Leoncio Vanegas
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La transformación de la caficultura, que usa más químicos y tala bosques, podría impactar negativamente la sostenibilidad del medioambiente, recursos forestales, fauna e hídricos de Nueva Segovia, advierten los mismos productores, quienes piden un amplio debate sobre el tema.

Con la incidencia de la roya en 2012, que produjo daños en las plantaciones arábigas como caturra, catuaí, maragogipe y borbón, altamente sensibles a la enfermedad, la caficultura está migrando aceleradamente hacia variedades resistentes como los timor, entre ellas catimor y lempira. Con estas últimas los productores renuncian al bosque-sombra de latifoliadas y musáceas en detrimento de los demás factores benéficos para el medioambiente.

“El ser humano, hoy en día, por la ambición de crear riqueza, vivir mejor con su familia y tener mejores condiciones de vida, está dejando de un lado el cuido y la conservación del medioambiente”, reflexionó Teófilo Narváez, caficultor del municipio de Jalapa.

Cifras del Ministerio Agropecuario señalan que Las Segovias generan el 24% del café nicaragüense y el Censo Nacional Agropecuario precisa que en este sector se dedican 27,969.51 manzanas a la caficultura.

Nuevos productores

Los enfoques culturales de carácter local, relacionados al manejo de los recursos naturales, también entran en contradicción con los conceptos puramente inversionistas de compradores de tierra en zonas altas y boscosas de Nueva Segovia, donde están estableciendo plantaciones de café bajo sol.

“Aquí están llegando extranjeros o foráneos (al municipio) que traen más recursos económicos y otra visión. Invierten para sacar, no invierten ni ideas como para decir ‘está bonito el bosque, lo voy a dejar para protegerlo’, o para dejarlo con fines de conservación”, comentó Víctor Manuel López Castillo, miembro de la Cooperativa Multisectorial de Pequeños Caficultores de Mozonte.

El impacto degradante de los recursos forestales de Nueva Segovia ya no llega solo de parte de las empresas madereras que aún explotan la reducida área de pinares del departamento, sino de quienes saltan la frontera agrícola para apropiarse de las zonas cumbres de la cordillera Dipilto-Jalapa y establecer sus plantaciones cafeteras.

Sin control

Los productores, conscientes del problema, lamentan la falta de control tanto por parte de los gremios cafetaleros como por los funcionarios de las instituciones públicas, competentes para controlar y monitorear el estado de los bosques y otros recursos naturales.

“Se da el caso que no hay acceso a las zonas deforestadas con fines de café. La gente que debería venir a ver ese problema con costo llega hasta donde finalizan las trochas y no van a caminar allá”, señaló López Castillo.

Narváez añadió que hace falta conciencia ambiental, educación y aplicación de las leyes. “Se necesita más monitoreo, más control, sobre todo en donde nacen las fuentes de agua”, indicó.

Agregó que el productor tiene que entender que las leyes no fueron creadas para molestarlo o generar problemas, sino para guardar un equilibrio en el ambiente.

El Nuevo Diario pudo constatar in situ en algunas zonas de la cima de la cordillera Dipilto-Jalapa que han sido deforestadas para fines de caficultura, pese a que se trata de lugares que pertenecen a los llamados puntos de recarga hídrica y dan origen al caudal de los ríos que abastecen a toda la población de Nueva Segovia, que tiene una población de 250,000 habitantes. 

Motosierra o anilladoÁrea deforestada para plantaciones de café. Leoncio Vanegas / END

En la zona de Pinavete, municipio de Mozonte y en el borde fronterizo con Honduras, se observa uno de esos despales, donde ya están plantaciones de cafetos establecidas. El otrora ambiente de bosque latifoliado, cerrado y neblinoso “será cosa para el recuerdo”, opinan habitantes de la zona.

El efecto a corto o mediano plazo se verá en el nivel de la corriente del río Mozonte, que abastece del vital líquido a la cabecera municipal y otras comunidades de las riberas del Coco.

Un método de secamiento o muerte de los árboles que utilizan los productores o nuevos inquilinos de la cordillera es el anillado en el pie del fuste de las distintas especies nativas, como los pinos, liquidámbar y otras latifoliadas. También la tala rasa en pinares como el practicado por productores de San Fernando, en la zona de La Chamuscada, que afectó la subcuenca del río de Achuapa.

En Jalapa también la tala de bosques en las alturas de la cordillera con fines cafetaleros está de moda y ha afectado el hábitat de los monos olingos y caras blancas, como la de otras vidas silvestres.

Los productores tienen un cierto desprecio por los arábigos, que es el café que ha dado prestigio a la taza nicaragüense y Nueva Segovia es considerada un nido de los cafés especiales, que gozan de mejores precios en el mercado internacional.

El equilibrio

López Castillo recomendó mantener un porcentaje de arábigos, así como monitorear y controlar la roya, para así conservar el bosque de sombra.

También dice que las buenas prácticas ambientales, como el no establecimiento de beneficios húmedos cerca de quebradas y ríos, evita la contaminación del agua, que requiere de un sistema de infiltración.

“Nosotros despulpamos con cero agua y recirculamos el 60% del agua que utilizamos en el lavado. Usamos bacterias para la descomposición del mucílago y la pulpa y la recogemos para mejorar el suelo en el campo”, detalló.

La ventaja que dan los bosques

Gonzalo Castillo, caficultor y gerente en Nueva Segovia de Atlántic Grupo Ecom, dice que la renovación de la caficultura no implica usar nuevas áreas de tierra.

“Renovemos lo viejo… no botar bosques para hacer cafetales nuevos”, sugirió.

Manifestó que en su finca, ubicada en Pueblo Nuevo, siembra plantas maderables para incrementar el bosque.

“Va a valer más mi finca dentro de unos 20 años por la madera que por el café y me sirve, porque es amigable con el cultivo. Tal vez voy a sacar 5 quintales menos o saco más, porque

me va a proteger de la sequía. Es decir que trae más ventaja que desventaja trabajar el café con sombra”, concluyó.

Advirtió que de continuar deforestando la cordillera Dipilto-Jalapa, para establecer café a cielo abierto, pone en peligro las fuentes de agua.

“Ya no tendremos cobertura que retenga el agua de más arriba, el agua pasará de paso, otra vez al océano”, alertó.

Castillo también llamó la atención sobre el uso excesivo de químicos, como los nematicidas, los cuales, a su criterio, “son altamente tóxicos”.

“Todas las aguas, las correntías, los traen (los químicos) y son las fuentes de agua que la gente toma. Necesitamos tener una caficultura, como se dice, amigable con el medioambiente”, expresó.

Los híbridos tampoco son seguros

El caficultor de Jalapa, Teófilo Narváez, dice que los catimor y otros híbridos también tienen su propia enfermedad, como el “ojo de gallo” que ataca igual o peor que la roya.

Cambio climático
Enfatizó que con el cambio climático la mutación o la agresividad de las plagas y enfermedades de los cafetos pueden ser inminentes.

Asesoría
Sugirió asesorías técnicas por parte de los propios gremios del sector cafetalero, como de las instituciones gubernamentales.

Otras variedades
Además, pidió llevar a los productores otras variedades de café que respondan al entorno en las que serán sembradas.

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