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El sol ya se había acostado, pero todavía no era de noche. El suizo Maurice Demierre, uno de los representantes más conocidos de las brigadas de solidaridad que llegaron a Nicaragua en los años ochenta, conducía una camioneta. Iba desde Somotillo en dirección al norte a dejar a unas mujeres y niños del pueblo. La zona era peligrosa y Maurice ––a quien allí llamaban Mauricio–– lo sabía.

Pese al riesgo, quiso hacer un favor a un amigo trasladando a las mujeres y a los niños.Maurice Demierre y su novia, Chantal Bianchi.

El vehículo se acercó a un empalme. A la izquierda veía la frontera con Honduras y a la derecha unos campos de agricultura. De repente hubo una explosión fuerte.

“La escuchamos desde el pueblo”, recuerda Silvia Uriarte González, quien sin saber que era la última vez, se despidió de Mauricio.

“Esperábamos que no fuera él (la víctima)”, dice.

La esperanza no se cumplió. La camioneta que conducía Mauricio pasó sobre una mina y luego los contras lo remataron fusilándolo.

Mauricio no tenía ninguna oportunidad de sobrevivir. Los proyectiles dieron en todo su cuerpo, pero no en su corazón.

“Yo lloraba y lloraba. Y le dije al médico: su corazón es tan grande y tan fuerte que no logró penetrar el charnel”; dice Concepción Espinal Méndez, quien participó en la preparación del cadáver.

Los recuerdos llenan de lágrimas el rostro de Espinal Méndez. Con Maurice murieron cinco mujeres, agrega.

RECORDADO

Era un domingo soleado del 16 de febrero 1986. Hace exactamente treinta años y cuando Nicaragua estaba inmersa en una guerra. Sin embargo, la gente de Somotillo recuerda con detalle ese momento.

La tumba de Maurice, en la plaza de Somotillo.Hablan del hombre rubio y alto como si lo hubiesen visto ayer.

La tumba de Maurice está en la plaza central de Somotillo, el punto de referencia en la ciudad. En las paredes de varias casas todavía se encuentran fotos en blanco y negro del suizo.

“Tenemos muchas personas que murieron por la causa. Sin embargo enterramos solo a dos. Mauricio, sin duda, fue una de las personas más importantes para nosotros”, expresa Kenny Alberto Espinoza Gaitán, el Alcalde de Somotillo.

¿Cómo es posible que un extranjero que ni siquiera tenía 29 años cuando murió tuviera un impacto tan grande en una región tan lejana de su patria?

Primero, por las circunstancias de su muerte, provocada por los contras. Pero también la gente se apegó al suizo por el trabajo que hacía en el campo y por su religiosidad.

“Maurice para mí es un ejemplo de entrega, era incansable en su trabajo y en su lucha. Me motivó mucho y todavía lo hace. Es como un motor para mí, algo que me anima a continuar”, afirma Juan Isidro Betanco Martínez, quien en los años ochenta pertenecía a un bloque cristiano.

Betanco recuerda que un día Maurice le pidió que le pusiera un apodo, algo muy normal entre los nicaragüenses.

“Lo llamé ‘garrobo’, porque en eso días tuvimos unos grandes en la finca. Mauricio también era alto. A partir de ese momento lo llamamos así”, cuenta  Martínez y suelta una risa.

SU LLEGADA A NICARAGUA

En 1982, con apenas 25 años, Maurice ––acompañado de su novia, Chantal Bianchi–– llegó a Nicaragua. Acababa de terminar una condena de tres meses en prisión por objetar el servicio militar obligatorio, lo que justificó frente a un tribunal por su convicción cristiana y su compromiso social.

“Desde mucho tiempo tengo la vocación de militar a favor de los pobres y de su desarrollo. Por la gente que nos necesita”, dijo un día.

La revolución sandinista le parecía entonces perfecta para seguir sus ideales. Por diferencias de cultura y de idioma, los primeros meses fueron difíciles para la pareja, pero en poco tiempo se acostumbraron.

Tenían una vida modesta y humilde. De día iban a trabajar en las cooperativas, por ejemplo en el pueblo de San Ramón.

“Maurice se dedicó al desarrollo sostenible de la agricultura, pasó mucho tiempo con los campesinos. Yo trabajé sobre todo con las mujeres, apoyándolas en dinámicas de comunicación”, recuerda Chantal Bianchi.

"Lo más difícil no era dejar el trabajo, sino dejar a esa gente, esa vida, esas costumbres”. Maurice Demierre, brigadista suizo asesinado  en Nicaragua 1986.

De noche volvían al pueblo de Villa Nueva, donde pasaban mucho tiempo con la familia de Espinal Méndez.

Comían juntos, jugaban con los niños y a veces tocaban la guitarra.

“Aquí era su casa”, asegura y mira la foto de Mauricio como si fuera su hijo.

La muerte del brigadista no solo consternó a mucha gente en Nicaragua, sino también en Suiza, donde provocó una discusión política amplia, sobre todo después de la muerte de un segundo internacionalista suizo, Yvan Leyvraz, en julio del mismo año.

El Ministerio de Asuntos Exteriores expresó sus condolencias, pero no tenía el coraje de protestar contra el gobierno estadounidense que sostenía financieramente a los contras.

Además, el parlamento suizo prohibió todos los proyectos de solidaridad en las zonas más peligrosas de Nicaragua.

MÁRTIRES

El recuerdo de los dos brigadistas “mártires” está vivo en el país alpino. En la región de origen de Maurice se creó la “Asociación Maurice Demierre”, que apoya proyectos en Nicaragua.

Y como se cumplió los 30 años de la muerte de Maurice, se organizó una misa y conciertos especiales en recuerdo al internacionalista.

Los nicaragüenses que conocieron al brigadista suizo no participaron en esos eventos. Pero ––como todo los años–– se efectúa un acto de conmemoración en Somotillo.

La gente marcha desde el sitio de la explosión hasta la tumba de Maurice.

Este año el acto será aún más importante. El alcalde Espinoza Gaitán explica que el gobierno local quiere mover la tumba unos metros, a un lugar más bonito en la plaza central.

En el 1986, la gente de Villa Nueva quería tener los restos del “hijo querido” en su pueblo, porque fue allí donde pasó la mayor parte de su estancia en Nicaragua. Pero respetaron la decisión de Mauricio, quien sabía que corría peligro. Antes de morir dijo a sus seres más queridos: “Si me matan, que me entierren donde muera”.

Mauricio y Chantal Bianchi tenían previsto volver a Suiza pocos meses después de aquel día fatal, porque su contrato laboral estaba por vencerse.

“Lo más difícil no era dejar el trabajo, sino dejar a esa gente, esa vida, esas costumbres y ese proceso revolucionario”, escribió Maurice a su hermana y a su cuñado.

Cuando ellos recibieron la carta, Mauricio ya había muerto.

La solidaridad suiza

HISTORIA. El triunfo de la revolución sandinista en 1979 tuvo un impacto fuera de Nicaragua, sobre todo en Europa y en los Estados Unidos. En los primeros años de la revolución llegaron brigadas de solidaridad de varios países.

Uno de los países que más se movilizó fue Suiza. En pocas semanas se reclutaron a 200 brigadistas, la mayor parte jóvenes.

Trabajaban en la agricultura, en la educación o en el sistema de salud.

En total, en los años 80, llegaron solo de Suiza unas 800 personas, entre ellas Maurice Demierre e Yvan Leyvraz, quienes murieron en ataques de los contras.

Con la derrota electoral de los sandinistas en 1990, el movimiento que ya se estaba desacelerando, se frenó definitivamente.

Pero todavía quedan varias construcciones y proyectos que fueron iniciados por los brigadistas de solidaridad internacional.

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