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Hace tres años la vida cambió para Diana Ríos y su familia al ser diagnosticada con diabetes, desde entonces, la niña que hoy tiene 15 años, procura llevar un estilo de vida distinto a lo que típicamente hace alguien de su edad.

“Debe estar controlándose más su alimentación, no ingerir dulce, cosas saladas, debe inyectarse insulina dos veces al día, ha sido un cambio y una lucha todo, porque a ella le costó aceptar su enfermedad”, comentó Lisseth Ríos, hermana de Diana.

Diana, quien actualmente cursa el segundo año de secundaria, también ha tenido que trasladar sus hábitos a su propia escuela. “Allí evita los alimentos que le perjudiquen, no toma jugos ni gaseosas o caramelos y cuando hace ejercicios lo hace con moderación”, comenta Lisseth.

Este tipo de cuidados son también compartidos por al menos 900 niños a nivel nacional que padecen diabetes del tipo 1, de los que han podido ser detectados dentro de algunas familias hasta ahora, aunque la cifra puede ser mayor, asegura Aura Cuadra, presidenta de la Asociación de Padres con Niños, Niñas y Jóvenes Diabéticos de Nicaragua. “A nivel de Ministerio de Salud, en conjunto con nosotros como organización, tenemos esos 900 niños registrados, sin embargo creemos que puede haber un subregistro, ya que quizá algunos niños estén siendo tratados con médicos privados o bien atendiéndose fuera del sistema de salud”, comentó Cuadra.

La directiva agregó que aproximadamente el 50 por ciento de estos casos se ubica en los departamentos y el restante en Managua.

ENFERMEDAD COMO DUELO

En este sentido, Cuadra agregó que cuando un niño es diagnosticado con diabetes, la familia experimenta un cambio radical en todo el sentido de la palabra.

“Los familiares entran a veces en una especie como de duelo, porque es un cambio en la vida de ellos  y la del menor”, relató Cuadra.

Por su parte Martha Acosta, mamá de Darelyn Contreras Acosta, de 14 años, quien desde hace diez años convive con la enfermedad, sostiene que los cambios han sido muchos en este lapso, tanto para su pequeña como para ella, quien entre otras cosas ha tenido que descartar trabajos formales para impulsar micronegocios que le permitan tener mayor disponibilidad de tiempo para atender a su hija.

“Yo pensaba que la diabetes le daba solo a las personas adultas, desconocía completamente la enfermedad, no sabía nada sobre los síntomas, pérdida de peso, ir al baño constantemente y desde que le diagnosticaron la enfermedad ha tenido varias descompensaciones y aunque estudia, está un poco atrasada, hay días que se levanta sin ánimos de ir a clases o días en los que no quiere inyectarse insulina”, compartió Acosta.

HÁBITOS SANOS

En este sentido Cuadra destacó que un aspecto fundamental para los pacientes con diabetes y sus familiares es llevar una alimentación balanceada que involucre a todo el núcleo familiar, mucha disciplina y la actividad física son aspectos fundamentales a lo largo de la vida de la persona con diabetes.

“Implica que hay que tener disciplina, una vida de horarios para el tratamiento, es decir inyectarse insulina tres o cuatro veces al día, tiene que comer en horarios específicos 20 minutos después de inyectarse, incluye los estilos saludables de comidas, tales como verduras, ensaladas, las porciones de carbohidrato, porciones de carne que debe ingerir y que el niño sea acompañado por la familia, es decir que ellos también consuman el mismo estilo de comida para tener una mejor calidad de vida”, explicó Cuadra.

Finalmente la directiva sostuvo que con esta mejora en los hábitos de la familia el niño toma mayor conciencia de su situación y se le hace un poco más fácil extender este tipo de prácticas más allá del entorno familiar, en sitios tales como escuelas y reuniones sociales.

Cuidados básicos

PROCESO. La insulina es un tratamiento que salva vidas a largo plazo. Si a un niño diabético tipo 1 se le monitorean sus niveles de azúcar, se le inyecta su insulina adecuadamente, hace ejercicio y mantiene una dieta saludable, no debería presentar mayores problemas. El problema está en los hogares de bajos ingresos cuyas familias no tienen acceso a los medicamentos ni a la educación del automanejo de la enfermedad. En estos hogares es donde surgen las complicaciones serias, hasta la muerte prematura del niño o joven diabético.

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