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El desmedido uso de bombas en Casares empieza a pasar factura. Los pescadores deben pasar más tiempo en altamar, ir más lejos e invertir más en combustible para obtener menos peces.

“En estas fechas ni charbasca está saliendo, la verdad esto está malo, pero este diciembre está peor que los demás y no se sabe por qué”, dice apesarada Luz Marina Aguilar, una vendedora de pescado.

Otros sí saben la causa de la menor producción: El uso de explosivos.

CAUSAS

La poca producción en Casares se debe a que hay muchos pescadores que en la temporada alta llevan bombas para matar a los peces, lo que hace más rápida la pesca, pero la estrategia provoca que en temporadas como las de diciembre haya escasez.

La explosión de una bomba en el mar impacta en un radio de 300 metros a la redonda, causando la muerte no solo de los peces, sino de las larvas. También contamina el agua y provoca la migración de los peces.

  • Casares está unos 70 kilómetros al suroeste de Managua, sobre la costa del océano Pacífico.


Los pescadores sostienen que otra causa que afecta sus labores son las corrientes heladas de fin de año, que obligan a los peces a buscar partes más profundas, lugares en los que es más difícil acceder por la gran cantidad de rocas.

LA NAVAL

A una cuadra de la costa de Casares están las oficinas de la Fuerza Naval, encargada de cuidar y velar por la seguridad marítima, y también de controlar las labores de pesca. Se trata de la máxima autoridad en este territorio.

Soldados de la Fuerza Naval inspeccionan las lanchas al entrar y salir del mar, para verificar el tipo de carga que llevan los pescadores, revisar los termos, la carnada y descartar la presencia de bombas.

El teniente Róger Acevedo Vado comenta que ya han identificado a quienes producen y usan los explosivos.

“Aquí ya se tiene el control de quiénes son las personas que están trabajando con bombas, también ya se tiene un lugar bien visto en donde se están fabricando los explosivos, lo único que estamos esperando es la orden para montar un operativo en conjunto con la policía nacional”, declara Acevedo.

Cuando encuentran bombas en las lanchas, los soldados de la Fuerza Naval decomisan el vehículo y el producto, detienen a los pescadores y los envían a Managua, para que sean procesados.

Las personas involucradas en estas acciones enfrentan multas de hasta C$15,000 más seis meses de prisión.

DESIERTO EN LA COSTA

Diciembre pertenece a la temporada baja de la pesca en Casares. La costa parece un desierto y las paneras no tienen pescado.

Las lanchas muchas veces están inmóviles y algunos pescadores entran y salen al mar a cada rato viendo a ver qué agarran.

“Este mes siempre es así, hay muchas corrientes en el mar que hacen que los peces cojan otro rumbo, además las aguas se ponen heladas y no sube el pez que nosotros queremos, que es el pargo rojo, que es el de exportación. Solo sale pescado blanco y es un poco más barato”, dice Luz Marina Aguilar, vendedora de pescado.

No es que los pescadores no entren al mar, sino que no están saliendo suficientes peces, lo que viene a desestabilizar la economía en esta zona, que depende de las labores de pesca.

“Todo es de hacer sacrificios, así es esta vida, hay que levantarse de madrugada, pasar en el agua por más de cinco horas, hay que tener paciencia para coger el pez, para luego entregarlo a las paneras, que son las que más nos ayudan y con las que trabajamos de la mano”, sostuvo el pescador Alex Cruz.

DEUDAS

Los pescadores, por otro lado, admiten que muchas veces su trabajo les deja deudas.

El esquema es así: las paneras dan a los pescadores la gasolina, hielo, carnada y alimentación para que vayan a altamar.

El pescador paga con lo que obtiene, pero cada vez es más recurrente que al entregar su producto a las paneras, no cubren ni la mitad de la inversión inicial.

Las paneras pesan y escogen el mejor producto. El Pargo Rojo, que es de exportación, debe tener una medida exacta: pesar tres cuartos o libra y media para poderse vender en el exterior.

Andaluz García, dueña del acopio Riquezas del Mar, comenta que todo es un negocio y que quienes más ganan son las empresas comercializadoras.

Precisa que del 100% de los ingresos, el 60% le queda a las empresas y el 40% es dividido entre paneras y pescadores.

En algunas ocasiones, añade, los pescadores se ganan al día más de C$3,000 pero solo cuando la pesca está buena.

Cifras no oficiales indican que en Casares hay unos 1,500 pescadores, quienes entran al mar en grupos de cinco por cada lancha.

Estos hombres empiezan sus labores a las 4:30 a.m., sin importar el oleaje o el frío y terminan al mediodía.

Para protegerse del bravo mar, estos pescadores llevan agua potable en pichingas, trasmallo, termos con hielo, gasolina y carnada.

FALTA ORGANIZACIÓN

Problema• La falta de organización entre los pescadores es catalogada como una debilidad para el gremio, que no cuenta con clínicas para examinar su salud, ni logran vender sin intermediarios o comprar sus herramientas a mejor precio.

La comerciante Audilia Alemán dice que formó la cooperativa Pesca Arte, con 75 afiliados.

Esa cooperativa trabaja con la empresa Nica Fish, aunque el propósito final es vender los pescados sin intermediarios, lo que no han logrado por la falta de  personería jurídica.

“Ahora están pidiendo demasiados papeles para que nosotros sigamos vendiendo el producto, las personas dicen que tenemos dinero, pero se equivocan, todos aquí trabajamos con dinero prestado y lo que existe es mala organización, porque aquí no todo el mundo paga sus impuestos y vienen a vender a la loca. Los platos rotos los pagamos los que sí llevamos todo en regla y lo que mata aquí es que no hay personería jurídica”, lamenta Alemán.

En la zona no hay una entidad que tenga la información exacta sobre la cantidad de mariscos y peces que salen de estas costas, pero según un análisis de Alemán, en doce lanchas se logran sacar del mar 22,700 libras de pescado.

De acuerdo con el Centro de Trámites de las Exportaciones, entre enero y noviembre pasados, Nicaragua logró ventas de pescados en el exterior por un valor de US$27.4 millones, inferior al mismo período de 2014, cuando se alcanzaron los US$31.3 millones.

 

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