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¿Viene a sacar visa? ¿Qué necesita? ¡Fotocopias a cinco córdobas! ¡Venga, aquí le hacemos el papel para que saque al niño!

¡Aquí tengo a un licenciado en el toldo! ¿Tiene boleto? ¡Le guardo lugar! La mujer de pelo azabache, esbelta, hermosa, no ha terminado de bajar del taxi que la ha traído a la Dirección de Migración y Extranjería, en Managua, cuando una decena de personas la acorrala por la puerta derecha del automotor. “Solo espero a una amiga, no necesito nada”, insiste.

Escenas como esta se repiten de lunes a viernes. No solo en este lugar sino también en las embajadas de Costa Rica y Estados Unidos. En total, unas 250 personas sobreviven del negocio de prestar servicios a los nicaragüenses que buscan salir del país para viajar o trabajar. Las razones del viaje no importan. En estos sitios, encontrará siempre gente que le instruirá hasta cómo debe comportarse si le toca entrevista con algún funcionario.DESPACHOS AMBULANTES SE HAN INSTALADO EN MIGRACIÓN.

DESPACHOS AMBULANTES

En una lata sarrosa que cuelga de un toldo verde se lee la leyenda: Abogado y Notario Público. Son las ocho de la mañana y el asistente de la licenciada Esther Castellón termina de instalar la mesa de plástico que hace de escritorio, un banco de madera, para los clientes, y la silla de oficina que compraron usada hace tiempo en el mercado Oriental.

Fátima, a los pocos segundos, llega perfumada y maquillada a tomar su asiento. Tiene 46 años de edad y desde hace 18 ha hecho de este despacho ambulante y de su vieja máquina de escribir Brother Echelon 77, sus fuentes de ingreso. Mientras termina de acomodarse una gestora, en cuyo carné se lee Juanita Bermúdez, invita a tomar asiento a una pareja que tiene problemas con el pasaporte.

“Vea, licenciada, resulta que mi esposo (Carlos) hace dos meses perdió el pasaporte y queremos que usted nos haga el papel para reportarlo”, cuenta María. Al terminar de exponer el servicio que requiere, la gestora se retira del despacho y la abogada coloca un papel sellado en la máquina de escribir.

Por la elaboración de ese documento, Fátima cobrará 150 córdobas. El permiso de salida cuesta 100 córdobas. Esos son los trámites legales con mayor demanda y en total Fátima elabora entre 10 y 12 al día. A las 2:00 de la tarde, cuando termina su trabajo, ha obtenido unos 2,000 córdobas.

“El negocio ha estado bastante bueno porque los meses de diciembre y enero son temporada alta”, comenta Fátima, quien precisa que vive en el barrio Ducualí, en Managua, y que de sus ingresos sobreviven sus hijos y su mamá.

GESTORES ORGANIZADOS

En la Dirección de Migración y Extranjería hay un total de 20 abogados, quienes se asisten de más de 64 gestores aglutinados en la Asociación de Gestores de Migrantes de Managua. Todos lucen uniformados y con sus respectivas identificaciones.

La presidenta de la organización es Esthelgive Morales, una señora que desde hace 20 años se dedica a este negocio. Dice que desde julio pasado están constituidos y que los múltiples robos a los migrantes la motivaron a dirigirse a la Policía Nacional para que les permitieran trabajar de manera “legal”.

“Nosotros aquí estamos para cuidar a la gente que viaja, los atendemos, les ayudamos más bien para que no tengan complicaciones”, expresa Morales. El día que se le visitó no quiso dar más detalles sobre su trabajo y sus agremiados aducen que ella es la única que puede brindar entrevista.

Los gestores ganan una comisión por cada cliente que consiguen, por eso se ubican en la entrada de la institución y si ven un carro lo acorralan para convencer al viajero de hacer el trámite con su abogado. Sin embargo, no todos los “licenciados” trabajan con ellos y, por el contrario, mejor se auxilian de un asistente.

FOTOCOPIAS Y BOLETOS

Dice que se llama Justina Pérez Martínez, que tiene 65 abriles, que desde hace 10 años trabaja asistiendo a migrantes, que vive en el barrio Monseñor Lezcano, que su hija y su nieto le ayudan en el negocio, que tiene dos fotocopiadoras y que ella es la única fuente de ingresos del hogar.

Su establecimiento lo componen dos mesas y un toldo que ha instalado en un andén muy cerca del Consulado de Costa Rica en Managua. Por este pequeño espacio paga a la Alcaldía de Managua 1,100 córdobas al mes y lo ha peleado desde que la sede costarricense estaba en otro punto de Managua.

El día de Justina, la anciana de cabello cenizo, empieza a las 3:00 de la mañana. En un coche arreado por caballo transporta las máquinas, que le costaron unos 700 dólares, la mesa y las sillas. Su nieto es quien viaja con ella a esa hora. “Nos tenemos que levantar temprano y más en esta temporada que la gente viene a hacer fila a las dos de la mañana”, asegura.

Las ganancias de la fotocopiadora dan para comer. Pero también consiguen más dinero con el cuido de bolsos y lugares en las filas. “Aquí uno se la rebusca de todo”, expresa Justina mientras tapa y destapa su máquina de hacer fotocopias.

A la par de este centro de copias improvisado, se ubica la empresa Excursiones Silva. La mujer que atiende se llama Marbely López y expresa que ofrecen viajes a nicaragüenses que quieren ir a comprar mercadería a Panamá.

Este negocio cuenta con dos choferes y siete ejecutivos de ventas que se mueven en toda la calle del consulado. El pasaje en bus a Panamá lo venden en 100 dólares, pero si van más de dos personas ofrecen un descuento. También disponen de boletos a Costa Rica. Si el viajero emprende marcha el mismo día que le dan la visa, lo llevan a la terminal de autobus en un microbús con aire acondicionado.

Jonathan Membreño es ejecutivo de ventas y a las 5:00 de la mañana ya está ofreciendo boletos. “La diferencia que brindo es que con mi compañía no se van a mover a la terminal, se les ofrece el traslado en taxi, le damos transporte hasta la agencia de viaje o le ayudamos con el trámite. Si hay mucha gente, aquí le sugerimos que vise en Rivas”, explica.  Al oeste de Managua una decena de hombres con libretas en mano se pasea a lo largo de la embajada de Estados Unidos. Ofrecen ayuda para llenar formularios, fotos instantáneas, copias y trámites legales. Jorge López es el propietario de un negocio que se ubica entre unos árboles y expone que también ayuda a llenar formularios de visa a un precio de 10 dólares. “Nosotros solo brindamos asistencia migratoria”, puntualiza.

Ciudadanos señalan abusos

Denuncias. Los nicaragüenses que pagan por servicios en Migración y en las embajadas de Costa Rica y Estados Unidos señalan que la mayoría de los propietarios abusan al cobrarle precios exagerados.

Wendy Salgado llegó a la embajada de Estados Unidos a tramitar la visa sin la carta impresa que le entregaron en su trabajo.

“Un muchacho me dijo que la impresión me costada 10 dólares, me pareció cara, pero no tenía de otra y tuve que pagarlos.

Eso me parece un abuso, como si uno tuviera montón de dinero”, critica.

En la sede costarricense, Nixon López, originario de Chontales, pagó 450 córdobas para que le guardaran el bolso y un lugar en la fila. “Está bien que cobren, pero no esa cantidad si uno también es pobre. Imaginate que una copia me la cobraron a 10 pesos cuando en otros lugares pagás un córdoba”, explica.

En la embajada de Estados Unidos. los servicios son más caros. Una fotocopia cuesta 4 dólares, una impresión a color 10 dólares y dos fotos pequeñas 20 dólares.

 

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