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En una esquina de la sala de César Sarria, en el barrio Monseñor Lezcano, Managua, un bulto de arroz, frijoles y azúcar espera para ser entregado hoy a las seis de la tarde, cuando campanas y cohetes anuncien oficialmente que se puede gritar: “¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María!”.

La Gritería ha cambiado. En este mismo asentamiento capitalino los pobladores lo reconocen. Han dejado de decorar los altares con flores pañal del niño, jalacate, madroño, pastoras y banderines que se elaboraban con papel china. Ahora ocupan globos y plástico, mucho plástico. La razón obedece a que buscan lo más práctico.

Y no solo buscan lo más práctico, sino lo que realmente sea útil para los devotos que se lanzan a las calles a gritarle a la Inmaculada Concepción de María. “La gente prefiere que le des productos de la canasta básica a recibir cosas tradicionales.

Es como que no hay interés por las matracas, los indios, y limones”, acota Sarria.

La Gritería debería ser declarado Patrimonio Intangible de la Humanidad, porque es una fiesta que se ha mantenido a lo largo de los años y se extiende por todos los rincones de Nicaragua”.  Roberto  Sánchez,
historiador.

En las bolsas de productos alimenticios que entregarán en esta casa tampoco habrá el tradicional ayote en miel, ni el gofio, ni ningún dulce típico. En el paquete solo hay chance para lo que sea de “ayuda” en el hogar: una escoba y pala recolectora de basura, por ejemplo.

“Celebración cambió”

El sacerdote Marcos Díaz Prado, director del colegio Tridentino San Ramón en León, reconoce que la celebración ha ido cambiando porque “somos hijos de los tiempos en las diversas etapas de la evolución histórica”. “Los cambios se observan en la elaboración de los altares y en los obsequios que se ofrecen a los fieles devotos durante la procesión callejera”, expuso el prelado Díaz.

La opinión del historiador Roberto Sánchez coincide con la de Díaz. Sánchez expone que la tradicional “gorra” se ha transformado; sin embargo, se mantiene la esencia de aquel primer grito de 1857 cuando frente a la plaza de la parroquia San Felipe, en el municipio de León, el sacerdote Gordiano Carranza, acompañado de una imagen de la Virgen María y ante cientos de fieles marianos lanzó el trino: “¿Quién causa tanta alegría?”.

Díaz continúa explicando: “En la actualidad los obsequios o gorras se han convertido en un compartir con los demás. Ahora se regalan alimentos, fósforos, sal, azúcar, galletas y utensilios de cocina porque es un compartir con las familias. Es objeto de alegría y al fenómeno histórico que estamos viviendo, porque estamos siendo más prácticos”.

Algo que identifica a los leoneses y que aún se preserva durante estas festividades religiosas es la elaboración y comercialización de dulcería típica como el consumo de gofios, cajetas de leche, zapoyol, coyolitos negros, suspiros, ayote en miel, huevo chingo, almíbar, entre otros productos derivados de la leche, el maíz y azúcar.

Denia Bárcenas Funes, comerciante de dulcería en el mercado central Raúl Cabezas Lacayo, León, dice que la elaboración de productos de dulcería es parte de una tradición familiar que comenzó con su abuela Gloria Bárcenas.

Bárcenas, originaria de Sutiaba, destaca que tienen más de 50 años de comercializar este producto en el centro de compra y señala: “ahorita hay bastante demanda en ocasión de la Purísima, pero luego las ventas se ponen lentas y la producción disminuye”.

Juana Tellería, otra de las comerciantes de dulcería en el mercado central, acota que tiene mucho éxito con la venta de gofio.

“La gente me busca y me hace sus encargos con anticipación porque sabe de la calidad de mi producto”, presume la comerciante. Asimismo, añade que durante el resto del año comercializa productos de dulcería.

Según Tellería, muchos ciudadanos católicos compran el producto que ella elabora pues consideran que se debe mantener viva la tradición entregando obsequios propios de las manos obreras.

Ventas caen

En el mercado Oriental Managua, los pitos, las matracas, inditos, escobas y canastas son los productos tradicionales más cotizados para los brindis de la Purísima; sin embargo, los  comerciantes aseguran que las ventas han caído en comparación con años anteriores.

Alex García, comerciante del mercado Oriental, explica que este año los productos de La Gritería han tenido poca demanda porque los precios han aumentado. Él señala que el bajón en las ventas se debe al aumento de los precios de las artesanías que se elaboran en Masaya.

Las matracas y las escobas son dos de los productos más cotizados en el mercado; los precios por docena oscilan entre C$50 (las matracas) y las escobas de trigo fresco a C$80 la docena.

Sin embargo, las ventas de los utensilios de plásticos (vasos, panitas y picheles con imágenes de la virgen María) han dado un respiro a muchos comerciantes, pues además de ser prácticos, los costos son favorables. Las panitas se cotizan dependiendo del tamaño entre 8 a 10 córdobas, los vasos entre 15 y 12, y las pelotas de plástico duro a 1.50.

Gloria Victoria y Francisca Balladares (de 72 y 78 años) son hermanas. Habitan en el barrio San Sebastián y recuerdan con añoranza aquellas Griterías donde se daban dulces tradicionales. No saben en qué momento las cosas cambiaron. De pronto un 7 de diciembre los granos básicos sustituyeron los dulces de la “gorra”. Y les pareció bien. “Uno sale a gritar y regresa con alimentos para abastecerse por una semana. Ahora preferimos eso a que nos den caña o limones”, expresa Gloria.

Gritería, un Patrimonio de la Humanidad

TRADICIÓN • El historiador Roberto Sánchez indicó que La Gritería debería ser declarada Patrimonio Histórico Intangible de la Humanidad, porque es una fiesta que se ha mantenido por más de 150 años y se extiende por todo el país.

En 2012, el embajador de Nicaragua ante la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Lautaro Sandino, informó que la delegación nicaragüense inició el proceso de inscripción de la tradicional Gritería en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

A criterio de Sánchez, La Gritería tiene más arraigo que El Güegüense, una danza que en 2005 fue declarado como una de las Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

ESTELÍ LISTO PARA “GRITAR”

Ayer decenas de estelianos se desbordaron a comprar los productos tradicionales para elaborar los paquetes que entregarán esta noche en la tradicional Gritería. María Elena Ruiz, que ofrece dulces, gofios y otras golosinas, dijo que ahora los niveles de venta se han mejorado. En días anteriores, refirió, lograba márgenes de ventas entre 3,000 y 5,000 córdobas, mientras que desde el tres de diciembre ha alcanzado vender ocho mil.  

Francisco Valenzuela, edil de la ciudad, dijo por su parte que desde hace diez días prepararon los altares, y de acuerdo con el día de los festejos iniciaron  los rezos de la novena y la entrega de los brindis con dulces y productos propios del Diamante de Las Segovias.

Estas celebraciones a la virgen Concepción de María se extienden a las zonas rurales. Gregoria Vílchez, de una comunidad Estelí, acotó que su familia cada año ahorra para celebrar a la virgen cada 7 y el 8 de diciembre.

Con la colaboración de Paola Silva y Máximo Rugama.

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