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Si se lee con los ojos del romanticismo, fácilmente se creerá que es un idilio de esos en los que la fantasía ejerce un rol predominante y en el que la típica chica de pueblo con su belleza natural logra cautivar al gran caballero, con las grandes diferencias que pueden distanciarlos en el juego del amor.

Sin embargo, cuando se contrasta con los documentos históricos recopilados en cientos de archivos, se descubre que más que real, la de Francisca Sánchez del Pozo y Rubén Darío fue una historia de amor que transgredió normas y le llevó sosiego a la perturbada alma del Príncipe de las Letras Castellanas, la cual se cuenta en la novela “La Princesa Paca”.

“Ella era muy guapa, era alta, nunca se maquilló, nunca se pintó los labios, usaba crema Nivea y  Heno de Pravia, no hacía nada extraordinario. Una chica con 15 hermanos a la que de pronto le llegó un príncipe”, así describió Rosa Villacastín a su abuela, Francisca Sánchez del Pozo, la gran pasión de Rubén Darío.

Villacastín se encuentra en Nicaragua junto al escritor Manuel Francisco Reina para presentar  la novela “La Princesa Paca”,  esta noche en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica. 

Villacastín y Reina conversaron con El Nuevo Diario acerca del libro que para ella es una muestra del amor a su abuela y una forma de reivindicar el rol que jugó al lado del poeta.  

¿Cómo era Francisca Sánchez del Pozo?

La imagen que tengo es la de una persona que lo ha perdido todo. Perdió a sus hijos, perdió a Rubén Darío, perdió a su segundo marido y centró todo su cariño en mí.

El  día que nací mi madre estuvo a punto de morir de parto y a Francisca se le habían muerto todos los hijos, la única que le quedaba era mi madre. La reacción que tuvo fue quitarme de los brazos de la enfermera y me llevó a dormir con ella desde ese día hasta dos días antes de su muerte, cuando la llevaron al hospital. Era mi Lala. Me iba a buscar al colegio con pastelitos para mis amigas y para mí.

¿Qué pretendía cuando decidió escribir  “La Princesa Paca”?

En primer lugar quería devolverle todo ese cariño que me profesó, pero también quería ubicarla en el sitio que verdaderamente le corresponde.

Cuando estudiás la vida de Rubén Darío es cuando realmente comprendés que Francisca Sánchez del Pozo es un personaje fundamental para el poeta. Me molesta  que cada vez que se habla de ella se enfocan en la mujer que no sabía leer ni escribir, porque si te situás en la España de esa época, las mujeres no sabían leer ni escribir. Además, a las que sabían leer y escribir se les criticaba mucho.

¿Es Francisca Sánchez del Pozo, víctima del machismo?

Yo creo que hay machismo por parte de grandes escritores que solo la juzgan por su falta de conocimiento, usted júzguela por el papel que ella representó en la vida de Rubén Darío.

¿Y cuál es ese papel?

Su papel fue de generosidad extraordinaria. Ella le dio cuatro hijos, pero sobre todo Francisca Sánchez le dio a Darío la estabilidad que nunca había tenido. Le dio un cariño desinteresado y lo demostró hasta el final de su vida. Júzguenla por eso. Estar con un genio no debe ser fácil  para una persona como ella, que no tenía cultura y no debió ser fácil adaptarse a su vida, a su bohemia. 

¿Es la primera vez que usted visita Nicaragua?

Vine al final de la guerra para contar lo que pasaba y fue una experiencia única,  además de toda la relación sentimental. He tardado demasiado tiempo en volver y quería hacerlo con algo y este libro lo veo como un regalo para mi abuela y también es para el pueblo de Nicaragua, porque gracias a Francisca, el archivo Rubén Darío está ahí, no se ha perdido. 

Lo donó generosamente sin pedir nada a cambio, solo que me pagaran mis estudios, y bueno y hemos querido contar su historia y que la gente la conozca.

¿Cómo descubrió Rosa Villacastín a la Princesa Paca?

Primero tuve que descubrir quién era Rubén Darío, porque en mi vida no lo tenía registrado. Mi abuela se casó con mi abuelo, José Villacastín, que era un viudo. Él aportaba dos hijas y Francisca un hijo, que precisamente era de Rubén Darío, pero en mi casa a quien teníamos en foto en el salón era a mi abuelo, el poeta no aparecía para nada. Pero un día llegó un matrimonio conformado por Antonio Oliver Belmás y Carmen Conde, pidiendo ver a mi abuela. Ella fue muy reacia porque le habían robado muchas cosas. Fue ese día que oí hablar de ese Rubén Darío, yo iba a cumplir nueve años y en la escuela nunca me habían hablado de él. 

Cuando ellos se marcharon le dije: ‘Lala, quién era Rubén Darío’ y me contestó: ‘El gran amor de mi vida’ y eso me impactó. Mi imaginación echó a volar y al día siguiente volvieron estos escritores y hablaban de un baúl azul y mi abuela decía que no existía, pero estaba arriba y yo me preguntaba por qué ella les mentía, entonces pensé que tenía muchas joyas y por eso lo cuidaba.

  • La novela “La Princesa Paca” se presentará hoy a la 6:30 p.m., en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, en Managua.

Con mi inocencia pensaba en tesoros hasta que mi padre bajó el baúl y comenzaron a salir papeles y papeles. Me iban contando (de a) poquito quién era Rubén Darío, que estuvo con mi abuela y que tuvieron hijos. Todo adaptado a mi comprensión por la edad.

Con el tiempo me fui enterando y luego llegué a ser encargada del archivo Rubén Darío, donde estuve 20 años y fue cuando verdaderamente descubrí la historia de ellos. Hablando con (Mario) Vargas Llosa él  me decía que fue gran generosidad la de Francisca haberlo regalado con lo necesitada que estaba económicamente.

¿Qué significó para usted descubrir esa historia?

Fue un cambio en mi vida. Yo tenía una familia estructurada y de pronto te encuentras con una serie de personajes que no son lo que te han contado, que hay otra gente que ha tenido un papel fundamental en la vida de mi abuela. A mi madre le marcó mucho porque cuando no se entendía el papel de Francisca, ella sufría. José Villacastín fue un hombre generosísimo, gastó toda su fortuna en recorrer la obra de Rubén Darío por el mundo.  

¿Su abuela alguna vez le contó sobre los grandes escritores que la rodearon?

Me ha contado cosas, también a Carmen Conde, pero sobre todo conocí mucho a través de las cartas. Para mí Rubén era un señor y yo le pregunté qué es lo que le gustaba de él y me dijo que como hablaba, y claro debía hablar con un castellano perfecto. Para una chica de Ávila, que es un sitio de la España más profunda, ella debió ser una aparición maravillosa por la sensualidad que según ella Rubén mostraba por todos los poros, en casa usaba ropa de seda, era atento, le hablaba con palabras que no conocía. Todo eso le fascinó. 

¿Qué siguió en la vida de Francisca Sánchez cuando Rubén se vino de España ya enfermo?

Cuando él se viene a América fue cuando empezó a tener vida propia. Ella vivió primero para sus padres y luego para él.  Dos días antes de partir, Rubén le dijo a partir de ahora ya vas a poder comulgar, pues no lo hizo durante los 16 años que convivieron. Ella era muy católica y cuando él vio que se moría, la liberó. Siempre le pidió que se cultivara y estudiara. 

A Francisca los grandes poetas la acogieron como lo que era, la mujer de Rubén Darío, por eso cuando en los periódicos se anunciaba su muerte, todos llegaron a darle sus condolencias.

¿Qué significa para usted presentar la novela en Nicaragua?

Significa mucho. Aquí están los descendientes de Darío, tanto por parte de Francisca como por Rafaela Contreras, este es su país, el que siempre quiso y el que más lo hizo sufrir, además es una reivindicación de una mujer a la que la historia le ha metido la traspierna. 

Manuel Francisco Reina y la historia novelada

Encantado • El escritor español Manuel Francisco Reina es coautor de “La Princesa Paca”  y asegura que se involucró en esta aventura porque la historia  es fascinante. 

“La figura de Rubén Darío atrapa a cualquier escritor, más cuando se conoce a una mujer como Francisca, que se salta todas las convenciones sociales en una sociedad en la que la mujer estaba sometida al ámbito doméstico, en el  que debía obediencia al padre y luego al marido, en el que sus únicas posibilidades  eran la maternidad, la vocación religiosa o la prostitución. Venía de una España muy determinada, conoce a ese hombre que es la antípoda de su mundo, se enamora y salta las convenciones”, señaló.

Asimismo, reconoció que este amor le costó a Francisca abandonar a su familia para irse a vivir con un hombre que no se podía casar con ella porque estaba casado con otra. Además, asegura que estuvo en boca  de las vecindonas, sin importarle nada, por lo que considera que fue una heroína sin pretender serlo. 

“Se le ha atacado mucho con el tema de su extracción cultural y finalmente tuvo grandes maestros como Rubén Darío y Amado Nervo. Se conservan en el archivo los cuadernos de hule donde ellos le ponían los deberes para que ella aprendiera a escribir”, aportó.  

En cuanto a qué cuota de ficción hay en la novela, Reina asegura que “todo lo que se cuenta es absolutamente real, porque está documentado. Esto no solo es una historia familiar de Rosa, sino que ella ha catalogado ese archivo con documentos trascendentales, también hay transcripciones de entrevistas que grabó Carmen Conde. Todo es real, constatado y contrastado, pero para que no sea un ensayo y para que la gente entre a la historia de una manera más emocional y se ponga en el lugar de esa mujer que se adelanta a su tiempo y se enfrenta a muchos condicionamientos sociales, hemos tenido que tirar de la literatura entre las situaciones que se producían entre ese hombre y esa mujer”.

También señaló que la forma en que ellos se trataban es particular, se decían conejo y coneja, Tatay y Tataya, con ese trato “reflejamos la humanidad de Darío a través de Francisca Sánchez del Pozo, que fue su compañera de vida durante 16 años y era la que le ponía los pies en la tierra, ella lo aterrizaba y algo que ha dicho Rosa y quiero recalcar es que Francisca amó tanto a Darío que comprendió que no era solo el amor por el hombre, sino a la personalidad y genio de Darío. Por eso a pesar de pasar calamidades no quiso nunca desprenderse del legado documental, porque sabía que eso era Rubén Darío mismo. Esa es una de las grandezas de Francisca Sánchez del Pozo”.

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