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Nicaragua tiene un gran potencial para exportar oxígeno. Lo saben bien 43 de las 84 reservas silvestres que existen en el país y han participado en estudios de valoración para determinar el potencial de infiltración de agua y de captura de dióxido de carbono que podrían ofrecer las 8,500 hectáreas que suman esta parte de las reservas.

La Red de Reservas Silvestres Privadas de Nicaragua (Red – RSP) trabaja en la presentación de una propuesta para aplicar incentivos a través de un “pago por servicios ambientales”, que es una iniciativa que ya han impulsado países como México y la vecina Costa Rica.

Según Mirna Moncada, presidente de la Red – RSP, este pago permite que empresas del sector privado o el mismo Estado destinen fondos para las iniciativas que impulsan la conservación del medioambiente o la adaptación al cambio climático.

“Aunque las extensiones de las reservas privadas (de Nicaragua) quizá no sean tan grandes, tienen un rol importante en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinap), porque sirven como espacios de conectividad en esos parches fragmentados de bosques, que permiten, entre otras cosas, que pueda darse la movilidad de especies manteniendo la biodiversidad”.

Experiencia mexicana

Una parte de los elementos de la adaptación al cambio climático se abordaron durante el Tercer Congreso de Conservación Voluntaria de Nicaragua, que se realizó la semana pasada en Managua, con la participación de especialistas mexicanos que compartieron algunas de las experiencias implementadas en ese país, a través del pago por protección ambiental.

“Estas alianzas buscan desarrollar empresas sociales y la clave es buscar un equilibrio con poblaciones que están asentadas en lugares con riqueza ecológica y cuyo interés está relacionado a mantenerlo con viabilidad en la parte económica, integrada a través de la parte social y ambiental”, señaló Andrés Albo, director de compromiso social del grupo financiero Banco Nacional de México (Banamex).

Albo destacó que la entidad financiera apoya a una veintena de empresas sociales o cooperativas asentadas en el sur de México, debido al alto índice de biodiversidad que existe en esa zona, con la finalidad de desarrollar proyectos que permitan conservar la flora y fauna local.

Sergio Graf, especialista en la temática, agregó que en el caso concreto mexicano se ha impulsado una legislación que apuesta por promover que pequeñas empresas con enfoque ambientalista puedan participar de programas de financiamiento y asistencia técnica.

“Inclusive hay grandes industrias que por Ley Federal (en México) deben destinar una cantidad de dinero para un fondo que permita financiar iniciativas de conservación ambiental”, comentó Graf.

Potencial nicaLos dueños de reservas privadas reunidos en Managua. Alejandro Sánchez / END

Moncada aseguró que impulsar la agricultura sostenible y destinar una parte de la finca para la conservación de bosques son actividades que las reservas nicaragüenses hacen voluntariamente, aunque tengan un margen de pérdidas “porque ese espacio para el bosque se podría destinar para cualquier otro uso que genere ganancias, sin embargo, escogemos dar un fuerte aporte a la conservación del ambiente”, comparó.

Los estudios de valoración realizados por más de la mitad de las reservas silvestres nicaragüenses indican que cada una tiene el potencial para infiltrar al manto cerca de un millón de metros cúbicos de agua y una cantidad importante vinculada a la reducción de dióxido de carbono (CO2), a través de sus áreas de bosque y raíces subterráneas.

“Cada tonelada de carbono se le puede pagar al país o al productor privado”, asegura Moncada.

Según la Oficina Nacional de Desarrollo Limpio (ONDL), adscrita al Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), en Nicaragua hasta el 2008 había 25 proyectos de energía que utilizarían créditos de carbono para su financiamiento.

Parte de estos son Precious Woods, que reforestaría unas 40,000 hectáreas de bosques y el Programa Socio Ambiental y Desarrollo Forestal (Posaf), que implicaba inversiones forestales en San Francisco Libre, y en Carazo figuraba como proyectos que generarían bonos de carbono.

  • 139 mil millones de dólares creció del 2005 al 2010 el mercado de bonos de carbono a nivel mundial, según el Banco Mundial.
  • 10 dólares es el valor pagado por reducir una tonelada de dióxido de carbono, que se puede capturar y almacenar de diferentes formas.

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