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El padre Adolfo López de la Fuente salió por primera vez en un periódico siendo un niño de 7 años. Junto con su familia viajó desde su natal España hacia Inglaterra en 1932, cuando prácticamente no existían líneas aéreas, así que el viaje fue un notición en la época. El avión en el que volaron tenía dos alas y uno de sus hermanos se movía mucho, por lo que el piloto ordenó a sus padres “detener al chavalo”.

López de la Fuente es un jesuita de 91 años. Un estudioso. Cada mañana llega al Centro de Malacología de la Universidad Centroamericana (UCA) para continuar con su tarea diaria de estudiar los moluscos.1,920 especies  de moluscos hay en el Centro de Malacología de la UCA.

Aproximadamente 1,920 especies de  moluscos se encuentran en la colección de este centro, el cual fue fundado hace ya 36 años por él, quien vino procedente de Taiwán en 1979, durante la Revolución Sandinista.

Entre bivalvos y gastrópodos —dos de las especies propias del Pacífico y Caribe del país— se encuentra el padre Adolfo. En la oficina impera el silencio. Allí se estudian los moluscos que le han permitido la minuciosa elaboración de cuatro libros.

 

“Yo estaba dando clases de Ingeniería Electromecánica en aquel país asiático y mi hermano que era sacerdote de aquí, me llamó para dar una clase aquí en la UCA. Él era el S.J. Julio López de la Fuente, quien murió hace dos años, y fue fundador de la estación solar de esta academia”, explica.

ENTUSIASMADO

A sus 91 años asegura que le queda bastante entusiasmo para realizar actividades como ofrecer misas y estudiar los moluscos, los cuales se antepusieron a su carrera de ingeniero electromecánico, la que cursó en Bélgica en un instituto jesuita, donde además de ingeniería recibió estudios de filosofía y teología.

Con este mismo entusiasmo recuerda su época de juventud en Filipinas y en Taiwán.

“Pedí ir a misiones y me mandaron a China y a Filipinas. En Filipinas hay mucha vida. La vida silvestre es muy feroz, solíamos ir al mar y buceábamos con equipos que nos habíamos fabricado. El régimen de estudio era tal que los jueves era libre, no había clases y podías salir de excursión, así que salíamos y bajábamos 40 kilómetros al mar, a bucear”.

De las profundidades del mar traía los moluscos, aunque ahora confiesa que “los estudiaba, pero no muy en serio”.

DISTINTOS LUGARES

Parte de la colección que hoy forma parte del Centro de Malacología fue traída desde distintas partes del mundo, entre ellas el mar Mediterráneo, Nueva Zelanda, Australia, Japón, Chile, Cuba y, por supuesto, Filipinas.

En Nicaragua se han extraído caracoles y moluscos del Pacífico, el Caribe y también de la zona por donde se supone pasará el canal interoceánico.

  • Actualmente desde el Centro de Malacología se planea ofrecer el doctorado en Ecología Ambiental y Gestión de los Recursos Naturales para que otros profesionales interesados en esta ciencia se especialicen.

Según López de la Fuente, del Pacífico se han coleccionado 1,101 especies; del Caribe 151 especies. De las especies continentales que se han acercado al país se contabilizan 120 y de especies traídas de otras partes del mundo suman más de 528.

“Entre la malacología se incluyen babosas, pulpos, caracoles de mar y de tierra, y una especie rara que se les llama popularmente como cucarachas de mar”, explica.

Pese a su avanzada edad, el jesuita continúa estudiando, explicando, escribiendo. Todo con la misma emoción con la que muestra los miles de moluscos que forman parte del centro.

 

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