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Hasta hace cinco años Elena Elizabeth Hendrick tomaba rigurosamente su tratamiento para controlar la hipertensión, sin embargo esa rutina dio un giro radical desde que su paladar se familiarizó con el sabor del agua de mar.

“Hace varios años pasé una etapa con presión alta, me estaban recetando medicina química y al empezar con el agua de mar después de dos meses y medios dejé de tomar la medicina química para la presión. Por razones de la edad y otras problemáticas, el agua de mar me da más energía y más capacidad para realizar mi trabajo”, aseguró Hendrick.

Ella es una de las asiduas visitantes al dispensario marino Santo Domingo en Managua, uno de los casi 60 centros que hasta 2014 estaban censados en la capital y que promocionan este tipo de tratamiento alternativo, que cada vez se hace más popular en la población, pese a la reserva de los médicos especialistas.

María Teresa Iliari dirige esta clínica y comenta que los primeros esfuerzos para promover el consumo de agua marina en Nicaragua datan de 2003. Laureano Domínguez, periodista colombiano especializado en el tema, dio el primer empuje en el país.

Dicho tratamiento es una de las opciones contempladas en la Ley de Medicina Natural, Terapias Complementarias y Productos Naturales en Nicaragua (Ley 774), aprobada en 2011 y publicada un año después. “En Europa a esta técnica se le conoce como Plasma de Quintón, en Canadá como Ocean Plasma y su consumo suele ser recomendado a atletas de alto rendimiento, pero también hay estudios que demuestran las altas propiedades beneficiosas que tiene el beber agua de mar, sobre todo para la regeneración celular y disminuir la desnutrición”, afirmó Iliari.

Según la especialista, los dispensarios marinos en el país no apuestan por la venta del producto, sino que apuntan a la gratuidad de la distribución del mismo para la población.

Funcionamiento

“Para el establecimiento de los dispensarios marinos solamente hace falta alguien de buena voluntad que acopie el agua de mar y la redistribuya entre la gente que se la pida, personas enfermas, personas que por medicina preventiva quieran tomarla”, sostiene Iliari.

La clínica que regenta Iliari cuenta con el apoyo del Ministerio de Transporte e Infraestructura para el abastecimiento mensual de más de 6,000 litros de agua marina extraída en la zona costera del Pacífico, la cual es almacenada en toneles durante tres días para efectuar el proceso de decantación —asentar los residuos de arena que podría contener— y luego se distribuye entre los pacientes del local o los vecinos que la solicitan. Aunque la especialista no precisó la cantidad exacta de personas que consumen este producto, afirmó que pueden ser miles a nivel nacional debido a que existen dispensarios marinos en ciudades como León, Masaya, Granada, Mateare, Juigalpa y Somoto.

Comercialización

Lidia Vargas, regente farmacéutica de los Laboratorios Himalaya —que tiene presencia en el país desde hace diez años y se ha especializado en la elaboración de medicamentos naturales— compartió que desde hace dos años impulsan entre los centros botánicos la comercialización de agua de mar embotellada en dos presentaciones: 1.5 litros y 1 galón, los precios son de C$40 y C$65 respectivamente.

“El producto se comercializa bajo la marca Marvida, se procesa directamente aquí mediante un proceso de filtración para limpiar las impurezas que pudiera contener el agua marina, dejándola apta para su consumo”, mencionó Vargas.

Tanto Vargas como Iliari coinciden en destacar que consumir agua de mar en porciones adecuadas trae beneficios tales como reducción de la hipertensión, mejora de problemas digestivos, ayuda a perder peso, gastritis y la regeneración del organismo debido a que este líquido contiene elementos de la tabla periódica y electrolitos.

Iliari, sin embargo, no se aventuró a recomendar la sustitución de los medicamentos que consumen los enfermos crónicos por agua de mar. 

Recomienda prudencia

En este sentido Vicente Maltez, médico internista, reconoció que aunque en el agua de mar se encuentran presentes componentes similares a los que existen en la composición de la sangre (cloro, sodio y cloruro de sodio, magnesio calcio, potasio), el consumo de este líquido podría resultar contraproducente en pacientes que padecen enfermedades crónicas como hipertensión.

“Existen algunos padecimientos en los que los medicamentos naturales son muy funcionales. Por ejemplo alguien con problemas de estreñimiento si consume fibra le puede ayudar, pero si tiene infección o hipertensión tenés que darle un químico porque no hay otra cosa que te lo resuelva”, afirmó Maltez.

De acuerdo a la explicación del galeno, dado que el tratamiento para los pacientes hipertensos tiene una funcionalidad diurética en la que se elimina el sodio (componente de la sal) para regular la presión arterial, el ingerir agua salada tendría un efecto adverso.

En el centro de salud de Ciudad Sandino la población puede solicitar agua de mar. "Solo llevás tu botellita y te lo dan", contó un usuario. 

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