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Dios tiene propósitos para la vida de todas las personas. Él quiere que “seamos prósperos en todo, que tengamos buena salud” (3ra. Juan 1:2),  la condición es que prospere nuestra alma. Asimismo,  Él anhela que conozcamos su voluntad, “lo que es bueno, agradable y perfecto para nuestras vidas” (Romanos 12:2), siempre y cuando no nos adaptemos a las cosas de este mundo, sino que nos transformemos (nuevos comportamientos, nuevas conductas) mediante la renovación de la mente.

Desde siempre somos seres psico-bio-sociales. Cuando nacemos venimos preparados para ser sujetos de los propósitos de Dios, sin embargo, en el camino del crecimiento biológico, el entorno social en todas sus manifestaciones ejerce fuerte influencia sobre la psique y se van moldeando pensamiento, creencias, emociones, sentimientos y la voluntad (el alma).

Existen diversas conceptualizaciones acerca del alma, lo que enriquece el conocimiento en referencia a conductas del ser humano. Por mi parte, después de muchos años de preguntar y preguntarme qué es el alma, he optado por la concepción que a mi entender se encuentra, en primer lugar, en la Biblia y luego en diversos estudiosos contemporáneos del tema, entre otros, el Dr. Eduardo Punset, especialmente en su obra “El alma está en el cerebro”; y el Dr. Augusto Cury en su magistral obra “El Maestro de Maestro”, acerca de la vida, muerte y resurrección de Jesús.

Jesús decía, de distintas formas, que el ser humano solo sería libre si se liberaba dentro de sí mismo, si su espíritu era transformado, si la fuente de sus pensamientos era renovada, reescrita.

En Mateo 13:3-8 se narra la parábola del sembrador y la respectiva explicación, en la cual se describe amplia y claramente el proceso de apropiación de la palabra de Dios como alimento del alma, y el papel que juegan los órganos sensoriales en dicho proceso.
En dicha parábola, Jesús dice que la semilla puede caer en cuatro tipos de tierra: 1) la que está al borde del camino; 2) la que está entre piedras; 3) la que está entre espinos; y 4) la buena tierra.

Él mismo se encarga de explicar el significado:

“A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es aquel en quien se sembró la semilla junto al camino”.

“Y aquel en quien se sembró la semilla en pedregales, este es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo; pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que solo es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida tropieza y cae” .

“Y aquel en quien se sembró la semilla entre espinos, este es el que oye la palabra, mas las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se queda sin fruto”.

“Pero aquel en quien se sembró la semilla en tierra buena, este es el que oye la palabra y la entiende, este sí da fruto y produce, uno a cientos, otro a sesenta y otro a treinta”.

Debemos prepararnos para ser tierra fértil y dar fruto. Cuando nuestra alma se renueve mediante la lectura y puesta en práctica de la palabra de Dios y la oración, entonces pensamientos y actitudes serán renovados y transformados, estaremos capacitados para administrar emociones y voluntad, y  estaremos mejor preparados para que la palabra eche raíces y producir cosecha abundante.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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