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Las primeras cuatro semanas después del accidente, que sufrió en su motocicleta, se convirtieron en un infierno. En su casa estaban reunidos las dos caras del dolor: la de su familia tratando de sobrevivir sin la ayuda del hombre que llevaba el alimento y la de él, viéndose a sí mismo como un ser inútil al que le faltaba la parte inferior de su pierna derecha.

La vida de Marcos Torres, un chavalo de 27 años con cuerpo fornido, que soñaba con jugar baloncesto en el equipo los Leones de Managua, se vino al piso la noche del 14 de febrero de 2015. Cuando regresaba a casa, a eso de las 8:00 de la noche, decidió aumentar la velocidad a 100 kilómetros por hora en una vía donde estaba permitido transitar como máximo a 60.

En cuestión de segundos estaba ya en el pavimento. El exceso de velocidad con el que conducía su motocicleta lo hizo deslizarse y estrellarse contra un muro de una esquina del barrio El Recreo. Por esos días, la calle había sido reparada por la Alcaldía de Managua y los restos de arena que dejaron los obreros influyeron en el incidente.

La moto no solo se deslizó, sino que le cayó fuertemente sobre la pierna derecha. El golpe lo hizo permanecer inconsciente por más de cinco minutos hasta que un equipo de la Cruz Roja llegó al lugar para trasladarlo al hospital Antonio Lenín Fonseca, donde tuvieron que amputarle la extremidad.

“¿Vos te imaginás despertar luego y enterarte que una parte de vos ya no está? Eso fue como morir o peor, porque si morís ya no sufrís.

En mi caso seguía viviendo sin mi pierna, con el dolor físico y el sufrimiento de mi familia”, reflexionó Marco, sentado desde su casa en Villa Don Bosco, Managua.

—¿Es decir, en ese momento habrías preferido morir? —le pregunté.

—Sí, en ese momento hubiera preferido morir. Ahora pienso distinto, me le escapé a la muerte y veo esto que me pasó como una oportunidad que Dios me ha dado. —Confesó.

Cicatrices

Más al este de Managua, en un poblado pobre cercano a Ciudad Sandino, habita Keneth Castillo. Tiene 26 años. Vive con su madre y con las secuelas que le dejó un accidente en motocicleta. En su rostro, en su pómulo y ceja izquierda aún son visibles las cicatrices que le impregnó el asfalto al caerse de su moto en agosto pasado.

¿Vos te imaginás despertar luego y enterarte que una parte de vos ya no está? Eso fue como morir o peor, porque si morís ya no sufrís”. Marcos Torres, sobreviviente de accidente de tránsito.

Sobre cómo ocurrió el incidente, Keneth quiere hablar poco. Solo se atreve a decir que esa noche, muy noche, fue a dejar a su amigo que vive en un barrio cercano al mercado Israel Lewites. Al regresar aconteció lo que su mamá siempre le advirtió.

—¿Andabas tomado?

—Un poco, pero eso no importa.

A lo mejor no importe o quizá sí, considerando que una de las causas de accidentalidad en motocicletas es conducir bajo los efectos del alcohol, según ha revelado la Policía Nacional. De acuerdo con la Organización Mundial de Salud (OMS), más de 0.05 gramos por decilitro (g/dl) aumentan el riesgo de accidente de tránsito.

Este joven, de contextura delgada, piel pálida y cabello ensortijado de color naranja, antes del accidente vendía pan en varios barrios, entre ellos Altagracia, Batahola Norte y Sur. Ocupaba su moto como medio de trabajo y al día lograba unos 150 córdobas, otras veces esa cantidad aumentaba, pues su salario estaba en dependencia de las ventas.

Después del accidente dejó de trabajar. Lleva ya cuatro meses sin laborar y en su casa su mamá es quien sale a lavar y planchar ajeno para poder sobrevivir. Keneth desconoce hasta cuándo podrá trabajar, pues todavía no recupera la movilidad de su brazo derecho. “Yo ya quiero recuperarme pronto, por eso sigo yendo a esas terapias al Lenín (Fonseca), para trabajar necesito recuperar el movimiento de mi mano”, señaló.

“Al principio no podía caminar muy bien, durante tres meses permanecí prácticamente sentado”, contó, mientras mostró una foto en la que se le ve al lado de su hija de tres años. Estaba al frente del avión Boeing 737-200 que está en el Paseo Xolotlán. Se vio en la foto y luego agachó la mirada. “¿Cómo cambia uno?”, dijo entre risas. Cuando se separó de su pareja la pequeña se quedó con ella y él se fue a vivir con su mamá.

La muerte

Según estadísticas policiales, del total general de los accidentes de tránsito con muertos, el 38% son motociclistas, el 70% ocurre en carreteras interdepartamentales y son causados por el exceso de velocidad e irrespeto a las señales de tránsito. Hasta octubre reciente han fallecido 180 motociclistas.

El parque automotor del país está compuesto por 566,000 vehículos, de los cuales 208,000 (37%) son motos de dos ruedas. Estas, en Managua, son las que más ocupan los titulares de los medios por accidentes de tránsito.

De acuerdo con la Dirección de Seguridad de Tránsito Nacional (DSTN), al menos 672 personas murieron en las carreteras el año pasado, el 16.4% más que los registrados en 2013, cuando fallecieron 577. Los accidentes de tráfico se han convertido en la quinta causa de muerte. En promedio hay 10 fallecimientos por cada 100,000 habitantes.

Ante este problema la Policía Nacional lanzó a inicios de 2015 la campaña “Seguridad Vial 2015”, con el lema “Respetando las señales de tránsito, protejo mi vida”, la cual se ha ejecutado en los 153 municipios del país.

Carlos García, que sufrió un accidente en su moto en mayo del año pasado, es presidente de la Asociación Nicaragüense de Motorizados (Animoto) y reconoce que en el país las motocicletas han estado involucradas en una buena cantidad de accidentes de tránsito. “Por el número de incidentes que ha habido, la gente cuando habla de moto la asocia a muerte”, comentó.

Sin embargo, refirió que desde su organización están impulsando medidas para que los motorizados tomen conciencia sobre el problema de accidentalidad que vive el país.

“Para nosotros es preocupante la cantidad de jóvenes que están muriendo en accidentes de tránsito. Por ello, a nuestros miembros siempre les estamos diciendo que manejen a velocidades mínimas, que amen su vida”, espetó García.

Sueños no murieron

Marco Torres se describe como un ave fénix. Ha resurgido. Se tuvo que acostumbrar a no correr, a caminar con muletas o en silla de ruedas. A eso y a más, pero nunca se hizo la idea de dejar de jugar baloncesto. Su vida como deportista se mantuvo y todos los fines de semana va al parque Luis Alfonso Velásquez a jugar con un equipo que reúne a jugadores con la misma discapacidad para practicar la disciplina deportiva.

“Para mí, el basquetbol sentado es un deporte muy bonito, es bonito porque uno se ejercita bastante”, afirmó Marco.

El día que concedió la entrevista se alistaba para ir a Masaya a comprar productos tradicionales de esa ciudad. Desde hace cuatro meses atiende un tramo que su mamá tiene en el mercado Roberto Huembes.

“Al comienzo fue bien duro, tanto económica como físicamente, porque nos afectó a todo mundo (a la familia), a su mamá, a mis hijos, tengo una hija de cinco meses, tengo otra de diez años. El sustento era él, yo trabajaba, pero en algunos momentos sobrevivimos por la voluntad de Dios”, expresó Lucía Martínez, esposa de Torres.

Los motorizados que logran sobrevivir a los accidentes de tránsito arrastran duras secuelas. El caso de Humberto Castañeda, un joven que se impactó contra un vehículo cuando viajaba en su moto hacia Masaya, es igual de fuerte que los demás. Producto del violento encontronazo, resultó con siete costillas quebradas, serias lesiones en sus piernas, en la columna y clavícula. Son tan graves sus heridas, que corre el riesgo de no volver a caminar.

 

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