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La Amazonía, uno de los bosques más diversos del planeta, perdió entre 2000 y 2013 un total de 222,249 kilómetros cuadrados de bosques, una superficie equivalente al territorio de Reino Unido, según un estudio publicado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG).

En colaboración con el Instituto del Bien Común de Perú (IBC), la RAISG presentó un estudio que analiza la deforestación en toda la Amazonía con el fin de “visibilizar la situación social y ambiental” del lugar y que se divulgará en la cumbre del cambio climático (COP 21) en París del 30 de noviembre al 11 de diciembre.

El director del Instituto del Bien Común, Richard Chase Smith, calificó la situación de “muy preocupante” porque a pesar de que la mayor pérdida de bosque original de la Amazonía se produjo entre el año 1970 y 2000 con un 9.7 por ciento, entre 2000 y 2013 se perdió un 3.6 por ciento y la deforestación total ya llega al 13.3 por ciento.

    La superficie de selva destruida en 13 años equivale al territorio del Reino Unido y la agricultura y la ganadería son los principales causantes del deterioro.

Smith citó a la agricultura y a la ganadería como causas directas de pérdida de superficie forestal y recordó que las infraestructuras, como carreteras y represas hidroeléctricas “están entre los factores que ejercen mayor presión sobre los bosques de toda la región”.

Asimismo, señaló a la minería ilegal, la explotación de hidrocarburos y los cultivos ilícitos como “transformadoras del paisaje amazónico” en este tiempo.

CINCO PAÍSES

Smith destacó en la ponencia la deforestación de Brasil, Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador.

Brasil es el país que más deforestación ha sufrido en este periodo y Smith aclaró que aunque su ritmo “ha disminuido” desde 2006, entre 2000 y 2013 se perdieron 174,000 kilómetros cuadrados de bosque.

Bolivia perdió unos 10,000 kilómetros cuadrados de bosque, Colombia por su parte experimentó un “aumento importante” entre 2005 y 2010 y perdió 6,167 kilómetros cuadrados aunque entre 2010 y 2013 registró una pérdida de 1,684 kilómetros, por tanto redujo su velocidad de pérdida anual.

Ecuador, por su parte, es el país con la segunda mayor pérdida proporcional, ya que en este periodo ha sufrido una deforestación del 10.7 por ciento.

Perú se sitúa en cuarto lugar y ha perdido un 9.1 por ciento de su bosque amazónico en estos años.

Los pueblos indígenas constituyen un 28.18 por ciento de la Amazonía y según la RAISG, solo un 1.1 por ciento de los indígenas que habitan la región está libre de “presiones y amenazas”, por eso otro de los focos de este análisis se centra en este aspecto.

LAS CONSECUENCIAS

La RAISG define como presiones a las “acciones de origen humano que ponen en peligro la integridad de los ecosistemas y los derechos colectivos de sus habitantes”.

Por otra parte, las amenazas son para esta organización “iniciativas previstas para el futuro próximo que pueden convertirse en presiones una vez implantadas”.

Según Smith, son “muy excepcionales” los casos de zonas libres de presiones y amenazas y además recordó las consecuencias sobre los ecosistemas que tienen las acciones humanas y que la Amazonía no es una “fuente inagotable de recursos naturales”.

VIGILARÁN ECOSISTEMAS

El Gobierno de Brasil anunció ayer la puesta en marcha de un programa de vigilancia de todos sus ecosistemas, lo que permitirá detectar y controlar la deforestación, y los incendios no solo en la Amazonía sino también en el Pantanal, la sabana, la pampa, el bosque atlántico y la Caatinga.

El Ministerio de Medio Ambiente pretende usar imágenes de satélites, que ya abarcan el 70% del territorio nacional y actualmente son usadas para fiscalizar la deforestación en la Amazonía, para hacer un seguimiento preciso de la recuperación forestal y cohibir posibles crímenes medioambientales en sus seis ecosistemas.

“Hicimos todo un seguimiento de lo que es necesario para que Brasil pueda firmar una estrategia de vigilancia de los ecosistemas, con datos de deforestación, incendios y recuperación”, señaló la ministra de Medio Ambiente de Brasil, Izabella Teixeira, en una rueda de prensa en la que presentó el programa.

Este nuevo programa supone una ampliación de los que ya se hace para vigilar la Amazonía desde 1988 y parte del Cerrado, como se conoce a la sabana brasileña.

PASTO Y AGRICULTURA

Teixeira anunció, además, que el trabajo realizado hasta el momento ha permitido comprobar que la región del Cerrado tiene cerca del 55% de su territorio preservado, mientras que el resto fue convertido en tierras de pasto y agrícolas.

“La buena noticia es que muchas personas creían que teníamos menos Cerrado, pero, en realidad, tenemos más Cerrado con su vegetación autóctona preservada”, dijo la ministra.

La región amazónica es el mayor ecosistema brasileño y tiene la mayor biodiversidad de floresta tropical del mundo, sin embargo, de acuerdo con datos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), el Cerrado, que es el segundo mayor ecosistema del gigante suramericano, es la zona más rica del mundo en cuanto a biodiversidad.

El programa presentado hoy tiene como metas alcanzar la vigilancia total del bosque atlántico en 2017 y la de los tres restantes ecosistemas brasileños antes de que acabe 2018.

Estos otros ecosistemas son la Caatinga, una región árida de matorrales considerada como el ecosistema menos protegido del país; el Pantanal, un santuario natural compartido por Brasil, Bolivia y Argentina; y la parte brasileña de la pampa, una extensa estepa que ocupa buena parte del estado de Río Grande do Sul.

Esta labor permitirá a Brasil “estar preparado” para la presentación, en 2020, de los objetivos climáticos incluidos en la Contribución Prevista Determinada a Nivel Nacional (INDC por sus siglas en inglés), aseguró Teixeira.

 

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