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No todos podrán compartir con su familia en Nochebuena. Muchos tendrán que atender enfermos en los hospitales, otros velarán por la seguridad de los ciudadanos en las carreteras y habrá quienes se queden en sus trabajos atentos a que ocurra una emergencia. 

Policías, cruzrojistas, bomberos, meseros, vigilantes y médicos son parte de los profesionales que requieren estar de turno, incluso en momentos cuando los demás disfrutan de sus días libres en familia.  

Todos coinciden en que para paliar la nostalgia llaman por teléfono a su familia. 

Jasser Rivas, sargento del Benemérito Cuerpo de Bomberos
“A medianoche nos abrazamos”

Jasser Rivas es sargento del Benemérito Cuerpo de Bomberos y tiene 13 años de estar en el mismo trabajo. Comenta que su abuelo falleció un 4 de enero, hace 14 años en un accidente bomberil. “Recordar eso para mí es muy doloroso y aunque ya tengo 13 años de ser bombero, esas cosas nunca se olvidan, más cuando tenés que estar en turno en estas fechas”, expresó.  

Cada Nochebuena se reúne junto con sus compañeros, que también se encuentran de guardia en el patio que está en la institución y realizan una especie de ritual para compensar el que no están con sus familiares. 

“Los 24 y los 31 nos encontramos en un rinconcito en el patio, bajo el palo de mango. El sentimiento nos une y eso también lo compartimos”, cuenta Rivas. 

En los últimos tres años se han registrado incendios en distintas viviendas, por lo que le ha tocado trabajar arduamente. “Nuestra misión y nuestro más grande regalo es llevar con vida al paciente hasta el hospital”. 

Rivas relata que “minutos antes de las 12:00 de la medianoche ya uno empieza a sentirse dolido. Sobre todo los compañeros que por primera vez son padres”. 

“Aquí nos quedamos 12 personas en la Guardia Operativa, pues los del voluntariado vienen después de la medianoche a reforzar, después de pasar con sus familias. Ya estando en el cuartel de bomberos, hay sus ocho que de repente lloran. Pero de inmediato los demás nos acercamos y nos abrazamos entre todos para sentirnos acompañados”, relata.

La falta de personal les imposibilita darse el lujo de faltar esos días. La administración les desembolsa dinero para comida y los bomberos voluntarios les llevan comida de sus casas. “Por desgracia las líneas se saturan a esa hora. Lo que imposibilita que se pueda establecer conexión telefónica o mensajes con la familia”, finalizó Rivas. 

Leonardo Antonio Duarte, bartender
“Por dicha tengo un trabajo”

Leonardo Antonio Duarte, de 35 años, trabaja desde hace dos años como bartender en el bar restaurante La Veranera, en Bello Horizonte. El trabajo que tiene es uno de los que en fechas especiales le impide estar con sus cinco hijas, la menor tiene dos meses. Su esposa también trabaja como mesera en otro restaurante.

“A mí me da un poco de tristeza el no estar con mis hijas sobre todo. Pero al mismo tiempo me siento satisfecho por todavía tener un trabajo, puesto que uno tiene que cumplir con las responsabilidades”, expresó Duarte. 

Asimismo, manifiesta que tiene que trabajar por ley para mantener a su familia, y “si quizás viviera solo, no tendría problemas, pero por los hijos uno da la vida”, confesó. 

Guillermo Molina Ramos, guarda de seguridad
“Nos unimos y comemos pollo”

Son 13 años los que Guillermo José Molina Ramos tiene de trabajar como guarda de seguridad. De todos esos años son pocas las Navidades que ha estado en casa con su familia. Su esposa lo llama a medianoche y su hija de 12 años le pregunta para qué va a trabajar en esas fechas: “Papito, quédese con nosotros”, le dice.

“Hija debo irme porque tengo que darte todo”, es la respuesta de Molina Ramos. “Me pongo triste porque estoy sin mi familia, mi esposa también se pone triste y a veces se enoja porque no puedo estar en casa en esas fechas especiales”, relató. Antes de ser guarda de seguridad, dice que “las Navidades eran alegres y disfrutaba con su familia, pasaban alegres y compartían juntos”.

El no estar un 24 o un 31 en su casa le permite compartir con sus  compañeros, con quienes se reúne y compran pollos. “Nos felicitamos y ponemos a comer juntos para olvidar el mal momento”.

Marcos A. Cortez, cruzrojista
“Mi hijo me dice: ‘Papá, te llamo para decirte feliz Navidad’”

Marcos A. Cortez es oficial del Centro de Operaciones de Emergencia (COE) de la Cruz Roja Nicaragüense, tiene 16 años de trabajar en esta institución y como en otros años, también este diciembre le toca estar de turno. 

“Mi hijo me llama y me dice: ‘Bueno papá ya con vos no cuento, sé la naturaleza de tu trabajo y te comprendo, solo llamo para decirte feliz Navidad’”, contó Cortez. 

Relata que las fiestas de Navidad, Año Nuevo, cumpleaños e incluso durante la promoción de su único hijo, ha estado laborando. “Las emergencias no avisan y tenemos que estar pendiente, para nosotros una Navidad o un 31 de diciembre es cuando más se trabaja”. 

“Algunos se emocionan y lloran, como cualquier otra persona, las familias nos llaman y las filiales a nivel nacional también lo hacen coordinadamente para saludar y desear el feliz Navidad y el feliz Año Nuevo”.

“Y eso es parte de la emoción que se vive. Porque nosotros sentimos que también ellos quisieran estar con sus familiares. Aunque a mí me llaman mis familiares que se encuentran fuera del país”, finalizó Marcos A. Cortez.

Calixto Valle Rugama, periodista
“El deber es primero”

El periodismo es otro de los trabajos que requiere tiempo. Sobre todo cuando la tarea es cubrir el área de sucesos, tal como lo hace Calixto Valle Rugama, de 45 años, conocido popularmente como “Calulo”, y quien labora en la Nueva Radio Ya. 

“Mi familia sabe muy bien que este mes es trabajado, yo me manejo por toda Managua y cuando llego a la radio, en cualquier momento puede aparecer la información y tengo que salir.

Aunque a mí me gustaría estar con ellos, el deber lo llama a uno”, expresó Valle Rugama. 

“Aunque brinquen, lloren y pataleen o me digan que me quede, no puedo ni en Semana Santa”, finalizó Valle Rugama.

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