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El río Grande de Carazo, que beneficia al menos a 118,000 personas, está muriendo lentamente a causa de la basura, el despale y una explotación indiscriminada, sin que hasta ahora exista una iniciativa que lo rescate, explican especialistas.

Mercedes Castro, presidente del Desarrollo Comunitario (Adeca), dijo que “la tala indiscriminada de árboles es lo que está provocando la seca del río, además de la gran cantidad de basura acumulada en las cuencas, más todavía la instalación de esas bombas que jalan toda el agua río arriba, pero la gente no entiende”.

La cuenca del río Grande de Carazo forma parte de la Cuenca del Pacífico, y abarca una superficie de 32,425.19 hectáreas. Cubre aproximadamente un 30% del área total del departamento de Carazo e incluye los municipios de Jinotepe, Diriamba, Dolores, Santa Teresa y La Conquista.

En 1992 se evidenció la necesidad de implementar en la cuenca del río Grande una estrategia de desarrollo sostenido que condujera a encontrar un equilibrio entre el desarrollo económico y la preservación del medio ambiente”. Julia Hernández, delegada del Marena en Carazo.

Pero la población estimada de la cuenca la componen alrededor de 118,000 habitantes, distribuidos en al menos 11 comunidades principales.

Su río principal, el Grande, nacía en la quebrada El Pastor, al suroeste de Santa Teresa, pero ahora empieza 8 kilómetros más abajo y su recorrido es de aproximadamente 40.34 kilómetros, hasta desembocar en el océano Pacífico. Sus principales afluentes son: El Cangrejero, El Ojochal, El Bosque y El Ticuiche.

Un informe del Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos de Nicaragua (CIRA) destaca que en este país al menos 36 ríos en el Pacífico están en proceso de extinción. El río Grande cuenta en esa lista.

Campañas fallan

En Carazo se han hecho campañas de reforestación y limpieza, pero los pobladores no se han interesado en recuperar lo que se ha perdido, ya que este afluente era uno de los más grandes a nivel nacional.

Este río está compuesto por varios que han disminuido considerablemente su caudal debido a la explotación incontrolada de los recursos madereros y acuáticos.

También existen algunos riachuelos que mantienen lleno su caudal durante el invierno, pero en verano están secos.

Yo tengo más de 30 años de vivir aquí y qué pesar me da ver este río, ni comparado a como era antes, ya ni ganas de vivir aquí dan, ya las personas no visitan el lugar, está bien sucio porque desde arriba toda la basura llega a caer a la bocana”. Nicolás Romero, habitante de las cercanías del río La Flor.

Los principales ríos que cruzan al municipio de Carazo son río Limón, río Grande, río Amayito y río La Máquina, los cuales desembocan en el río La Flor.

La principal problemática del poco caudal que ahora posee el río Grande es la gran cantidad de basura proveniente de los vertederos de los municipios de Dolores, Diriamba, La Conquista y el mismo Casares.

También se ha visto dañado por la instalación de grandes bombas en sus zonas más caudalosas, que sirven para abastecer de riego a los cañales ubicados alrededor de toda la zona.

Desde 1994 se viene dando seguimiento a este caso, que preocupa a algunos lugareños y a algunas instituciones que han querido salvaguardar la cuenca del río, pero hasta ahora no se han obtenido resultados exitosos.

Indiferencia

A pesar de que son los pobladores quienes se sirven de las aguas del río, para consumo diario, aseo personal y lavado de ropa, no han puesto de su parte cuando de talar los árboles hablamos, cada vez son más las personas que botan los árboles para luego salir a los alrededores a comercializar la leña.

Nicolás Romero, habitante del río, aseguró: “No son todas las personas que cortan los árboles y venden leña, lo que pasa es que uno les dice que no lo hagan, pero más bien uno cae mal. Yo tengo más de 30 años de vivir aquí y qué pesar me da ver este río, ni comparado a como era antes, ya ni ganas de vivir aquí dan, ya las personas no visitan el lugar, está bien sucio porque desde arriba toda la basura llega a caer a la bocana, pero nadie ve que ya estamos quedando sin agua, después quién sabe dónde vamos a ir para abastecernos del agua”.

Por otro lado, la gran cantidad de basura y las aguas negras que emanan del rastro municipal de Jinotepe y las aguas contaminadas del hospital Santiago de Jinotepe, también han provocado que el río se contamine y pierda su caudal.

Esta zona es bien apetecida para la comercialización de madera, ya que es muy rica en árboles de gran calidad, como es el cedro, chilamate, entre otros, los cuales son los más cuidados por nosotros, pero es imposible estar siempre resguardando el lugar”. Enrique Hernández, delegado de Inafor en el departamento de Carazo.

 

 

Mientras, la subcuenta del río Grande de Carazo, que está dentro de la subcuenca de mayor extensión en el departamento, es una de las más deterioradas en sus recursos naturales, debido a la deforestación constante producto de la actividad agrícola, la comercialización de leña, madera y la ganadería.

Esta subcuenca tiene un área de 324 kilómetros cuadrados.

“En 1992 se evidenció la necesidad de implementar en la cuenca del río Grande una estrategia de desarrollo sostenido que condujera a encontrar un equilibrio entre el desarrollo económico y la preservación del medio ambiente”, dijo Julia Hernández, delegada del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena) en Carazo.

“Varios organismos locales, delegaciones institucionales, organismos internacionales y universidades se dieron a la tarea de conjugar esfuerzos en este sentido; pero fueron los de Cetropic los que dieron las ideas y proyectos”, agregó.

La propuesta era recuperar el río Grande de Carazo mediante la capacitación técnica agropecuaria y forestal que permitiera la generación de ingresos a la población, sin destruir el medio ambiente. El plan estaba dirigido a los pequeños y medianos productores.

Para la reforestación y protección del bosque se propusieron plantaciones energéticas y maderables, bosque de protección y conservación en la parte alta y media de la cuenca; así como plantaciones de frutales, sistemas agroforestales y silvopastoriles en toda la cuenca; y plantaciones forestales en la parte baja de la cuenca.

Tala indiscriminada

La situación forestal de la región ofrece un panorama desalentador como resultado del uso inadecuado de la tierra. La casi totalidad de los núcleos forestales han desaparecido y los pocos que aún quedan ocupan áreas muy accidentadas y de difícil acceso; sin embargo, aun en estos lugares la deforestación continúa sin ningún control.

Pese a que existe una ley especial de delitos, decretada por la Presidencia de la República, las personas siguen talando los árboles, es por eso que el Instituto Nacional Forestal (Inafor), se asegura de que en la zona de Carazo no se eleve el nivel de comercialización de madera.

Enrique Hernández, delegado de Inafor en el departamento de Carazo, dijo: “Esta zona es bien apetecida para la comercialización de madera, ya que es muy rica en árboles de gran calidad, como es el cedro, chilamate, entre otros, los cuales son los más cuidados por nosotros, pero es imposible estar siempre resguardando el lugar y es casi seguro que las personas lo hacen en horas que no hay resguardo”.

“Sin embargo, nosotros como institución nos basamos en el cumplimiento de la ley, hacemos rastreo en la zona y si se encuentra a alguien talando o con la madera en las manos, procedemos a aplicar las sanciones necesarias y a decomisar toda la madera posible, pero esto se debe a la falta de cultura de las personas y con eso no se puede luchar, es como nadar en contra de la corriente”, advirtió.

Las sanciones

La 559, Ley Especial de Delitos Contra el Medio Ambiente, impone una serie de sanciones contra quienes dañen los ríos.

En el capítulo seis de la ley se establece que “las personas naturales o jurídicas que de forma dolosa sin autorización correspondiente de la autoridad competente realicen directa o indirectamente, o autoricen y permitan el descargue, depósito o infiltración de aguas residuales, líquidos o materiales químicos o bioquímicos, desechos o contaminantes tóxicos en los suelos, por lo que se ocasione o pueda ocasionar inminentemente daños a la salud, a los recursos naturales, la biodiversidad, calidad del agua o a los ecosistemas en general, se les impondrá una pena de seis meses a cinco años de prisión y multa en córdobas equivalente entre un mil (US$1,000) a cincuenta mil dólares (US$50,000). Esto sin menoscabo del pago de los daños causados a terceros”.

Además, el artículo 7 de la ley plantea que quien contamine las aguas sufrirá multas de US$1,000 hasta US$50,00, y de seis meses a cinco años de prisión.

  • 5 años de prisión es lo máximo que impone la ley a quienes contaminen los ríos.
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