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Allá por 1987, en la escuela Melania Morales, en Managua, una centena de chavalos sordos menores de 24 años se escondían entre los pasillos para comunicarse a través de señas. Se resistían a balbucear algunas palabras, tal como les insistían los docentes.

Juan Javier López, entonces un jugador de baloncesto, era uno de los que usaba sus manos y hacía gestos faciales para expresar sus emociones, gustos e inconformidades, sin saber que estaba gestando un idioma que, siete marzos después, se convertiría en un gran acontecimiento para las personas que padecen discapacidad auditiva.

"Nuestro lenguaje de señas es completamente nicaragüense, nosotros mismos hemos sido partícipes del desarrollo".  Juan Javier López, Presidente de Feconori.

“Nuestro idioma nació en los 80 con los alumnos sordos que en aquel entonces estudiábamos en la escuela Melania Morales. Allí se gestó el lenguaje de señas, pero fue hasta en 1994 que comenzamos a hacer un trabajo de organización del lenguaje de señas. Desde 1987 fuimos guardando todas las señas e hicimos una unificación”, recuerda Juan Javier, de 54 años y presidente de la Federación de Asociaciones con Personas con Discapacidad (Feconori).

  • El idioma surgió de forma natural entre una generación de jóvenes que necesitaban comunicarse. No fue inventado por profesores o padres de familia, ni por adultos sordos.

“El Idioma de Señas de Nicaragua (ISN) no se importó de otro país. No fue inventado por profesores o padres de familia, ni por adultos sordos. Este idioma surgió de forma natural entre una generación de jóvenes que necesitaban comunicarse. El ISN surgió de donde vienen todos los idiomas: de mentes humanas tratando de conectarse con otras mentes”, escribió la lingüista e intérprete estadounidense  Judy Shepard-Kegl,  en el libro “Simplemente único”, donde se aborda el aporte de la comunidad sorda nicaragüense a la enseñanza mundial.

DICCIONARIO ÚNICO

En aquel tiempo en la escuela Melania Morales a los estudiantes les enseñaban costura, a amarrarse los cordones de los zapatos, educación física, atletismo y desarrollo personal. La enseñanza era oral y no era de tanto provecho para los jóvenes sordos. “En esa época se usaba mucho el oralismo y las clases no tenía nada de señas. Nos prohibía hacerlas, pero era algo natural en nosotros, aunque los maestros querían sacarnos  voz para comunicarnos”, relata Juan Javier, quien lucha por la inserción social de personas con discapacidad.

Entre sus compañeros fueron memorizando las señas y usándolas, hasta que un día las autoridades se dieron cuenta que se comunicaban bien. Y les llamaron mímicas.

“Cuando sugería que esto podría ser un idioma de señas, me dijeron: 'Oh, no, Nicaragua no tiene idiomas de señas, solamente mímicas'. Costa Rica, me dijeron, tiene un idioma de señas porque tiene un diccionario”, escribe en "Simplemente único", la doctora Judy Shepard-Kegl.

“Posteriormente, recopilamos las señas y es donde nace el primer diccionario nicaragüense en 1997. Eso nos conlleva a pasar año y medio dibujando seña por seña, en la Asociación de Sordos de Nicaragua (Asnic), y es así que nace el primer diccionario que logró el aval del Ministerio de Educación de entonces y que ahora se usa en las escuelas. Actualmente nuestro diccionario tiene, también, el aval de la escuela de idiomas de la Universidad Centroamericana”, cuenta Juan Javier López.

Carmen Sandoval, una docente de catequesis para sordos en Managua, cataloga el lenguaje de señas como un gran acontecimiento. La particularidad del idioma nicaragüense, indica Sandoval, es que “no está contaminado”, es decir, no recoge ninguna seña de Estados Unidos ni de Portugal, como sí se implementa en Costa Rica y El Salvador. “En el caso de Costa Rica ellos utilizan el lenguaje de señas de Estados Unidos, es fácil llegar a enseñarlo, pero Nicaragua creó su propio lenguaje de señas, es más cercano a la identidad y cultura”, apunta.

Sobre la particularidad nicaragüense, Tania Barron, directora del organismo Leonard Cheshire International de Londres, escribió en 2006 que “la creación de una nueva lengua ha captado la atención internacional de lingüistas, sicólogos, antropólogos e historiadores de Estados Unidos y Europa que han visitado Nicaragua para aprender de la comunidad de jóvenes sordos”.

En la sede nacional de la Asociación de Sordos de Nicaragua (Asnic), hay 15 niños y jóvenes que reciben clases de matemáticas todas las mañanas. El profesor Everth García no es oyente, es sordo y egresó  de una institución normalista del país. Por la mañana recibe a Rosmery González, una niña de 11 años que este 2016 inició su secundaria en un colegio donde hay intérprete, pero le notificaron a su papá Carlos González que no podía seguir porque la pequeña no entiende el idioma.

Según Carlos, el padre de Rosmery, su esposa al ser directora de un colegio capitalino, decidió que la educación primaria la realizara con estudiantes oyentes. “Lo que hacía la niña era transcribir todo, pero no lograba comunicarse, ni entender, al llegar al primer año de secundaria nos dicen que no puede seguir, así que venimos a la asociación y nos han ayudado bastante sin pagar un córdoba”, confiesa el señor, mientras espera en un porche de la casona que Asnic ocupa como sede desde hace 30 años.

El apoyo del que habla, además de las clases impartidas por un docente sordo, es la donación de dos libros, el "Diccionario del Idioma de Señas de Nicaragua" y el "Diccionario de Idiomas de Señas paras Niños y Niñas de Nicaragua". Antes de saber que existían, en casa de Rosmery no existía comunicación; a través de mímicas solo manejaban cosas básicas como cuando la pequeña tenía hambre, sueño, sed o dolor. Hasta hace dos semanas la familia aprendió a comunicarse con un idioma de señas que una centena de jóvenes creó en una escuela de la capital, en la década de los 80.

Logros

En 2009, la Asamblea Nacional aprobó la Ley del Lenguaje de Señas Nicaragüense, en la cual se ordenó la creación de un Consejo Nacional del Lenguaje de Señas Nicaragüense que está compuesto por diferentes instituciones del Estado.

Esta ley fue uno de los logros más importantes de la comunidad sorda. Luego el Ministerio de Educación incorporó la educación con lenguaje de señas en los centros públicos y finalmente las universidades del país, como la UNAN-Managua, establecieron carreras de pedagogía para personas con discapacidad auditiva.

El Parlamento catalogó el idioma como un sistema lingüístico de carácter especial, visual, gestual y manual, creado por las personas con discapacidad auditiva en Nicaragua, teniendo en cuenta factores históricos, culturales y sociales utilizados para comunicarse, expresarse y comprender ideas, pensamientos, sentimientos, conocimientos y actividades en relación con su entorno social.

"Uno de los avances más grandes es el programa de 20 minutos, 'Agarrá la seña' en el Canal 6, donde se les da apertura a los sordos para educar y transmitir el idioma a todas las poblaciones de Nicaragua", dice el presidente de Feconori.

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