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Si a don José César Jarquín Mendoza, shortstop de la selección nacional de beisbol de Nicaragua entre 1968 y 1983, le piden describir este deporte en una oración breve, sin detenerse a pensar, afirma: una pasión. La pasión que vivió desde niño en su natal San Isidro, departamento de Matagalpa, y que lo llevó a una veintena de países representando a Nicaragua.

Para Jarquín, el buen radar de cobertura y buen brazo que lo caracterizaron dentro y fuera del país durante su carrera en el beisbol, fueron bendiciones que Dios le dio para que las explotara. Así lo cuenta el exbeisbolista, conocido como “La maravilla”, sentado en un banquito de madera en el porche de su casa en la colonia Nicarao, en la capital, donde llegó a vivir un 28 de agosto de 1978.  

A sus 70 años, dice, no le queda mucho por hacer en el día a día, sobre todo porque frecuentemente sufre de estrés y su rodilla izquierda le aqueja de vez en cuando.

“La vejez es una enfermedad incurable, te da muchas malezas y hasta el carácter de uno no está bien a veces”, comenta.En su carrera César Jarquín ganó varios trofeos a nivel individual.

Sus palabras parecen exageradas en comparación con lo que el visitante presencia: un hombre ágil que recuerda eventos, fechas y anécdotas divertidas con precisión, como una de 1973, cuando tuvieron que hacer escalas en Los Ángeles y en Nueva York, mientras estaban en esta última ciudad esperando partir a Italia, a una copa intercontinental, uno de los jugadores preguntó: “¿Y cuándo vamos a llegar a Estados Unidos?”.

LOS PELUDITOS

A mediados de los años 50, José César y su hermano Modesto ya eran conocidos en San Isidro por ser habilidosos en el beisbol, y por tener abundante vello en sus brazos también, por lo que comenzaron a llamarlos “los peluditos”. Sin embargo, nunca estudiaron. Su mamá, Clementina Mendoza, quien quedó viuda con ellos dos muy pequeños, se dedicaba a vender cosa de horno y los mandaba a trabajar.

Los dos hermanos iban a guiar bueyes, a recoger cañizo de caña y a cortar algodón a las fincas de unos señores llamados Erasmo Armas y Daniel Cruz. Pero nunca se quejaron de ello, sino que iban gustosos porque allí les daban buena comida: frijoles, huevo frito, tortilla y cuajada, mientras que en su casa solo había tortilla con queso molido que, en resumidas cuentas, era solo sal.

Sin imaginar que iban a llegar a ser glorias del beisbol nacional, Jarquín Mendoza, jugó de adolescente en los campos de San Isidro junto a Vicente López, Antonio Herradora, Denis Laguna y Rafael Valle, este último con el récord nacional imbatible hasta la fecha de 5 jonrones en un solo juego. Valle lo logró mientras bateaba para Chinandega en un juego contra Estelí, hace casi 40 años.

UN IMPULSO

En los tiempos de Jarquín Mendoza no se organizaban ligas infantiles de beisbol, a como sucede actualmente. No obstante, el amor de él, su hermano y otra decena de chavalos por este deporte se vio estimulado cuando llegó a San Isidro un padre español llamado Manuel Soria, pues este se encargó de organizarlos, aunque también se dio a la tarea de disciplinarlos e hizo que tomaran cada juego como algo muy serio.

“Cuando alguien se portaba mal o decía alguna palabrota, le ponía un castigo que era ir a traer las pelotas de todos los fouls que hacían los otros, y uno allí iba porque sabía que había hecho mal y que para volver a jugar tenía que cumplir el castigo”, rememora el septuagenario.

Cuando cumplió 17 años, un tío le dijo que le iba a enseñar qué significaba el trabajo para ganarse la vida y lo llevó con él a la mina El Limón, donde se dedicaba al mantenimiento de maquinaria.

Recuerda que los días en esa comunidad pasaban entre trabajar, tomar licor y dormir, pero asegura que nunca agarró ese ritmo de vida, sino que los casi cinco años que estuvo ahí fue el tiempo en el que, dice, se preparó más para jugar beisbol.

A los 21 años Jarquín Mendoza retornó a San Isidro y comenzó a trabajar en una desmotadora de algodón como motorista, pues junto a su tío había aprendido muy bien el oficio de aceitar maquinaria pesada. Pero estando ahí, lo conquistaron para integrarse al equipo de beisbol de San Isidro, con el cual participó en varios campeonatos nacionales.

CON LOS GRANDES

Corría el año de 1968 y las habilidades de Jarquín Mendoza en el beisbol quedaron a la vista de jugadores profesionales de aquel entonces, como Stanley Cayasso, Wallace Howell y David Green (padre). No pasó mucho para que lo llamaran a la preselección del equipo nacional de beisbol.

“En la preselección uno se desarrolla más, viendo a jugadores cubanos, gringos”, asegura.

En dicha concentración los talentos eran tan variados como las personalidades. Había chavalos de Managua que aparte de ser buenos shortstop eran muy despabilados, pero a la hora de entrenar Jarquín Mendoza los superaba en disciplina y dedicación. Sin que se lo hubiesen orientado, el joven campesino se levantaba a correr todos los días a la cinco de la mañana.

“Entonces cuando llegábamos a las prácticas a las tres de la tarde, nosotros íbamos afinaditos y los otros muchachos de Managua, pues, ni tanto; ellos (entrenadores) miraron, hacían juegos de fogueo y ahí cada quien se ganaba su pase”, afirma.

Sus primeros trofeos como miembro de la selección nacional de beisbol los ganó en un campeonato centroamericano y de Panamá, en 1968.

“Ese año agarré tres trofeos, yo venía con mis tres trofeos alegre, en un bus viejo amarillo, pero ahí venía, por tierra de Honduras”, cuenta.

Su primer mundial de beisbol fue en 1969 en República Dominicana. En esa ocasión solo le ganaron a Guatemala y Las Antillas, pero para el mundial de 1971, en Cuba, Nicaragua era ya una selección con más experiencia en competencias internacionales, aunque perdieron ante el equipo de la isla, Antonio Herradora se fajó duro ante el pitcher Santiago Mederos y el marcador quedó 2-0 a favor de los cubanos.

“Allí empezamos a ganar respeto”, apunta con orgullo Jarquín Mendoza, recordando que en esa época llegó como entrenador de la selección nicaragüense el cubano-estadounidense Tony Castaño, quien les decía que a pesar de que los jugadores caribeños lucían imponentes, ellos tenían que demostrar sus habilidades para competir.

“Son 9 hombres contra 9 hombres y ellos cometen errores como nosotros, no hay que tener miedo”, eran las palabras de Castaño para motivar a su equipo.

INOLVIDABLES

Otro de los eventos más memorables para Jarquín Mendoza es un Torneo de la Amistad en República Dominicana, en 1972. “Abrió el mejor jugador de beisbol que ha nacido en Nicaragua”, apunta, en alusión a Dennis Martínez, que para esa ocasión tenía 17 años y estaba en la preselección del equipo nacional.

“Dennis tiró 5 innings, no ganó ni perdió el juego, pero hizo un excelente trabajo el chavalo”, añade.

En el mundial de 1972, que se realizó en Nicaragua, Jarquín Mendoza fue elegido el mejor shortstop. En ese evento, Nicaragua logró su histórica victoria de 2-0 ante Cuba, pero perdió 1-0 ante Estados Unidos, con Dennis Martínez haciendo una labor admirable desde el montículo.

Sin embargo, para “La maravilla” Jarquín, su mejor mundial --en total participó en 8-- fue el de 1974, en Tampa, Florida, pues fue el líder en bateo (410) y como shortstop. Su último mundial fue el de 1978, en Italia. Ese año, cuenta, la selección destacó con su desempeño y David Green (hijo) fue fichado por los Cardenales de San Luis, porque había sido el mejor centerfielder en dicho evento.

En 1983, Jarquín Mendoza dejó de ser jugador de la selección nacional y se convirtió en entrenador, trabajo que desempeñó durante 18 años.

“Todos esos entrenadores que están ahorita en los equipos de primera división pasaron por mis manos, Nemesio Porras, (Jorge Luis) Avellán, Aníbal Vega, Sandy Moreno”, refiere.

Una gloria deportiva

José César Jarquín Mendoza

Edad: 70 años
Profesión: Retirado del beisbol.

Nació un 10 de enero en 1946.

El 6 de mayo del 2003 ingresó al Salón de la Fama del deporte de Nicaragua.

Todos los días se levanta a la 5:00 a.m.

Los domingos va a la misa de la 6:30 a.m. en la iglesia Don Bosco.

Tuvo 11 hijos (dos ya fallecieron) y tiene 15 nietos.

De los jugadores nacionales activos actualmente admira a Ofilio Castro y Ramón Flores.

Piensa que Everth Cabrea va a superar sus problemas y retornará al beisbol.

 

Los últimos días

REFLEXIÓN• Este amante del beisbol comenzó a reflexionar que sus días en este deporte estaban cerca de terminar cuando, siendo coach del equipo de León en un juego contra Los Dantos, una línea del zurdo Stanley Loáisiga casi impacta en su rostro.

“Ya mis reflejos no eran los mismos y si esa pelota me hubiese dado en la cara, era muerte segura”, indica.

Pese a ese episodio, Jarquín Mendoza se dejó conquistar por Matagalpa para ser su mánager en el Pomares.

“Pero ya me sentía cansado, me estresaba mucho”. Y así, sin planearlo, sus últimos días involucrado en el beisbol los tuvo con el equipo que lo vio nacer como jugador.

Jarquín Mendoza recibe una pensión por sus años de cotización y un bono por parte del Instituto Nicaragüense de Deporte, que lo reconoce como gloria nacional del beisbol.

No se queja por problemas económicos. En su casa solo viven él y su esposa, sus días lo pasa escuchando programas radiales donde comentan sobre beisbol, recogiendo las hojas de mango que caen en su patio y yendo al mercado Roberto Huembes a comprar frutas, verduras, cuajaditas y tortillas.

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