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De la noche a la mañana, a Gloria María Aburto le comenzaron a doler los abrazos de su esposo. La molestia se concentraba en sus pechos cada vez que el papá de sus cinco hijos la apretujaba y le decía palabras cariñosas.

--Viejo, cuando me abrazas me duelen las chichas-- le decía Aburto a su esposo, y aunque él le respondía que debía chequearse con un médico, ella dejó pasar esa situación durante los siguientes cinco meses.

Un día, mientras tomaba su acostumbrada ducha de las dos de la tarde, Aburto sintió una pequeña protuberancia en la parte baja de su seno derecho. La palpó y apretó y al hacerlo no sintió ningún dolor. El descubrimiento no la preocupó.

Llamado de alerta

Fue hasta otro día, en ese mismo año de 2003, que a esta madre de un varón y cuatro mujeres, le llamó la atención un programa sobre el cáncer de mama, transmitido por una emisora radial que ella escuchaba mientras lavaba ropa.

En la radio narraban que esta enfermedad estaba matando a muchas mujeres y explicaban que algunos de los síntomas eran la aparición de pequeñas pelotas en las mamas o secreciones por el pezón, por la cual subrayaban la importancia de palparse los pechos y estar pendientes de cualquier anomalía similar.

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En Nicaragua no hay estadísticas oficiales sobre la incidencia del cáncer de mama, pero según el consenso de médicos que atienden desde instituciones públicas y privadas, cada año son diagnosticadas unas 800 mujeres, mientras que la tasa de mortalidad que se registra a nivel del Seguro Social es del 8%.

En ese sentido, el Ministerio de Salud y organizaciones civiles que velan por la salud de las mujeres nicaragüenses, como la Fundación Ortiz Gurdián y las casas de mujeres Ixchen, hacen hincapié en la importancia del autoexamen, la cita ginecológica y la mamografía.

El paso más importanteGloria María Aburto. Henry Padilla / END

Gloria María Aburto terminó de escuchar todo el programa de la radio, dejó la ropa que estaba lavando y se marchó a su cuarto, donde se levantó la blusa y apretó el pezón de su mama derecha --la misma donde hace días se había detectado aquella protuberancia--. Entonces notó como brotaba una especie de espinilla y se asustó mucho.

Los momentos que siguieron a ese episodio fueron de mucha angustia y dolor para Aburto, quien sentada en un sillón de la sala de quimioterapia de la Fundación, no puede evitar el llanto al recordar aquellos días.

"Es que cuando uno escucha esa palabra (cáncer de mama) le da escalofríos", asegura.

Aún asustada, Aburto se dirigió al Centro de Salud de Jinotepe para una consulta. Ahí le contó a una doctora los dolores que había sentido, la protuberancia que se palpó y aquella secreción que brotó de uno de sus pezones. La doctora, con la fuerte sospecha de que se trataba de un caso de cáncer de mama, le dijo: "¡Ay señora! ¿Por qué viene hasta ahora?" y rápidamente hizo una orden de remisión de urgencia al hospital Bertha Calderón, en Managua.

Para Aburto, la situación no podía parecer peor. El mismo día partió al hospital capitalino y cuando el doctor que la recibió leyó la orden que traía de Jinotepe, la chequeó de inmediato y le preguntó si ella estaba consciente de lo que tenía. Aburto afirmó llena de miedo y el doctor dibujó con un lapicero un círculo sobre su seno derecho y le dijo: "Mire, a usted le van a quitar esta mama".

Después de varios exámenes y trámites de registro, Aburto fue atendida por el gineco-oncólogo Carlos Vargas (q.e.p.d.), a quien recuerda con mucho cariño y agradecimiento, porque asegura que él fue la primera persona que se tomó el tiempo de explicarle cuál era su situación y qué era lo que debían hacer.

Ángeles en el camino

Para Gloria Aburto, uno de los pasos más difíciles fue buscar el tratamiento de quimioterapia. Recuerda que tocó varias puertas y ninguna atendió su petición. Después de cada intento fallido regresaba llorando donde el doctor Vargas, totalmente desesperada por su situación. Él, sin embargo, se encargaba de animarla para seguir adelante.

"He tenido muchos ángeles en esta lucha contra el cáncer de mama. Mi familia me ha apoyado muchísimo, aunque mi esposo murió hace dos años; también mis amigas y vecinos me han apoyado, y no se diga la Fundación Ortiz Gurdián", asegura Aburto, quien ahora recibe una sesión de quimioterapia, porque en abril pasado le informaron que el cáncer había vuelto e hizo metástasis en sus pulmones.

Aburto es una de las mujeres beneficiadas por la FOG desde el 2006, cuando esta organización donaba el tratamiento de quimioterapia al hospital Bertha Calderón. Gracias a ese tratamiento fue que ella pudo finalizar las ocho sesiones de quimioterapia y recibir un seguimiento de dos años que, en su caso, sirvió para detectar el regreso de la enfermedad.

Melba Auxiliadora Olivares Guerrero. Henry Padilla / ENDJuntos por la cura

En un día común, en la Sala de Quimioterapia de la FOG se pueden observar  al menos ocho mujeres sentadas en sillones grandes y confortables, mientras reciben dicho tratamiento, fundamental para combatir el cáncer de mama.

Para unas es la primera sesión, otras están a mitad del tratamiento y algunas están en la última sesión de quimioterapia, pero en todas, el sentimiento de lucha es el mismo: quieren vivir y, como sobrevivientes, quieren llevar el mensaje de incidencia del cáncer de mama y de detección temprana u oportuna.

Melba Auxiliadora Olivares Guerrero, de 47 años y originaria de Managua, llegó a la FOG hace seis años a través de un bono saludable que permitió que le detectaran unos tumores benignos en sus mamas. Por esos tumores, su caso quedó bajo seguimiento, aunque cada vez que asistía a sus chequeos de rutina todo salía bien.

Sin embargo, cuando llegó a su última cita en junio pasado, los doctores descubrieron que uno de los tumores de su mama izquierda tenía características malignas.

"En todo este tiempo yo me estuve haciendo el autoexamen, pero nunca sentí nada anómalo", comenta Olivares Guerrero, quien debe recibir 6 quimioterapias y cinco años de hormonoterapia.

Sorpresa y esfuerzoYamileth del Socorro Maradiaga. Henry Padilla / END

Yamileth del Socorro Maradiaga, de 44 años de edad, aún llora cuando habla del cáncer de mama en su vida. Ella recibió el diagnóstico hace cinco meses y su vida ha cambiado drásticamente. Maradiaga tenía un quiosco en un colegio de la comunidad El Limón, de Malpaisillo, León. Ese pequeño negocio era el sustento de ella y sus cuatro hijos y debió cerrarlo.

"Yo pienso que mi experiencia va a servir para que otras mujeres tomen conciencia de que no solamente somos nosotras, sino que son montones de mujeres quienes tienen cáncer de mama y pueden ser muchas más", afirma Maradiaga, cuyo diagnóstico se confirmó un año después de que ella misma detectó una protuberancia en su mama derecha. Maradiaga había acudido a unas consultas, pero quienes la atendieron no habían diagnosticado el cáncer.

La historia de Modesta Cecilia Torres con el cáncer es una de sacrificios. Torres tiene 51 años y es originaria del municipio de Morrito, en Río San Juan. Ella asegura que en ningún momento ha pensado en dejar su lucha contra la enfermedad, a pesar de que esto implica que para cada sesión de quimioterapia en Managua, debe salir a las 2:00 de la madrugada desde su comunidad.

Torres cuenta que cuando uno de los doctores de la FOG revisó sus mamas y le dijo que ya no había nada que hacer, ella creyó que se refería a que ya no había cura, pero estaba equivocada, pues el médico se refería a que en su caso no cabía la cirugía, sino solo las quimioterapias y radioterapias.

"Hay cura --celebra Torres-- porque aquí estoy en mi última sesión de quimio".

Las cifras del cáncer de mamá en Nicaragua

Según el reporte de actividades de vigilancia y prevención del cáncer de mama, publicado en el Anuario Estadístico del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) del 2014, ese año se realizaron 20,204 exámenes y, con base en los resultados, 1,740 pacientes tuvieron que recibir tratamiento médico, 47 pasaron a cirugía de mama, 28 fueron referidos al programa oncológico y 794 quedaron en seguimiento.

Además, el mismo Anuario Estadístico detalla que 170 mujeres con cáncer de mama fueron ingresadas al Programa de Atención Integral Oncológica y que 33 que ya estaban en ese programa fallecieron.

"El cáncer de mama es un problema que está afectando a un gran grupo de mujeres tanto en países en vías desarrollo como en países desarrollados. Cada año las cifras de cáncer de mama aumentan", advierte el doctor Roberto Ortega Plath, gineco-oncólogo y director médico de la clínica de la Fundación Ortiz Guardián (FOG).

El trabajo de la FOG consiste en garantizar un tratamiento integral y gratuito a mujeres con cáncer de mama, por lo que cada año reclutan 100 casos nuevos.

Además, hay un programa de detección oportuna, que se basa en la entrega de bonos saludables a través de los cuales mujeres de escasos recursos de todo el país pueden acceder sin ningún costo a chequeos clínicos y exámenes.

  • 6-8 meses de vida es el promedio que queda a una mujer cuyo cáncer de mama se detecta en edad avanzada.
  • 80-90 por ciento es la posibilidad de sobrevivencia si el cáncer es detectado a tiempo, siguiendo los chequeos.

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