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¿Qué hace usted con ese líquido graso cuando ha terminado de sofreír un pedazo de queso, las papas a la francesa, los tostones de plátanos, el huevo ranchero, el cerdo, las enchiladas o el pescado? El uso del aceite de cocina no acaba cuando ha frito algún alimento y la sartén se enfría. Si acostumbra a arrojarlo por el fregadero, el desagüe o la basura, está cometiendo uno de los peores atentados ambientales.

El aceite quemado “inservible” despachado por los fregaderos daña los conductos de la red de alcantarillado y el funcionamiento de la planta de tratamiento de aguas servidas de Managua —o va a parar a los ríos y acuíferos, donde forma una película sobre el agua—, dificulta el paso del oxígeno y ocasiona graves problemas ambientales. Por cada litro de aceite quemado se contaminan hasta 10,000 litros de agua, según datos de organizaciones ambientalistas.

Reciclar bien

Si se trata bien el aceite puede ser reutilizado en la producción de lubricantes, jabones, cremas, velas, ceras, barnices, pinturas y, sobre todo, para la elaboración de combustibles ecológicos, lo que convierte la acción del reciclado en un gesto doblemente limpio, porque estos carburantes biológicos aminoran hasta en un 50% las emisiones contaminantes en relación con el combustible normal.

De acuerdo con el “Estudio sobre el mercado del aceite y sus condiciones de competencia”, elaborado en 2006 por el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific), el consumo per cápita de grasas y aceites del país promediaba los 13.5 litros y el consumo nacional rondaba las 70,000 toneladas métricas (TM).

El consumo de aceite, según recoge el informe, en ese año mostraba una tendencia vertiginosa al alza y se debía al aumento de la población, los ingresos de las familias y el auge del turismo (hoteles, restaurantes y servicios de comidas rápidas).

En 2006, el Mific expuso que el consumo de aceite había mostrado un crecimiento durante los últimos cuatro años, es decir de 2002 a 2006, y de acuerdo con las cifras recogidas en el documento el sector de la industria aceitera mantenía una cuota de producción por el orden de los 55 TM mensuales.

Proyecto vanguardia

En un galerón de pequeñas aulas, ubicado cerca de la rotonda Rigoberto López Pérez, en Managua, se encuentra el modesto Laboratorio de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua). Allí se gestó un proyecto de reciclaje de aceite de cocina que por un tiempo se convirtió en un éxito al involucrar a cocineras de los mercados populares de la capital.

La responsable del proyecto es la doctora Leyla Argüello, quien comenta que la idea saltó en 2008, cuando la entonces presidencia ejecutiva de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal) alertó a la población que el aceite de cocina estaba dañando las máquinas de la planta de tratamiento de aguas servidas de la capital.

“Nos preguntamos en qué podíamos ayudar y se nos ocurrió implementar el proyecto de reciclaje de aceite quemado.

Pensamos hacer biodiesel, esa fue la primera iniciativa, pero conforme fue pasando el tiempo nos dimos cuenta que no teníamos una capacidad mayor para procesar el aceite. Entonces decidimos hacer algo que fuera un poco más práctico: jabón líquido y productos de limpieza”, explica Argüello desde su laboratorio.

El proyecto insigne del Laboratorio de Biotecnología de la UNAN-Managua se echó a andar con el líquido que se desechaba en los comedores  de la universidad y pronto involucró a sus estudiantes. “Empezamos con los comedores, les dijimos que pretendíamos darle tratamiento al aceite que desechaban. Luego poco a poco empezamos una campaña ambiental en la que dimos a conocer la iniciativa aula por aula e involucramos a los estudiantes, para que ellos trajeran el aceite de sus casas”, apunta Argüello.

Con el sí de los estudiantes, el laboratorio emprendió un intercambio de productos. Por cada galón de aceite que los universitarios llevaban de sus hogares, el laboratorio les entregó un galón de jabón líquido o desinfectante. Así lograron recopilar el líquido y procesar hasta 20 barriles de detergente para manos, en un año.

Capacitación

En 2013, a las mujeres que trabajaban en el mercado Israel Lewites se les brindó una capacitación sobre el reciclaje de aceite usado. Esa iniciativa contó con el apoyo de  la Agencia de Cooperación Internacional del Japón en Nicaragua (JICA) y el Departamento de Residuos Industriales de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal), en coordinación con la Corporación Municipal de Mercados de Managua (Commema).

“Trabajamos con los comedores de los mercados  Roberto Huembes e Israel Lewites para no solo reciclar el aceite, sino concientizar a todos los que utilizan estos desechos a que no se vertieran por el desagüe. La campaña tuvo una buena respuesta, pero después surgió un problema: no teníamos donde almacenar tanta cantidad de aceite y llegó un momento en que tuvimos que interrumpir la recolección”, lamenta la doctora Argüello.

  • El proyecto insigne del Laboratorio de Biotecnología de la UNAN-Managua se echó a andar con el aceite quemado que desechaban los comedores del recinto universitario. Actualmente, proveen todo el material de limpieza que ocupa el recinto Rubén Darío.

Cuando llegó el problema pensaron en buscar una cisterna para almacenar la cantidad de aceite. Tocaron algunas puertas, pero nadie les dio respuesta. La doctora Argüello cada vez que transitaba por los semáforos del hospital Militar contemplaba un tanque rojo que una empresa distribuidora de combustibles tiene tirado a un lado de la estación de servicio. Desde sus adentros anhelaban que se lo donaran al laboratorio.

“Hay personas que nos colaboran de México y nos dijeron que si lográbamos recolectar una cisterna de 50,000 litros nos compraban el líquido, ellos hacen biodiesel y tiene la tecnología y la maquinaria, nosotros no”, solloza Argüello, mientras pregunta insistentemente si su entrevista se va a publicar, como suplicando que alguien ponga los ojos en el proyecto que ayudaría a proteger el medioambiente.

El problema que enfrentaban era doble. No tenían cisterna para almacenar ni la maquinaria para hacer biodiesel. Entonces pensaron en buscar un tanque de unos 3,500 litros, reciclar el aceite y venderlo, para después comprar sus propias tecnologías y producir su propio biocombustible.

“No hemos hecho una campaña masiva porque no tenemos donde almacenar. Primero necesitaríamos tener donde almacenar, luego ver los contactos que podemos hacer para poder conseguir el aceite y hacer biodiesel, no solo productos de limpieza o jabón líquido”, comenta la doctora.

La aspiración del Laboratorio de Biotecnología de la UNAN- Managua es producir biodiesel. Para llevar a cabo el sueño se necesita un equipo reactor que controle las temperaturas  y la presión. De momento seguirán produciendo jabón líquido, desinfectante y desengrasantes de manera artesanal.

"No tenemos tecnología de calentamiento rápido"

“El aceite lo recolectamos aquí, en el Laboratorio de Biotecnología de la UNAN-Managua se filtra y pasa un proceso de mezclado con hidróxido. Luego se deja de un día para otro para aplicar la solución salina, la cual le da una característica más espesa. Finalmente, cuando se diluye, se deja por unas tres semanas porque  el proceso se realiza en frío; por tanto, la maduración es más lenta. Cuando el proceso se hace en caliente la duración es menos, a la semana tenés el jabón, pero no lo hacemos porque no tenemos una marmita, es decir, el equipo que nos sirve para calentar”, explica la doctora Leyla Argüello.

La doctora espera que algún organismo les done el equipo para cumplir el sueño de producir biodiesel. La actual máquina que tienen es un agitador semindustrial, donado por la Vicepresidencia de la República.

"Fue una gran ayuda, porque antes hacíamos manual el proceso de agitado", expone Argüello.

El uso de los productos elaborados por el laboratorio requiere de un asesoramiento, pues no puede ser diluido con ningún otro líquido. El desengrasante que elaboran es tan fuerte que con una mínima cantidad se puede limpiar la cocina.

Este pequeño centro de investigaciones de la universidad provee todo el detergente, jabón líquido, desengrasante y ambientador que ocupa el recinto universitario. A la vez, surten a restaurantes y establecimientos que han optado por cambiar el aceite reciclado por productos de limpieza.

 

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