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La historia de Nicaragua está plagada de referencias sobre el Momotombo. En las crónicas de Oviedo, el coloso que hoy mantiene en vilo al país es calificado como un “humeante volcán” frente al que se ubica la ciudad de León.

El diplomático e historiador estadounidense Ephraim George Squier lo llamó “la montaña más imponente de toda Nicaragua”.

“Desde aquí se divisan bien el majestuoso volcán Momotombo y el pequeño cono de la isla de Momotombito…”, escribió Squier.

“Emergiendo al filo de las aguas, sin obstáculo alguno que interrumpa su elevación, el Momotombo es sin duda la montaña más imponente de toda Nicaragua. Nunca ha sido escalada, pues las sueltas cenizas y escorias que integran más de la mitad de su masa impiden cualquier acercamiento a su cumbre”, continuó Squier.

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A causa de las erupciones y de los sismos que se registraban por la intensa actividad volcánica del Momotombo, los habitantes de León Viejo emigraron en 1610. Años antes, una gran cantidad de la población había abandonado el lugar por los continuos sismos y porque aducía que tras el asesinato de Antonio de Valdivieso la ciudad tenía una maldición. En 1852, un año antes de la primera visita de Squier, y en 1854, el Momotombo hizo dos cortas erupciones. En 1900, el Gobierno de Nicaragua emitió un sello postal que mostraba la estación ferroviaria de Managua teniendo como trasfondo el lago de Managua y el Momotombo en plena erupción. Docenas de estampillas fueron distribuidas en el Congreso de Estados Unidos para convencer a los que querían construir un canal interoceánico por Nicaragua, que esa opción no era la correcta. 

La erupción del Mont Pelée, que ocasionó la muerte de 40,000 personas en Martinica, en 1902, terminó de convencer a los congresistas que lo ideal era hacer el canal por Panamá.

“Víctor Hugo, impresionado por la leyenda que relata Squier de los antiguos padres que nunca regresaron de sus cumbres cuando subieron a llevarles el sacramento del bautismo, a la usanza de la época, cantó al Momotombo en la Leyenda de los Siglos”, recuerda Joaquín Zavala Urtecho en una edición de la Revista Conservadora.

“El canto errante”, de Rubén Darío, publicado en 1907, contiene “Momotombo”, en el que hizo referencia a la “Leyenda de los Siglos”:

Ya había yo leído a Hugo y la leyenda/ que Squire le enseñó. Como una vasta tienda/ vi aquel coloso negro ante el sol,/ maravilloso de majestad. Padre viejo/ que se duplica en el armonioso espejo/ de un agua perla, esmeralda, col.

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