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En una casa del barrio René Cisneros, en Managua, sus habitantes tienen muy claro que lo usado tiene mucho valor. La bolsa del suavizante de ropa, los envases de cartón de la leche que se tomó el niño menor hace unos minutos, las bolsas en las que se trajeron las compras del supermercado ayer, el papel de aluminio que cubría los nacatamales en la refrigeradora, el cartón y papel de los regalos de Navidad… Todo se aprovecha. Todo se recicla. Todo lo que sea basura es guardado al fondo del patio estrecho de Natividad Ríos, una señora cincuentona que semanalmente vende la basura recolectada en el acopio de desechos que se ubica frente al colegio Benjamín Zeledón, en el barrio Andrés Castro.

Con ella viven cinco personas más: sus dos hijas, su yerno y sus dos nietos. Desde que tiene uso de razón le ha dado buen uso a lo que descarta a diario, quizá, la idea de separar los desechos llegó a ella con esa manía de mantener limpia y ordenada la casa. 

“Lo único que se lleva el camión recolector son los desechos de comida, de ahí todo lo vamos guardando”, asegura. Hace unos minutos vino el depósito de basura. Le pagaron 120 córdobas por unas latas de aluminio y unas cuantas libras de papel. “Con esto uno ya hasta ajusta para comprar el gas butano”, dice.

En Managua cada habitante produce diariamente 0.7 kilogramos de basura. La capital entera llega a las 1,800 toneladas y a nivel nacional suman 8,200 toneladas. El 60 por ciento de los desechos que produce el país son orgánicos, el restante (40 por ciento) son inorgánicos. De los inorgánicos (plástico, vidrio, aluminio, entre otros) solo se trata el 7 por ciento y generan más de 40 millones de dólares anuales. ¿Se imagina cuánto dinero dejaría al país si se tratara el total de los desechos inorgánicos? 252 millones, calcula el Foro Nacional del Reciclaje (Fonare). Y si Nicaragua reciclara también la basura orgánica para generar abono, energía o biogás, la cifra sería el doble, el triple… 

El informe What a waste, publicado por el Banco Mundial en 2012, revela que la cobertura promedio del servicio de recolección de residuo en Managua ronda entre un 75-80 por ciento del total producido y proyecta que la generación de residuo per cápita prácticamente se duplicará en 2025, pasando de 0.7 a 1.5 kilogramos por persona por día.

Cadena del reciclajeLa Alcaldía de Managua ha hecho esfuerzos por evitar que se tire basura a los cauces. Henry Padilla / END

Sobre una calle que colinda con la entrada principal de la planta procesadora de desechos de La Chureca está estacionado un camión con la leyenda “Metales y desechos de papel”. Dos hombres fornidos con el pecho al desnudo y de piel curtida están trasladando inmensas pacas llenas de cartón desde una humilde casa. Luego el vehículo parte hasta Sabana Grande donde se encuentran las instalaciones de la empresa. Ahí unas máquinas compresoras achican el papel para luego cargarlos en camiones que manda una compañía guatemalteca. “Exportamos entre cuatro y cinco camiones llenos de papel semanalmente”, señala el administrador, Óscar López.

“Metales y desechos” se constituyó hace 10 años. El dueño, Diederich Acuña, inicialmente se había enfocado en la compra y venta de chatarra, pero con el tiempo, sus clientes le preguntaban porqué no incursionaba en la exportación de papel. Así que el negoció se dividió en dos: su mamá se encargó de los metales y él en el del papel y el cartón. 

“El material se exporta a Guatemala y con la empresa beneficiamos a 22 familias que trabajan en la empresa. El precio que pagamos está en dependencia de la cantidad que te venden, se le paga mejor al que vende en grandes cantidades. El cartón es el material mejor pagado. Al día acopiamos unos 720 quintales, en promedio. Con la bonanza se construyeron estas instalaciones donde tenemos tres compactadoras. Queremos crecer en volumen y buscar más contactos para vender”, comenta López.

La cadena del reciclaje es la siguiente: centenas de recolectores rebuscan entre la basura el plástico, el papel o cualquier otro material que sea vendible. Lo entregan a un acopiador en donde les pagan cantidades mínimas y este lo traspasa a las comercializadoras que se encargan de enviarlo al extranjero para ser procesado por las industrias. De todos los involucrados, los menos beneficiados son los primeros. 

“El reciclaje de estos productos es gracias a los recolectores. Vos ves que ellos andan en las vías públicas cuando hay eventos o conciertos, y ya no ves calles sucias, pero lamentablemente son lo que menos ganan”, opina Kamilo Lara. 

En total, unas 10 empresas se dedican a la exportación de desechos sólidos, según Rednica. Los principales mercados son: Costa Rica, Guatemala, Estados Unidos, Canadá, China, Japón y la India. 

Algunos empresarios, como el iraní Merhrzad Josseinzadeh Arbani, propietario de ARB S.A., abogan porque en Nicaragua se procese todo el material reciclado sin necesidad de mandarlo al exterior. Esto significaría que aumente el número de trabajadores y que todas las ganancias se queden en el país. 

“Necesitamos el apoyo del Gobierno, nosotros podemos hacer el producto sin necesidad de exportar la materia prima”, manifestó el extranjero. 

“Para progresar hay que articular esfuerzos. Tenemos tres años con la compañía y antes trabajaban 150 personas, pero como el precio del petróleo cayó, redujimos el número a 70. Nosotros tenemos la capacidad de emplear a 500 personas, sin el apoyo del Gobierno no se podrían lograr mejores resultados”, espeta el hombre de carácter militar y de español forzado, quien indica que invirtió 2 millones de dólares en la construcción de su planta de cinco manzanas.

El plástico que llega a su empresa lo exporta a Japón, China, Estados Unidos, Canadá, Costa Rica y Honduras. Hace unos instantes llegó a la empresa un camión a traer material. La compañía de este iraní envía el material totalmente triturado. Su planta tiene la capacidad de procesar 800 toneladas, sin embargo solo está exportando 200. 

Sobre el planteamiento de procesar en Nicaragua todo los desechos reciclados, el ambientalista Lara considera que el país no está preparado para dar ese paso. “Traer grandes máquinas no es rentable porque solo trabajarían al 20 por ciento de su capacidad y no estamos aprovechando el total de la basura”, insiste Lara.

Una alternativa que plantean los organismos ambientales es que se impulsen iniciativas de reciclaje comunitario. Un modelo a seguir, dicen, es la Cooperativa Nueva Vida Limpia, ubicada en el municipio de Ciudad Sandino. Los miembros antes trabajaban en La Chureca, pero a través de la Red de Emprendedores del Reciclaje (Rednica) lograron establecerse.

“La Unión Europea nos apoyó, la Alcaldía de Ciudad Sandino nos dio este terreno y la Cooperación para el Desarrollo de Países Emergentes (Cospe) donó 48 triciclos. En total somos 25 mujeres las que laboramos aquí”, explica la presidente de la cooperativa, Josefa Mendoza.

Al mes separan más de 2,000 quintales de diversos productos. Trabajan de lunes a viernes en horario de 7:00 de la mañana a 12:00 del mediodía. Solo cuando hay mucho material salen de la planta a las cinco de la tarde. Sus desechos son vendidos en la empresa del iraní Arbani.

Actualmente nueve cooperativas forman parte de Rednica, aunque las proyecciones es que para este año sean 25, según el presidente de la organización, David Hernández. 

“Tenemos presencia en Corn Island, Bluefields, Ometepe, León, Matagalpa, Jinotega, Rivas y Chinandega, pronto tendremos cobertura a nivel nacional”, explica Hernández.

La compra de chatarra casa por casa es una labor que realizan muchas familias. Henry Padilla / ENDAl vertedero

El estudio What a waste, del Banco Mundial, indica que cada día el mundo produce más de 3.5 millones de toneladas de residuos sólidos de las casas. Sin embargo, esta cantidad aumentará a más de seis millones de toneladas diarias cuando se cumpla el primer cuarto de este siglo: el año 2025. La cifra es alarmante y muy pocas naciones —en Centroamérica solo Guatemala, Honduras y Costa Riva— ven la basura como un yacimiento de dinero y fuente de trabajo.

La mayoría de desechos que generan los nicaragüenses están yendo a los vertederos municipales para ser enterrados o bien, incinerados, según ha constatado el presidente de Rednica, David Narváez. 

“La solución no es quemar ni enterrar los desechos en basureros de cielo abierto, la municipalidades deberían permitir el ingreso de las familias recicladoras porque así ayudan a recuperar la materia prima”, expone el dirigente de Rednica.

Por su parte, Kamilo Lara es más enfático y exhorta a que las alcaldías vean la basura como una potencial actividad económica, que a la vez les ahorraría millones de córdobas en recolección de desechos.

De acuerdo a datos de Rednica, 23 vertederos de cielo abierto operan a nivel nacional. Se espera que con la aprobación de la Ley Especial de Gestión Integral de Residuos y Desechos Sólidos Peligrosos y No Peligrosos, mejore la situación del reciclaje en Nicaragua.

“Lamentablemente el reciclaje es algo incipiente, tenemos ordenanzas municipales, decretos, la Ley General de Medio Ambiente y los Recursos Naturales, que han tratado de hacer esfuerzos por tratar la basura, pero no se están aplicando las reglas”, apunta Lara.

De basura a arte

Sobre la carretera Masaya–Catarina unos pájaros de colores cuelgan de las enramadas. No son animales naturales. Son artesanías hechas con llantas que algún día hicieron rodar vehículos. También hay sillas, centros de mesas y más adornos hechos con este material.

Ciertos pobladores en vez de vender los productos a bajos precios en los acopios de basura, prefieren hacer arte. Por una llanta de un bus les dan 50 córdobas cuando mucho, pero este mismo desecho convertido en una silla es vendida a los visitantes del municipio de Catarina por un precio de 350 córdobas, de acuerdo a Johana Flores, propietaria de un Toque de bambú, una microempresa que se encarga también de fabricar muebles con bambú.

Más al Sur de Nicaragua, en la Isla de Ometepe, los comunitarios han reciclado las carcasas de computadoras y las han convertido en repisas. Los conectores se han transformado en piezas de lámparas y con las latas de aluminio han diseñado muñecas para utilizarlas en fiestas de 15 años.

Uno de los casos más insignes de reciclaje es el proyecto Chureca Chic, que encabeza Andrea Paltzer desde 2009. Hoy día se ha convertido en una marca vanguardia en el diseño nacional. 

“Iniciamos brindando un curso de capacitación laboral a mujeres de La Chureca y las zonas cercanas, Chureca Chic fue la marca que creamos para representar los productos que elaborábamos como parte del programa de manualidades en reciclaje. Lanzamos la marca en 2013 y ya es un proyecto por su cuenta. Por medio de las ventas recaudamos fondos para las becas económicas que se brindan a las mujeres dentro del programa social, somos una fuente de empleo y en 2016 empezaremos un programa nuevo de artesanas asociadas”, cuenta Paltzer desde Europa.

La materia prima, principalmente el papel, es reciclada por las mismas mujeres del proyecto, quienes han creado una línea innovadora de accesorios de moda hecho a mano. Las colecciones están inspiradas en la flora y fauna de Nicaragua, sus volcanes y el “espíritu emprendedor”, que forman parte de la Chureca Chic. Los precios de los accesorios oscilan entre 5 y 250 dólares. Actualmente están exportando a Panamá, Europa, EE.UU. y pronto a Costa Rica. 

  • 350 córdobas puede rondar el precio de una artesanía elaborada con llantas desechadas.
  • 22 familias están contratadas en la empresa Metales y Desechos, que desde hace 10 años se dedica a la exportación de papel y metales.
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