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Ese martes, Clara debía estar temprano en su trabajo para dar vueltas a las piezas de pollo que se fríen en aceite recalentado.

Pero su decisión fue ir a un cuartucho de la cárcel Modelo, en Tipitapa, para alimentar su boca con besos y su cuerpo con las caricias de Alejandro, su pareja desde hace cinco años. El hombre, flaco, moreno y de cejas abundantes, saldrá de prisión hasta 2041, por ser cómplice de doble homicidio.

Ambos esperaron durante dos semanas para el anhelado encuentro. Clara abrió los ojos con el “ríííín” del despertador a las 4:00 de la mañana. Dejó el delantal de su trabajo en un rincón para ponerse una ajustada camisa blanca de tirantes, que apretaba su barriga y enormes senos. Adornó su cabello ondulado con unos lentes oscuros, que utilizó como aro y se puso la ropa interior más sexi.

En su versión más sensual, Clara tomó un autobús que la llevó a La Modelo, una de las ocho cárceles que existen en Nicaragua y que hasta 2013 tenía una población de 4,600 privados de libertad, pese a que su capacidad es de 1,500.

A la entrada del recinto, una mujer regordeta apuntó el nombre de Clara en un cuaderno y le dijo que aguardara para su turno de visita conyugal.

Entre aquel montón de mujeres que cargaban bolsos como si van de viaje, Clara divisó a su amiga Fanny, quien terminaba de acicalarse mirándose en un pequeño espejo, de esos de maquillaje.

Alejandro es uno de los dos romances que Clara ha tenido con reos de la cárcel Modelo. Uno de ellos fue un viejo amor de secundaria.

El actual, confiesa, es el gran amor de su vida y hasta tiene planes de boda.

Las relaciones

Mientras esperan a que las llamen, Clara y Fanny se toman un café en un kiosko ubicado a pocos metros de la entrada de La Modelo. Fanny se fuma un cigarro y viste una camisa negra, como si guardara luto por sus desilusiones en el amor.

Dice que de las tres relaciones serias que ha tenido ninguna han funcionado. El primero le dijo que era una inmadura porque todavía jugaba con muñecas a los 14, el segundo se apoderó de su casa y el último -el que llega a visitar a La Modelo- le es infiel.

“¡Ya es hora!”, comenta Clara a Fanny. Ambas apresuran su paso hacia la venta de tablas que está frente al penal, donde un anciano les guarda sus pertenencias por diez córdobas, pues no está permitido ingresar teléfonos celulares en las visitas.

La relación de Clara empezó por curiosidad. Quería saber cómo es tener sexo con un reo.

Hace cinco años visitaba al hermano de su nuera en La Modelo, quien tenía una fotografía en la que aparecía Clara.

Otro reo, Alejandro, por casualidad un día vio en la fotografía a una Clara con pantalón azulón y camisa celeste. Fue amor a primera foto. Pidió el número de teléfono de ella y empezó a escribirle.

“¿Qué podía perder?”, dice Clara, encogiendo sus hombros, al explicar el inicio de la relación con Alejandro a través de mensajes de texto.

De la “chateadera” hasta las 4:00 de la madrugada, pasaron a la visita familiar. Del beso en la mejilla pasó a entregarse a él.
A su Alex, como ella prefiere llamarlo y quien tiene 28 años, lo empapa de besos todos los jueves en la visita familiar y de caricias los martes de por medio, en la cita conyugal.

Las condiciones

“En total son 36 cuartos. Las camas son de plancheta y ellos tienen que sacar sus colchonetas y sábanas. Hay reos asignados que nos meten dos baldes con agua para bañarnos o hacer nuestras necesidades fisiológicas. Por lo general nos dan dos horas, y sabemos que ya termina nuestro turno cuando suena un timbre, así como los de recreo. A veces también hay parejas que se pasan del tiempo, entonces vienen los del siguiente turno y golpean la puerta y si no quieren salir, llega el guarda porque el tiempo corre y nadie lo perdona. Nosotros platicamos, hacemos lo que hacemos y después descansamos”, detalla Clara.

A ella parece no interesarle pasar por estas condiciones. No le importa que allí se desconozca el aseo y la ventilación.

“Los cuartos son asquerosos, a los baños no se les da mantenimiento, ni siquiera los lavan con un cepillo. Quienes nos visitan lo hacen por el amor que nos pueden llegar a tener. En los diez cuartos que construyeron hace poco hay colchones, pero todo mundo los usa. No hay abanico, ni ventana, parece motelito barato. En fin, es repugnante”, explica vía telefónica Manuel Martínez, arrestado desde hace 13 años en La Modelo por el delito de asesinato.

Los mensajes de texto son el primer contacto de los reos con sus futuras novias.Clara también resta importancia al hecho de que su pareja es procesado por ser cómplice de doble homicidio. Alejandro saldrá de La Modelo cuando ella tenga 70 años. Más que suerte o destino, lo que ella expresa que le tocó encontrar en la cárcel fue el amor.

Relaciones atípicas

La psicóloga y sexóloga María Auxiliadora Castro menciona que, por lo general, este tipo de comportamientos no pueden calificarse como amor, sino que son relaciones atípicas que están fuera de cualquier norma.

“Lo que se espera de una persona es que esté para siempre, que sea un compañero en tu vida, que te respalde, te apoye, que te dé seguridad, protección y viceversa, pero en este caso son desconocidos, a quienes una maquinita (el teléfono celular) les da la sensación de la aventura y acercamiento, pero es una total incerteza porque no sabés de qué son capaces”, advierte Castro.

Precisamente, el ritmo de este romance no le permite a Clara tener un empleo fijo.

“Durante el tiempo que llevo con él creo que he cambiado cien veces de trabajo”, confiesa.

Fue abatizadora, vendedora de ropa usada en una tienda del mercado Iván Montenegro, doméstica… ahora tiene cinco meses de trabajar en una rosticería.

Justifica con firmeza sus faltas a la rosticería bajo una premisa: primero es el amor y después el trabajo.

Además, agrega para defender su punto de vista, no puede perderse que su Alex le cante todo el repertorio del grupo Aventura y le entregue cartas de amor. Son detalles que no tuvieron sus anteriores parejas ni cuando estuvo casada.

“Ellos tienen un arte, es como una telaraña que cuando uno entra no sale, cuando a uno lo conocen te dicen ‘mi perrita linda’, ‘mi gatita’ y eso tal vez nadie te lo ha dicho”, refiere Clara.

El amor cuesta caro

Este tipo de romance también es costoso. Para comunicarse las 24 horas, Clara contrató un plan de llamadas ilimitadas que cuesta 20 dólares mensuales, mientras que a Alejandro sus familiares le pagan un plan de siete dólares, que incluye un número favorito. De vez en cuando él revisa su perfil de Facebook desde el teléfono con acceso a internet que tiene un amigo. Por el favor, Alejandro paga con una recarga de 30 córdobas.

Este amigo también le hace a Alejandro el favor de guardarle el teléfono celular en el ano cada vez que se hacen las requisas.
Ambos se conocen sus contraseñas y si Clara no le contesta cuando él llama, en media hora la mujer puede tener hasta 19 llamadas perdidas.

“Antes salía a fiestas todos los fines de semana, ahora lo tengo prohibido. Me dice que no me ponga nada pelado ni ‘chingo’ y cada vez que estoy en el trabajo atendiendo a los clientes y no le contesto me dice: ‘Es más importante ese tal por cual que yo’”, revela Clara los entresijos de la relación.

El médico recomendó a Clara adelgazar, a causa de la diabetes que sufre, pero Alejandro le exigió no hacerlo, porque la quiere “gordita”. Lo que sí le ha pedido es que no tome gaseosa.

El peligro

Castro, la psicóloga y sexóloga, menciona que en este tipo de relaciones el hombre mira a su pareja como una posesión y hasta la reduce a un objeto cuando le dicen: “Así te quiero para que nadie más te mire, porque solo sos mía”.

“Tiene tanto poder sobre ella que controla sus decisiones, incluyendo su propio cuerpo, que es lo que ella podría cambiar, decidir, a pesar de que esto le convenga por su salud”, detalla.

Es como si Alejandro le hubiera dado una pócima de amor eterno a Clara, logrando que ella se comporte como su marioneta.

El caso de Francis

Al parecer, este mismo encantamiento le dio Néstor a Francis, cuyo amor eterno es un sujeto que conoció por pura casualidad, gracias a la tecnología.

Resulta que una de sus amigas fue detenida por estar involucrada en una banda robamotos. En ese instante, Francis quedó sin celular y la mamá de la muchacha le prestó el teléfono. Entre los contactos en el móvil estaba el número de un joven que su amiga llegaba a visitar a La Modelo. Ella le escribió “Hola” y él le contestó su saludo, pero desde otro número telefónico.

Francis empezó a enviarse mensajes de texto con aquel hombre misterioso. Horas después supo que con quien se estaba escribiendo sería su novio. Seis meses después, Francis y Néstor formalizaron la relación.

Néstor es conocido en La Modelo con los alias “Machete” o “Chucky”. Francis dice que es insoportable, por eso lo apodaron así. Ya sea la encarnación de “Chucky”, “Machete” o simplemente Néstor, él debe cumplir una pena de diez años por asesinar a un joven que no le quiso regalar diez córdobas. Ya lleva cuatro tras las rejas.

“Él me había enviado una foto por Facebook antes de conocerlo, yo lo vi guapo. Es delgado, alto, su nariz algo grande”, lo describe Francis.

Pero lo guapo no le quitó lo agresivo, porque seis meses después de andar “jalando”, Néstor sacó las garras, relata.

Francis dice que una de las tantas veces que empezó a tener desconfianza fue cuando ella le creó una cuenta en Facebook y Néstor cambió la contraseña. Ella cree que fue para “chatearle” a otras mujeres, porque a los días se dio cuenta de que estaba enviándose mensajes con una joven, preguntándole si era capaz de hacerle una visita conyugal a La Modelo.

Hubo otro episodio que despertó desconfianza. En una ocasión, Néstor comentó una foto en facebook diciendo que con Francis solo tenía una amistad. Cuando ella reclamó, él adujo que quien escribió había sido su hermanito, quien tenía acceso a sus contraseñas.

En otra ocasión, mientras le fue a hacer la visita familiar, Francis vio cómo Néstor tenía tomaba de la mano a una mujer delgada, alta y con más tatuajes que lunares.

-“Yo te dije que no vinieras”, le dijo Néstor a Francis en esa ocasión.

-“Solo venía a comprobar lo que ya venía viendo desde hace rato”, le replicó ella.

-Ya que estás aquí, no hagás el viaje de balde, vení sentate.

-¡Qué, sos estúpido! Yo me siento si ella se va.

-Mirá, loquita (le dijo Néstor a la otra mujer), es primera vez que venís. Ella (Francis) está conmigo en las buenas y en las malas, solo imaginate que si vos te vas, ella se va a quedar aquí.

La otra mujer se fue y Francis se quedó, pero sintió una vez más que una de las personas que más quería le había fallado.

Ella cuenta que incluso antes de nacer, su vida estuvo marcada por decepciones. Como la vez que su mamá le confesó, cuando todavía era una adolescente, que había tomado veneno para abortarla; o cuando a los ocho años fue víctima de violación por parte de su primo. Nadie le creyó.

“Todo lo que sucede en tu historia te marca. Entre más experiencias negativas tengás, menos resistente está tu “yo” a la violencia del medio externo. Por lo general, las personas que vienen de estratos sociales difíciles donde han crecido bajo maltrato o sufren abusos están expuestas a tomar decisiones fáciles. Fácil porque no le fue fácil la vida. Una decisión fácil puede ser: Vamos a ver qué pasa con este hombre, total, si ni me ha ido bien, no creo que me vaya mejor”, explica la psicóloga Castro al referirse al caso de Francis.

Francis sigue con Néstor, como si nada hubiera pasado. Incluso, revela que en las visitas conyugales no utilizan preservativos y de vez en cuando le envía fotografías de ellas, sin ropa, por mensajes privados en facebook.

“Pero es de los pechos hacia abajo, no aparece mi cara, así que no me preocupa”, cuenta.

Temores

También dice que a veces tiene miedo de estar en una relación con un asesino.

Pero vaya que los privados de libertad también tienen su castigo por andar en enredos de calzones, porque en la penitenciaría tienen un “control” para evitar la promiscuidad.

Todas las mujeres que hacen la visita conyugal están apuntadas en una lista que coordina la guardia de la prisión. Una vez que son borradas por sus parejas, tienen que esperar seis meses para que las anoten de nuevo, o bien pagar mil o dos mil córdobas por “debajera” para que el trámite se agilice tan rápido como un chasquido de dedos, coinciden las protagonistas de estas historias.

El caballero de Fanny

En La Modelo, la gran mayoría de mujeres juegan a la tómbola del amor. A veces les toca toparse con hombres controladores y traidores, aunque en otras como cuenta Fanny, son bendecidas con el premio mayor.

Asegura que hay caballeros a pesar de que las rejas los separen, no pecan ni con el pensamiento.

Pero antes de zambullirse en los brazos de su actual pareja, Fanny sostuvo una relación con otro reo. Fue un amor que inició en las aulas del Instituto Ramírez Goyena y terminó en las celdas de la cárcel La Modelo. Su corazón pagó los platos rotos.

Durante el tiempo que estuvo con Henry, mientras él estaba en prisión, no había momento que Fanny no viera el reloj para que llegara la hora de ver a su amado. Tal vez fue por esta razón que ella sintió que se ensañó en su contra, porque las agujas se quedaban como congeladas, como previniendo que era mejor que no llegase el anhelado día, pero el día llegó.

En una de las tantas visitas familiares que le hizo a su novio, en solo la entrada vio como él tenía sobre sus piernas a una mujer recia, chela y de pelo negro crespo. Ella le acariciaba la cabeza y él sonreía feliz.

Los víveres que le llevaba cayeron en el embaldosado y mil recuerdos se cruzaron por su cabeza, entre ellos el de un 14 de febrero, cuando Henry le llevó un regalo al instituto y le pidió que fueran novios.

-“¿Puedo contestarte mañana?”, le dijo ella en ese momento.

A pesar de que al comienzo a ella no le atraía mucho, le dio el sí. Con el tiempo se enamoró y al año de andar de novia, Henry le confesó que desde pequeño se dedicaba a robar, porque su mamá lo descuidaba y le pegaba.

-“Ahora que sabés esto, vos mandás: te vas o te quedás conmigo”, le propuso.

-“Me quedo”, le contestó ella.

La relación se extendió por cinco años. Henry fue encarcelado en La Modelo, donde ya era inquilino frecuente por delitos menores, pero esta vez fue por cómplice de asesinato. Fanny lo dejó de visitar, porque se sentía cómplice de sus fechorías hasta que él le envió un mensaje a su celular.

Eso bastó para que Fanny quisiera revivir los momentos cuando él aún estaba libre, cuando Henry le tomaba la mano en el recreo y eran felices. Lo volvió a visitar e invertir la mitad de su sueldo de 2,500 córdobas para llevarle provisiones, hasta el instante que lo vio con la otra mujer.

Meses después, también se daría cuenta de que su amor de secundaria hasta la había engañado con una prima.

“Parecía dundito, como que no rompe un plato”, recuerda Fanny. El engaño le costó lágrimas, un corazón roto y una cartera vacía por todo lo que había gastado para comprarle sus cositas.

Fanny reencontró el amor en otro “chico malo” de La Modelo, que también está por cómplice de homicidio.

A José Emilio lo conoció por una dinámica de una compañía telefónica para encontrar amigos. Ella se apodó Margarita y a los dos meses de escribirse mensajes de amor, Fanny lo visitó como su cónyuge.

“Me dio curiosidad porque a mi ex lo conocí afuera, pero a este adentro, era una nueva experiencia. Hemos tenido nuestras peleas locas, pero aquí estamos”, cuenta Fanny.

La relación va tan en serio, que la familia de Fanny le habla a José Emilio por teléfono para transmitirle la palabra de Dios.
Fanny está a la espera de que José Emilio cumpla su pena para poder tener hijos.

 

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