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Desde el día en que le diagnosticaron cáncer de mama, Karla Icaza Meneses sintió el apoyo y amor incondicional de su familia y amigos, pero también la protección de Dios en cada momento de su proceso de tratamiento y recuperación.

Para ella, esta experiencia representa una prueba que Dios puso en su camino con un propósito: dar testimonio de cómo se enfrentó y venció al cáncer a mujeres que atraviesan la misma situación, para lo cual decidió escribir el libro El poder del amor, mi experiencia con el cáncer de seno.

¿Por qué tomó la decisión de escribir este libro y por qué “El poder del amor”?

La decisión de escribir el libro la tomé al día siguiente que me diagnosticaron. Al principio, creo, me traicionó mi naturaleza práctica porque lo que originalmente había pensado hacer era escribir un libro de consejos prácticos que incluyeran todo el proceso desde que me diagnosticaron, las decisiones que iba tomando, el tratamiento, las cosas que me funcionaran para la recuperación de la cirugía, etc., pero una semana después, el domingo en la iglesia, escuché una prédica sobre el poder del amor y eso como que se me clavó en el corazón inmediatamente y sentí que al libro, que originalmente lo iba a llamar Mi experiencia con el cáncer de seno porque iba a ser algo muy práctico, debía cambiarle el nombre a El poder del amor, porque desde el día 1 del diagnóstico yo comencé a recibir muestras de amor de parte de mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo, colegas. Realmente sentí que me estaban dando una gran fortaleza para poder enfrentar lo que me venía, entonces así nace el título.

Cuando comencé a escribirlo, que comencé tres días después de que salí de la cirugía, en mi casa, en recuperación, lo que quería era primero hacer algo que le sirviera a la persona que está pasando por esto. Y segundo, que también le sirviera a la familia y a las amistades, a todo el círculo que te abraza en los momentos de una prueba como esta. Mi hijo menor, Sebastián, me dijo que podía ser buena idea que ellos y su papá escribieran sobre su propia experiencia desde su punto de vista, lo que me pareció genial porque es un libro que quiero que sea de ayuda y es muy importante conocer la forma en que las personas más cercanas a mí manejaron la situación, por eso es que incluyo testimonios de ellos en el libro; mi papá, mi hermana, mis primos que me hospedaron en su casa en Estados Unidos durante el tratamiento; mi prima que me llevó a todas las sesiones de quimioterapia, porque lo que yo quería demostrar era el poder que el amor tiene cuando uno está pasando una situación difícil y cómo eso te ayuda a sobreponerte y a salir victoriosa.

¿Qué espera usted que pase en la vida de una mujer que se está enfrentando al cáncer de mama, luego de leer este libro?

En el libro, lo que yo plasmo es la realidad que uno sufre cuando tiene que pasar por una circunstancia como esta, pero al mismo tiempo traté de darle un tono de “ok, es bien duro, pero no te dejés”. Entonces, incluyo fotos de cuando me disfrazaba con una peluca y una nariz de payaso en cada quimio, antes y después, porque eso me animaba. Lo que quiero es que la mujer que lea este libro, que está pasando por el proceso del tratamiento de cáncer, sienta esperanza, sienta un refrescamiento, se ría, posiblemente va a llorar de repente y posiblemente se va a reír un montón porque yo opté por escribir lo que mi corazón me dictaba y quise que fuera un libro que alguien quisiera tener en la mano.

En vez de citar los versículos bíblicos de sanidad que me ayudaron a mí, los escribí al inicio de cada capítulo porque cuando uno está pasando por un tratamiento tan fuerte, como la quimioterapia, no puede concentrarse, no tiene fuerzas, no tiene ánimos; entonces no vas a ir a buscar en una biblia donde está esa cita. También puse algunas letras de canciones que me ayudaron a levantar mi espíritu y otros consejos prácticos de cosas que me funcionaron a mí; hay una lista de vocabulario que me regaló una amiga, Marina, quien iba delante de mí en la quimioterapia, y le pedí permiso para utilizarla porque me pareció una excelente forma de cambiarte el casete. Por ejemplo, en vez de decir “estoy enferma”, decir “estoy pasando por una situación temporal y voy a salir de esto”. Son herramientas que yo utilicé para ayudarme a mí misma a salir y es lo que yo quiero con este libro.

Su caso en particular tiene un mensaje muy importante y es que el cáncer de mama puede afectar a cualquiera, ¿Habla de eso en el libro? 

En uno de los capítulos hablo sobre el hecho que yo no era muy diligente haciéndome los autoexámenes. Sí me hacía mi mamografía una vez al año y de hecho cuando yo sentí una pelota en el seno izquierdo un mes antes de que me tocara mi mamografía, pero tuve la dicha de que estaba muy superficial y me la sentí y pude tratarme rápidamente. Yo ni digo que era diligente en los autoexámenes, sino que yo no me los hacía y gracias a Dios me lo descubrí superficial, porque sí es importante hacerlo todos los meses. La última estadística que escuché fue que una de cada 8 mujeres es diagnosticada con cáncer de seno, entonces dependiendo del estado en que uno lo detecte, de eso dependen los chances que uno tiene de tratarse y de sobrevivir.

  • 1, 000 ejemplares se imprimieron en la primera edición de su libro El poder del amor…

¿Cuáles fueron los momentos más difíciles de su tratamiento? ¿de cuáles le costó más recuperarse?

Yo escogí creer que el Espíritu Santo me protegió el cuerpo completo y nunca me atrasaron una quimio y no tuve problemas de náuseas, nunca dejé de comer. A mí lo que más me afectó fue la fatiga y el decaimiento y yo soy una persona súper acelerada y activa, entonces, el sentirme que no podía hacer nada de lo más mínimo era lo que más me afectaba emocionalmente. Aquí las emociones juegan un papel muy importante en la forma en que uno enfrenta el tratamiento. Cuando sentía que mis emociones me estaban controlando, en ese momento buscaba ayuda, una oración, llamaba a mi esposo o a mi prima o a mi mamá para poderme levantar el espíritu y poderme tranquilizar, porque si uno está triste el cuerpo físicamente reacciona; si yo tenía las defensas bajas por la quimio, se me iban a bajar más por estar emocionalmente frágil.

Usted tuvo la dicha que, aparte de tener todo el apoyo y amor de su familia y amigos, tuvo la posibilidad de acceder a un tratamiento efectivo. Si le tocara hacer un balance, ¿cuál de estos dos aspectos tendría más peso?

Lo primero es el amor de Dios, porque yo sentí el abrazo de Dios en todo momento, en distintas maneras; segundo, el amor de la familia y de los amigos y la gente que tenés alrededor. Yo dediqué un capítulo de este libro para escribir brevemente sobre los gestos de amor que recibimos durante todo este tiempo de parte de distintas personas, porque a veces uno cree que no puede hacer nada, que un mensajito es una tontera y entonces no lo manda, pero un mensaje de WhatsApp era suficiente a veces para levantarme a mí de lo que estaba pasando. Y obviamente, en tercer lugar, poder acceder a un buen tratamiento y descubrir las cosas a tiempo.

¿Hubo mensajes de personas que no son tan cercanas, pero que la reconfortaron?

Yo me di cuenta de personas que me tenían en cadenas de oración que ni siquiera me conocían. Una tía mía en España se encontró a una persona en un evento y le preguntó ¿qué es tuya Karla Icaza Meneses?. Ella era casada con un hermano de mi mamá que falleció, entonces le dijo “es mi sobrina”, y esa persona le dijo que me tenían en una cadena de oración ¡en España!, un grupo de gente que posiblemente nunca en mi vida vea, pero saber que estaba en ese grupo de oración en España, con gente que ni conozco, a mí me llenó y me levantó. Tengo una sobrina, la Ceci, que me mandaba videos de su hijo que estaba aprendiendo a caminar y aprendiendo a comer y ese video me distraía, me sacaba de lo que estuviera pensando y mi día cambiaba; entonces hay detalles tan importantes que uno cree que son insignificantes pero, para uno que está en esto, valen millones.

¿El cáncer está totalmente superado?

Yo terminé mi quimio, el cáncer que me diagnosticaron es el más agresivo de los tipos de cáncer de mama, pero lo descubrí a tiempo, los ganglios estaban limpios, recibí una quimioterapia fortísima y ahora lo que tengo que hacer es chequearme cada tres meses y estar alerta a cualquier síntoma extraño que tenga. Pero no estoy esperando nada, ni estoy con miedo, ni estoy angustiada que voy a encontrar algo. Yo confío en Dios y confío en que el día que él me quiera llevar ya está escrito en algún lado, y entonces, ese día empaco y me voy, pero no voy a pasar mi vida con miedo pensando que en cada chequeo voy a encontrar algo malo.

¿Qué es lo más valioso que deja esta experiencia en su vida?

Una experiencia como esta te deja un montón de cosas. Te digo que, sinceramente, si Dios bajara hoy y me dijera: “Mirá, Karla, escogé, retrocedamos el tiempo, ¿querés que vuelva a permitir que pases por esto o te eximo de una prueba como esta”. Yo, sinceramente, le diría que voy a la prueba otra vez porque lo que yo saqué, lo que mi familia sacó, no tiene precio. Me siento más fortalecida, logré experimentar el amor de Dios en una manera distinta que no la hubiera tenido, su presencia, su abrazo y, obviamente, el amor de todo el mundo que recibí. Yo me siento otra mujer, otra persona, alguien más fuerte de lo que creí que era y evidentemente con un testimonio para ayudar a otras mujeres, para darles palabras de ánimo, aliviarles su miedo porque es algo que te embarga mucho en esta situación. El libro me parece que es una forma muy fácil para mí, porque esto se puede diseminar hasta donde sea, yo con este libro voy a Amazon, ya me lo están traduciendo en Estados Unidos, y voy al mundo con él porque creo que un
o de los propósitos de esta prueba era que yo escribiera ese libro.

Cuando habla de que esto fue una prueba, ¿a qué se refiere? Muchas mujeres en la misma situación lo verían como una tragedia y pensarían que es el fin de sus vidas…

Yo pienso que las circunstancias difíciles son pruebas que Dios permite que las pasemos para propósitos más grandes que a veces no entendemos. Yo he optado por creer en eso, y esta, que ha sido la prueba más dura de mi vida, siento que la pude pasar precisamente por la fe que tengo en que las pruebas son cosas buenas para uno, que no son cosas malas, todo depende de cómo uno lo decida vivir, podés decidir vivirla como una maldición, como algo horrible, como una tragedia y eso tiene sus consecuencias. Yo decidí lo contrario y tuvo sus consecuencias sumamente positivas para mi vida y la de otros. 

¿Quién es?

Karla Icaza Meneses.

Casada, tres hijos de 23, 21 y 17 años. 

Directora de Gobierno Corporativo del grupo financiero Promerica.  Escribe artículos para las revistas ABC Familia y Buena Nueva, de la Asociación Jesús Está Vivo.

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