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Desde hace más de cinco días Marvin duerme sobre un cartón en un andén frente a la terminal de buses del mercado Israel Lewites. Son las 9:15 de la noche. Un grupo de personas se le acerca y lo insta a subirse a un camión color blanco, marca Hino. Él accede y lo hace con voluntad, a pesar de estar alcoholizado. 

Al subirse al camión se sienta junto a alguien que ejerció parte de su vida como mecánico, y que al igual que él, tomó la decisión de recuperarse. Al estar arriba, de inmediato recibe un plato de comida y un vaso con café. 

Estas ocho personas forman parte del programa Ángeles de la Noche, de la Fundación Remar en Nicaragua, en donde desde hace aproximadamente cinco años, sábado a sábado, intentan llevar comida, bebida e incluso ofrecer un hogar donde poder comer y dormir cómodamente a estas personas que se encuentran en esta situación de riesgo y exclusión social.

Semanalmente recorren zonas como el mercado Oriental, el Israel Lewites, el Gancho de Caminos y La Fosforera para convencerlos de montarse al camión, y los que aceptan ingresar al programa, en ese mismo momento son trasladados a uno de los 13 hogares de Remar, en donde se duchan, reciben ropa limpia y comienzan su etapa de desintoxicación. 

“Son pocos los que toman la decisión de irse, hay semanas que no nos llevamos a nadie”, dice Juan Carlos Asiain, director de la fundación. 

Según cuenta Asiain, estos ocho jóvenes que apoyan este trabajo les ayuda mucho, puesto que ellos fueron internos y el hecho de que participen es algo bastante terapéutico, porque es como enfrentarse a algo que ya vivieron.

Voluntad Equipo Ángeles de la Noche

Mientras avanza el recorrido, el arroz a la valenciana que va en la parte trasera del camión, cada vez luce más vacío, al igual que el termo de café y el otro de fresco. Los jóvenes voluntarios se ven motivados, uno de ellos comenta que la oración que siempre realizan antes de salir, en la capilla de uno de los hogares, los fortalece.

“Se reparte comida a todos los que encontremos, desde niños hasta adultos”, dice Asiain, mientras avanza por las oscuras y solitarias calles del mercado Oriental.

Ya habían pasado dos horas desde que salió el recorrido y entre algunas indecisiones, se habían subido cuatro personas, con las cuales era imposible mantener una conversación por sus estados de intoxicación,  —aunque ya el estado e incapacidad para hablar en ese momento habían sido advertido—. 

“No somos súper personas, ni súper gentes, solo queremos apoyar, al final lo más hermoso del recorrido es que alguna persona se pueda montar al camión para recibir nuestra ayuda”, responde Asiain cuando se le pregunta cómo se siente de promover esta actividad.

Protección

Ante este problema, Asiain explica que “nosotros pensamos que si las familias no los quieren por andar en las calles tomando licor, nosotros sí podemos ayudarlos a superar esta dificultad, a pesar de nuestros problemas de ingresos”.

  • 6 fueron las personas que en una noche decidieron ir al hogar de Remar.

 

Los guardas de seguridad de distintos comercios cercanos a estas zonas en donde los alcohólicos sufren de frío, hambre, oscuridad y miedo, se encargan de cuidar a estas personas, que normalmente pasan las noches desoladas en las aceras y esquinas de las calles. 

Jairo Ramos, uno de los encargados de seguridad del mercado Israel Lewites, contó que le parece bien que se les lleve a rehabilitación a este tipo de centros, pues es lo mejor que se puede hacer con ellos.

La noche cada vez se adentra más, en el camión ya hay seis personas, entre ellas Vicente, de 78 años, quien es uno de los más enfermos y tiembla de frío luego de estar dormido en una acera. Según comentan los voluntarios, a este hombre se le andaba buscando desde hace 2 años y con éxito se le encontró ese día. Este, al reconocer al director de esta fundación, efusivamente lo abraza y llora.

Chepe —sobrenombre con el que lo llaman— es una de las historias que más conmueven al equipo de Remar.  Y es que Chepe fue director de este centro, pero en la lucha contra el alcoholismo, este último le ganó la batalla. Lo dejó en la calle, durmiendo en un parque en el sector de La Fosforera. Él aceptó volver a rehabilitación y logró decir que “solo quiero dejar de tomar”.

No quisieron subir

Horacio López, originario de León, quien es uno de los que no quiso subir al camión. Tiene 15 años de estar en el Gancho de Caminos, su pelo blanco delata que supera los 60 años, no tiene hijos, ni familia, ni casa. Pero no quiso irse, porque mencionó estar bien en ese lugar.

  • 5 años tiene de existir el programa Ángeles de la Noche.

 

Fanny, de 85 años, madre de Carlos, de 42, y Bernarda, de 34, tampoco quisieron montarse en el recorrido. Ellos tienen 12 años de estar en el mercado Oriental, se ganan la vida recolectando botellas, dinero que utilizan para comprar licor y medio comer, dice Bernarda.

“Cuando mi mamá se muera, que a mí me internen en el Psiquiátrico porque unos médicos que vinieron un día, me dijeron que padezco de esquizofrenia”, dice Bernarda con el plato de comida y café en sus manos. 

La noche llega a su fin y entre los que se les conoce el nombre y los que no, dejó que seis personas fueran llevadas a uno de los centros de Remar. “Hoy fue de muy buena suerte”, comentó Asiain, con un tono de satisfacción, su mirada y la del equipo,  delata la alegría de haber logrado convencer a seis alcohólicos para ayudarlos a salir adelante.

Riesgo de enfermedades

Repercusión. El continente americano, junto con Europa, tiene las tasas más altas de consumo de alcohol, señala un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en un informe sobre los impactos negativos de este producto en el organismo.

El informe de la OMS agrega que el consumo de alcohol puede no solo conducir a la dependencia, sino que también aumenta el riesgo en las personas de desarrollar más de 200 enfermedades, incluyendo la cirrosis hepática y algunos tipos de cáncer. 

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