto por un borrador preliminar que te compartí en confidencia-- también abordamos muchos otros temas de gran complejidad, temas políticos y temas académicos, incluyendo la Teología de la Liberación, que en el pasado estaba condenada desde el Vaticano…, la relación entre ciencia y religión, el fundamentalismo religioso y secular, las causas verdaderas de la pobreza a nivel mundial, la situación de guerra que vive el mundo; así como la encíclica ecológica y lo que Citlali Rovirosa-Madrazo llama “las rupturas epistemológicas del papa Francisco”. Pero obviamente no puedo revelar más de estos temas hasta que el libro esté en librerías en las próximas semanas.

Padre, usted considera que este va a ser su aporte para que la Iglesia avance, así sea un poco, ¿qué cree que causarán estas reflexiones suyas en un país como el nuestro?

Es difícil prever cómo van a reaccionar los diferentes sectores. Hay algunos laicos que, por ejemplo, condenan el aborto terapéutico porque dicen que están por la vida. En el aborto terapéutico no se priva de la vida a un ser destinado a vivir, este ser está destinado a morir en el seno de la madre gravemente enferma…

Ahora, no sé cómo vayan a reaccionar. Yo espero que como San Agustín, procedan con caridad y podamos tener un debate. Yo hago estas declaraciones, pidiendo que se haga un debate de altura y avancemos todos. Mi finalidad no es escandalizar, ¿qué gano yo?, ¿qué frutos consigo? Quiero abrir un diálogo de altura, con amor, para que podamos llevar a la Iglesia la verdad, a esos cambios que ya está haciendo el papa Francisco. El Papa está haciendo una revolución de la misericordia…

Usted siempre ha actuado fiel a sus principios, uno creería que a los 81 años ya no tiene temor de las consecuencias de sus palabras.

Sí tengo temor. Soy sincero. Tengo temor de que no haya diálogo de altura, con caridad como dice San Agustín, sino que haya ataques. Y a nadie le gustan los insultos, los ataques. Hay gente fanática y el fanatismo ciega. 

Yo estoy abierto a discutir. Estoy abierto a que si me dan razones, a cambiar de parecer. Quiero promover un debate sobre estos temas en la Iglesia, pero en este debate tiene que haber respeto, como yo respeto a todos aquellos que pueden estar pensando diferente a mí. No me cierro. No me cierro creyendo que yo tenga la verdad absoluta. 

La figura

Fernando Cardenal, Sacerdote jesuita

Dirigió la Cruzada Nacional de Alfabetización en 1980.
Director nacional de Fe y Alegría.
Autor de Un Sacerdote en la Revolución.

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