•   Ocotal/Nueva Segovia, Nicaragua.  |
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Daniela Guadalupe, de 10 años, junto con un hermanito y una sobrina llenaba dos baldes de plástico con agua cristalina que extraía de un pozo cavado en la arena de la amplia playa de lo que en un tiempo era la corriente del río Coco y los llevaban a su casa caminando una cuesta de unos 200 metros, un intrincado camino polvoriento y entre matorrales desfoliados por la sequía.  

La escena ocurría el sábado último en la ribereña comarca El Quebracho, municipio de Mozonte, donde las 15 casas no cuentan con servicio de agua de ninguna clase. Antes, los tres menores se bañaron y lavaron sus ropas en la corriente, bajo el fuerte sol de la tarde. 

Es una imagen común. En otras comunidades de más abajo del río, como San Antonio, 775 personas que viven ahí desde hace seis meses bajan a la playa del río a cavar hoyos para extraer el agua. Una lánguida corriente de color oscuro contrasta con la arenisca blanca de la playa y deprime el ambiente, por donde también deambulan reses que bajan en busca de agua.

“Venimos a llevar agua en la mañana, al mediodía y también en la tarde”, dice Daniela, sin parar de sacar panas de agua del pozo.

El agua se está secando, “porque hay mucho sol”, agrega, al señalar la evaporización que ocasionan las altas temperaturas de la tarde, pero el problema es también por la degradación de los bosques en la cordillera Dipilto-Jalapa.

Tiempos más difíciles Río Macuelizo seco.

La mamá de Daniela, María Auxiliadora Cáceres López, de 44 años, explicó con más detalles la rutina diaria del abastecimiento de agua, donde cada familia de la comunidad cava su propio pozo en la playa del río.

Dijo que todo el tiempo es difícil lograr conseguir agua, “pero si el río se llegara a secar, no tenemos alternativa. No sabemos de dónde tomaremos el agua”, expresa ante la temida percepción de que el río Coco está en agonía.

  • 15 casas no cuentan con el servicio de agua de ningún tipo en la comunidad El Quebracho, en Mozonte.

Añadió que también en el invierno es difícil contar con agua limpia, “porque el río se llena y no hay donde hacer pozos”.

Ahora que los niños han vuelto a casa deben levantarse a las 3:00 de la madrugada para acarrear el agua, después se bañan y se van desayunados a la escuela, que les queda a 40 minutos a pie.

Crisis río abajo

En San Antonio hay una crisis de agua, dijo José Inés Ruiz, líder comunal de esa comunidad.

Detalló que los grifos en las casas están secos, porque el miniacueducto que baja desde la cabecera del río Achuapa, colapsó por insuficiencia de la fuente. También porque la tubería pasa por terrenos de ganaderos que han desviado el líquido para irrigar pastos de corte.

Los comarcanos se han visto obligados a tomar agua de hoyos abiertos en la playa del río Coco. “Todavía tiene su agua, porque le caen los ríos Dipilto, Mozonte, Quisulí y Achuapa. Está contaminada, pero por la necesidad, ¿adónde podremos acudir?”, se pregunta Ruiz.

El agua es contaminada por el vertido de aguas residuales de la ciudad de Ocotal, incluidas las del alcantarillado sanitario. A pesar de eso, afirman los afectados, no se han presentado enfermedades estomacales. 

“Pero nos preocupa más que el río Coco se esté secando. Ya para abril solo se ve una lama verde que no moja ni el ojo del pie”, señala Auxiliadora Cáceres y observa que las posibilidades de que llegue un proyecto de agua son muy remotas.

Tampoco el riego

Pedro Basilio, miembro de la Cooperativa Gregorio Blandino, dijo que la comunidad de Santa Rosa ya no solo enfrenta la escasez de agua para el consumo, sino también para sostener el riego de los cultivos. Explicó que la cooperativa represa agua en una laguna que la llena con una antigua acequia desde el río Achuapa. 

  • 775 personas de la comunidad San Antonio, cerca de Mozonte, bajan al río Coco a cavar hoyos en busca del líquido.

Con la represa “se benefician 40 productores de la parte de arriba y 50 que están más abajo. Somos muchos los que consumimos el agua”, resaltó. La cooperativa produce hortalizas, granos básicos y desarrolla ganadería.

Urge proteger los bosques

LLAMADO. Para el doctor Jaime Incer Barquero, asesor presidencial en temas ambientales, quien sostuvo un encuentro este fin de semana con campesinos de San Fernando, la amenaza de perder el agua pende sobre los más de 250 mil habitantes de los 12 municipios de Nueva Segovia porque se están secando los ríos que bajan de la cordillera Dipilto-Jalapa que desembocan en el Coco.

Subrayó que las principales causas del agotamiento del recurso hídrico en este departamento son la excesiva extracción de madera de los pinares y la falta de un estricto control en la ejecución de planes de manejo o de saneamiento.

El científico nicaragüense urgió al Gobierno a tomar medidas de mayor control en el aprovechamiento forestal y detener la destrucción de los pinares para el establecimiento de cultivos o cambio de uso del suelo en las cumbres de la cordillera.

Dijo que esas montañas valen no tanto por el cultivo o por la madera, sino porque son las proveedoras de agua de todas estas comunidades, de todos los municipios de Nueva Segovia.

Con cierta nostalgia, Incer Barquero recordó que cuando fue ministro del Marena en 1991, impulsó la emisión del Decretó 42.91, relacionado a la “Declaración de áreas protegidas, en varios cerros macizos, montañosos, volcanes y lagunas del país”, que incluyó a la serranía Dipilto-Jalapa.

“Un área consagrada principalmente a la producción de agua. (…) ¿Cómo hacemos para que esos bosques sigan atrayendo las lluvias? La lluvia cae en los lugares donde hay bosques, si las nubes pasan en una zona pelada, se deshacen y no bota una sola gota de agua”, expuso.

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