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Un picor en la garganta es causa suficiente para que casi cualquier nicaragüense decida acercarse a la ventanilla de una farmacia y comprar amoxicilina. Al menos, así lo asegura Alberto Lacayo, miembro de la Asociación de Farmacias Unidas de Nicaragua (AFUN) y propietario de la Farmacia Managua. 

Esta, agrega, es una de las pastillas más vendidas en estos establecimientos. Según estimaciones de dependientes en la capital, al día en una farmacia de tamaño medio se pueden vender desde cincuenta a cien pastillas de este tipo. 

“Por un estornudo sobra quien quiere tomar un antibiótico, independientemente que le digás que no es para eso. Ellos te dicen que así se lo curó el vecino, y es lo que piden”, indica Lacayo.

Historia vieja

En ello coincide Félix López Salgado, profesor de química farmaceútica de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (Unan-Managua), a quien lo que hoy en día sucede con este antibiótico le parece algo ya vivido. 

“Hace más de cincuenta años, cuando surgieron los antibióticos, hubo un abuso porque fue una panacea. Vinieron a resolver una serie de infecciones y por ejemplo, la ampicilina, la gente se la tomaba para todo. Si tenías calentura te tomabas una ampicilina, si te dolía el estómago también. Incluso, si se hacía una herida, se veía comúnmente a la gente romper la capsulita y echarse el polvo sobre la herida”, cuenta el experto.

  • 100 antibióticos pueden venderse en una farmacia de tamaño medio.

Al final el abuso del consumo resultó en que el medicamento perdió su efectividad. Algo que según expertos podría pasar nuevamente con otros antibióticos, ya que las bacterias van creando resistencia y cuando se tiene una infección grave no se consiguen los resultados deseados. 

Según la Organización Mundial de la Salud, a nivel global más de la mitad de los fármacos que se venden son automedicados, principalmente en países subdesarrollados.

“Aunque el acceso a los servicios de salud hoy en día está más a la mano, tenemos el mal hábito de creer que vamos a perder el tiempo al ir a un centro de salud o una empresa médica. Si amanecí con gripe, no voy a pasar consulta porque existen productos que llamamos populares, que los promueven en todos lados”, agrega el docente universitario. 

Para Alberto Lacayo esto se da también por los problemas económicos de la población, ya que no todos pueden costear una consulta privada para poder contar con una receta médica específica para cada paciente y malestar en el tiempo deseado. 

Daños

El médico internista Neri Olivas señala que el consumo excesivo y descontrolado de los medicamentos, puede tener repercusiones en órganos como el hígado, riñones, ojos, sangre y corazón.

  • 239 fármacos de venta libre autorizó el Minsa en 2011.

“La gente tiene la costumbre de que si un medicamento le cayó bien a uno, se lo recomiendan a los demás y no todos los organismos son iguales. Lo que le cae bien a uno, a lo mejor no le cae bien a otro. Incluso con la medicina naturista, hay mucha gente que ahora sufre de insuficiencia renal por la automedicación”, sostiene el especialista, aunque asegura que no existen estadísticas sobre estas afectaciones.  

Una de las más comunes es el daño hepático, principalmente por el abuso de los analgésicos como ibuprofeno y acetaminofén, que además son accesibles incluso en pulperías. Mientras que en el caso de los corticoides, utilizados generalmente para tratar inflamaciones, puede generar cataratas y pérdida de la agudeza visual.  

Según el docente Félix López Salgado, cuando se trata de casos diarreicos se suele comprar un medicamento para controlar el síntoma. Sin embargo, si se hace sin control, esto puede traer complicaciones. “En un proceso de diarrea, se debe corregir el origen, no solo el síntoma. Una infección bacteriana por ejemplo puede poner en peligro la vida de un paciente”.

Más control 

La Ley general de Salud y la Ley de Medicamentos y Farmacia regulan la comercialización de los fármacos. Sin embargo, tanto el doctor Neri Olivas como Alberto Lacayo consideran que no se cumple con los controles debidos. 

“Los medicamentos populares son de bajo riesgo y se venden libremente, pero hay otros que deberían tener más control. En el país solo se regula la venta de psicotrópicos”, advierte Lacayo, también diputado de la Asamblea Nacional.

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