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En septiembre de 2010 el padre Fernando Cardenal escribió su testamento. De entrada aclaró que no poseía ninguna clase de bienes materiales. La herencia que quería dejar a sus familiares y amigos —escribió entonces— eran sus reflexiones.

“Voy a cumplir 77 años y aunque no estoy jubilado y sigo trabajando, es natural a mi edad pensar, sin dramatismo y con sencillez, que la muerte puede estar cerca”, escribió. 

Fernando Cardenal tenía 82 años al momento de su muerte. Falleció tras permanecer internado 19 días es un hospital de Managua, luego que le practicaran una cirugía.

“Cuando me llegue la hora de irme de esta vida, me iré muy feliz y agradecido con Dios por la vida que me ha tocado vivir”, aseguró en su testamento. 

Su historia 

A finales de julio de 1979, los comandantes sandinistas le encomendaron una misión: representar al país en Washington. Él se entristeció, pues aquello no era lo suyo. No acató la orden y tres días más tarde le encomendaron otra tarea: organizar una gran cruzada de alfabetización.  Fernando Cardenal

El sacerdote jesuita nunca le había enseñado a leer a alguien. Solo había organizado actividades en su clase de filosofía y de ética, así que buscó a varios compañeros para que lo ayudaran. 

“Esto va a ser dificilísimo, me dije. No sé cómo va a ser, pero esto es lo mío. Llamé a Roberto Sáenz, jesuita que había alfabetizado en El Salvador y en Nicaragua. Después Roberto me dijo que una amiga de sus amigos estaba llegando de Canadá con un título en educación. Era Catalina Grigsby. Luego me dice Roberto: mi hermana quiere venir a ayudar. Ya éramos cuatro… ¡Hasta que llegamos a ser 100,000: 60,000 en las montañas y 40,000 en los pueblos y ciudades!”,  relató en una entrevista a El Nuevo Diario publicada en agosto de 2011.

Fernando Cardenal dirigió la Cruzada Nacional de Alfabetización, con la que se redujeron los niveles de analfabetismo a 12.9%, una gesta celebrada a nivel internacional y elogiada por la Unesco.

Caracterizado por su entrega, sencillez y profundo amor a Cristo, el jesuita fue expulsado de la Compañía de Jesús en 1984 por ser funcionario de Gobierno. El entonces líder general de los jesuitas, Peter-Hans Kolvenbach, le dijo que debía escoger entre ser cura o continuar en el gobierno sandinista.

“Tenía que escoger entre mis dos grandes amores: mi amor a la vocación jesuítica o mi amor por los pobres, que en ese momento, le dije, se concretaba en mi trabajo en la Revolución Popular Sandinista”, contó Cardenal a El Nuevo Diario en enero de 2014, cuando cumplió 80 años. 

En 1996 fue reintegrado, siendo su caso el primero en la Compañía de Jesús. Hizo otra vez un año de noviciado y los votos. 

Cardenal fundó la organización Fe y Alegría, un movimiento de educación popular que cuenta con una red de 22 centros educativos en nueve municipios del país. 

Duelo

Familiares y amigos recordaron el legado del padre Cardenal ayer durante su vela, realizada en la capilla de la Universidad Centroamericana (UCA).  

Fue un hombre con un entusiasmo contagioso, fue capaz de contagiar a 60,000 jóvenes". Iñaki Zubizarreta, superior de los jesuitas sobre la cruzada.

Renata Rodríguez, vicerrectora académica de la UCA y miembro de la junta directiva de Fe y Alegría, exaltó la labor del padre en la educación, su ayuda a los más pobres y su carisma. 

“Fue un hombre con un entusiasmo contagioso, fue capaz de contagiar a 60,000 jóvenes. Cuando él hablaba, enardecían todos, estaban dispuestos a ir a cualquier parte. En el momento de la revolución hizo un buen trabajo para el país”, dijo por su parte el superior de Compañía de Jesús en Nicaragua, Iñaki Zubizarreta.

Silvio Gutiérrez, director ejecutivo de Fe y Alegría, indicó que la mejor manera de recordarlo es trabajando y ayudando a los más pobres. 

Hoy a las dos se realizará la misa de cuerpo presente en el Aula Magna de la UCA y luego será enterrado en el Cementerio General de Managua.

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