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El chinandegano Guillermo Gómez murió a manos de las maras salvadoreñas el jueves reciente y su cuerpo no pudo ser repatriado.

La familia de Gómez viajó ayer en la madrugada a San Salvador, para estar presente en las exequias de esta víctima de la venganza de las maras que operan en el sector de Buena Vista, un barrio de la capital salvadoreña.

Los familiares agotaron los recursos para repatriarlo. El viernes intentaron reunir la documentación para efectuar el trámite que traería el cuerpo de Gómez, muerto de dos disparos mientras reparaba un vehículo en el taller donde laboró por más de cinco años, en la capital salvadoreña, pero fue imposible porque el consulado de Nicaragua en El Salvador cerró su atención al público desde el viernes a mediodía.

Insoportable

La madre de Gómez, María de la Concepción Espinoza, llegó el miércoles a Chinandega procedente de El Salvador y tuvo que regresar la madrugada del jueves, después de ser informada de que su hijo estaba muerto.

“Yo he querido regresarme. La delincuencia está bien horrible aquí. Prefiero estar tranquila en mi país”, dijo vía telefónica a El Nuevo Diario, mientras viajaba para velar a su hijo en una funeraria.

“Fueron a cobrar la renta y como no encontraron al dueño del establecimiento, rafaguearon a dos empleados”, aseveró Alexandra Carolina Gómez, hermana de la víctima.

 

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