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Existen lideratos poco deseados. Ser, justo después de Guatemala, el país que más población carcelaria aporta a El Salvador es uno de ellos. En estos momentos, hay hasta 147 ciudadanos nicaragüenses encarcelados en los 20 centros penitenciarios de este país, según las estadísticas oficiales. Les siguen los hondureños (92) y los colombianos (27).    

“Ellos (los nicas) son extranjeros en El Salvador. Los otros privados de libertad los llaman “rusos”, porque no reciben ninguna visita familiar”, explicó a El Nuevo Diario Isabel Baños, directora del centro penal de Apanteos (oeste del país), donde hay dos nicaragüenses encarcelados.

Casi un tercio de los reos nicas están condenados por extorsión (41). Le siguen los delitos vinculados con droga (19) y robo (17), según los datos de la Dirección General de Centros Penales (DGCP) de este país.En esta celda conviven 73 prisioneros.

Los nicaragüenses son tradicionalmente la primera comunidad extrajera en el sistema penal salvadoreño. Por la misma fecha el año pasado, había 151 privados de libertad nicas en El Salvador. Y 130 hace cuatro años.

Sin embargo, la población interna extranjera solo representa el 1.44% de los 32,137 encarcelados en todos los penales de El Salvador. Reciben visitas mensuales de su consulado y ayuda de organizaciones no gubernamentales o de la Iglesia, quien les trae ropa o donativos.

De acuerdo con Isabel Baños, en Apanteos los extranjeros están incluidos por los demás privados de libertad: “Antes era diferente. Había muchas más inseguridad en el penal”.

Apanteos, un antiguo beneficio de café convertido en centro penal, era hace pocos años uno de los más violentos en El Salvador. En 2007, un motín saldó 21 muertos.

FIN DE LA “MANO DURA”

“Tomamos un giro de 180 grados –subrayó Isabel Baños, quien empezó en la cárcel como trabajadora social hace 12 años–. La violencia del sistema penal siempre generaba más violencia y rebeldía”.

En el sector 2 de Apanteos nació hace cuatro años el programa “Yo cambio”, destinado a rehabilitar a los privados de libertad valorizando sus competencias. El ejemplo fue exitoso y ahora el gobierno salvadoreño quiere impulsarlo como modelo de gestión nacional y extenderlo a los otros 19 centros penales.

La idea principal se resume en su lema “El que sabe enseña al que no sabe”. Se identifican las competencias de cada privado de libertad, que podrá entonces convertirse en profesor de matemáticas, inglés o carpintería.

Apanteos propone hasta 86 actividades repartidas en cuatro categorías: educación, religión, productividad o deportes, siendo fundamental que cada reo se encuentre ocupado. Nadie puede ingresar en su celda hasta las 8:00 de la noche. La mesura tiene como objetivo luchar contra el ocio carcelario, identificado como uno de los motivos principales de conflicto.

Alfonso Batlle coordina la producción de hamacas del penal (1,500 unidades por mes) y transmite sus competencias a unos 60 privados de libertad.

  • Casi un tercio de las condenas de nicaragüenses en El Salvador fueron emitidas por el delito de extorsión, seguidos por narcotráfico y robo.

“Muchos están aquí por falta de educación. Otros, como yo, por burros. Por lo menos ahora todo el mundo aprende un oficio o produce”, explica el expiloto que lleva 19 años en Apanteos. En El Salvador, cerca del 70% de los reos tienen menos de 35 años y casi el 38% no pasó de la escuela primaria.

INTEGRAR A LOS MAREROS

José Manuel tiene 23 años y ya lleva seis entre rejas. “Aquí todos somos pandilleros activos –explica el coordinador de “Yo cambio” para el sector 8, el de los mareros–. Pero el aprendizaje de manualidades nos puede ayudar a cambiar, a encontrar chamba una vez salgamos”.

Coautora de un recién estudio sobre el sistema penitenciario salvadoreño, Laura Regina Andrade se mantiene escéptica. “La cúpula directiva de los pandilleros difícilmente va a permitir que se identifique de forma separada a aquellos que aceptaron las reglas del ‘Yo Cambio’. Esto significaría una forma de ruptura a la estructura a la que pertenecen y los pondría en una situación de vulnerabilidad”, explica la analista, recordando que en el centro penal de Cojutepeque --que acoge a los miembros de la M-18-- se ha suspendido temporalmente el programa para buscar alternativas.

Explosión de la población carcelaria

CRECIMIENTO • Las políticas denominadas de “mano dura” y “supermano dura” llenaron las cárceles de El Salvador, sin conseguir debilitar a las pandillas que aterrorizan al país. Entre 2000 y 2015, la población penitenciaria pasó de 7,800 a 32,137.

El centro penal de Apanteos (departamento de Santa Ana) cuenta hoy con 4,256 privados de libertad, por una capacidad máxima de 2,000. Algo que no es excepción en el país pues la sobrepoblación carcelaria alcanza 295% a nivel nacional, de acuerdo con datos oficiales.

A su vez, habría unos 60,000 pandilleros en todo el país, una cifra que dobla los efectivos con los que cuenta el ejército, según las estimaciones del ministro salvadoreño de Defensa, David Munguía.

Del primero de enero al primero de diciembre, el país registró 6,086 homicidios. Una cifra de muertes violentas que supera incluso la violencia que se vivió durante la guerra civil que azotó El Salvador de 1979 a 1992.

 

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