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Cuando se le pregunta a Carina Robles qué significa para ella apostar en los grandes casinos de Managua —pequeños en comparación con los que se encuentran en Las Vegas, Estados Unidos—, sin pensarlo dice que: “jugar casino es peor que fumar, que drogarse. Es arriesgarse a perder tu casa, el carro, el futuro de los hijos, perder la tranquilidad, y es estar propenso a enfermedades silenciosas”.

No es para más, respuestas como esas solo pueden ser dichas por una mujer que prácticamente lo perdió todo. Tiene 62 años, “es de un carácter un poco fuerte”, dice uno de sus cuatro hijos, pero ese día estaba de buen humor, y aunque no quería hablar sobre su historia, al final decidió conversar.Muchos buscan resolver sus problemas económicos en los casinos.

Carina es una mujer que creció en una familia con dinero, dice que no le faltaba nada. Sus padres le brindaron la mejor educación, estudió en uno de los mejores colegios de la Managua antes del terremoto de 1972,  el Instituto Nacional Ramírez Goyena. 

No sabe si fue algún trauma lo que le provocó la ansiedad de estar en un casino, con cigarro en mano, esperando que la suerte le cayera del cielo. Recuerda con inquietud que nunca ganó más de lo que invirtió. 

“A mí me decía mi mamá, cómo vas a estar gastando los reales ahí, pero yo no le hacía caso”, comentó.
Ahora tiene cuatro hijos, el menor de ellos tiene  25 años y el mayor 36. Ella no lo sabe, pero padeció de ludopatía, una enfermedad que te vuelve adicto a los juegos de azar. Al comentarle de este padecimiento, dijo que nunca se trató con un sicólogo, “yo solo dejé de jugar de un momento a otro, fue difícil, pero se me quitó, creo que dejé de ir cuando conocí a mi actual esposo”.

TRASTORNO

La ansiedad, el miedo, los traumas e impulsos están relacionados a este trastorno que en los hombres inicia en la adolescencia y en las mujeres después de los 20 años. Entre las formas para poder superarlo se necesita, incluso, la ayuda de un sicólogo y un siquiatra, dice la sicóloga, Brenda Cisneros. 

La especialista comentó que “cuando alguien padece de ludopatía, es necesario el apoyo familiar, y para tratar este problema se hace por medio de una terapia cognitiva-conductual, es decir una terapia que consiste en enseñar una serie de técnicas y estrategias sicológicas para que la persona afronte su problema emocional y lo maneje hasta eliminarlo”.

ESCENARIO

La situación económica por la que pasan algunas personas en Nicaragua, en la mayoría de los casos obliga a buscar cómo salir adelante de distintas maneras, y entre ellas, se encuentra el juego con el destino: la suerte.

Sin embargo, esta opción expone a las personas a ganar o perder todo en el intento.

En Managua, una de las cadenas de casinos más reconocidas, cuenta con un local de 31 mil pies cuadrados y tiene 160 máquinas tragamonedas; 29 mesas de juego —entre ruleta, blackjack, bacará y póker—, un restaurante y, además de todo, está abierto las 24 horas al día. 

  • Según la Ley 766, las apuestas en casinos son reguladas por el Ministerio de Hacienda.

“Ofrecemos la mayor comodidad a nuestros clientes, a diario podemos recibir aproximadamente a más de 200 personas, en la noche es que se pone más lleno”,  presume Ángel Maradiaga, gerente del lugar desde hace tres años, y lo hace como si el casino, con esas condiciones, volviera adinerada a todas las personas que ahí llegan. 

MUEVE DINERO 

Hasta el año 2014, según información oficial, en Nicaragua operan 16 casinos, 750 salas de juegos y 13 mil tragamonedas. Y entre los ingresos que deja este rubro a la nación, se estima que son aproximadamente 130 millones de córdobas anuales por la vía tributaria.

Según la Ley 766 (Ley Especial para el Control y Regulación de Casinos y Salas de Juegos de Azar), se especifica que las apuestas de los casinos serán reguladas por la Oficina de Casinos y Salas de Juego del Ministerio de Hacienda y Crédito Público.

Esta oficina tendrá como funciones atender, evaluar y someter a las instancias correspondientes, las solicitudes de expedición de licencia para operar casinos y salas de máquinas tragamonedas. Así también supervisar y controlar la importación, fabricación de máquinas tragamonedas y mesas de juegos.

Otra historia de pérdidas

QUIEBRA. Gustavo Centeno, nombre con el que llamaremos al hombre que narró su historia sobre cómo perdió su empresa y familia, tiene 47 años, desde pequeño le gustó jugar con el destino, “apostaba hasta con lo que no debía apostar”, dice. 

Vive en el sector de Bello Horizonte, con una señora que le ayudó a superar los problemas que tuvo cuando por su vicio de apostar en los casinos, perdió su empresa, la cual era uno de los mayores comercios litográficos en Managua. “Quizás hasta de Nicaragua”, reflexiona.

Cuando inició el año 2000, le llegó el momento. Una noche de sábado, después de haber invertido más de 1,000 córdobas, la pantalla le avisó que había ganado, nada más y nada menos que 200,000 córdobas, “para ese entonces era como tener medio millón del dinero de ahora”, cuenta. 

Parte de ese dinero lo invirtió en un pequeño negocio litográfico, que luego posicionó hasta convertirlo en un negocio productivo. 

Cuenta que en 2007 tuvo una racha de mala suerte —de mala suerte en realidad— ya que perdió a lo largo de ese año los ingresos de su empresa, al punto de no tener para pagar a sus empleados. Todo lo invirtió en el casino, y este como reclamando lo que un día le dio, no le regresó nada.

 

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